España - Cataluña

Inauguración de la 54 edición del concurso Viñas

Jorge Binaghi
jueves, 19 de enero de 2017
Barcelona, sábado, 14 de enero de 2017. Inauguración del Concurso Viñas. Saló de Cent de l’Ajuntament. Pregón a cargo de Roger Guasch. Concierto por Eva-Maria Westbroek, acompañada por Ricardo Estrada (piano). Canciones y arias de Wagner, R. Strauss, Puccini, Cilea, Guastavino, Barber y Ponchielli.
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Fue un acto algo más breve que otras veces, quizá por ser, en algunos casos, de covers. El teniente de alcalde Jaume Collboni, encargado del área de cultura del Ajuntament, no pudo asistir a último momento y fue sustituído por Xavier Marcé, su asesor, quien estuvo muy correcto y parco en las presentaciones.

También el pregón resultó una sustitución: debía ser el nuevo presidente de la Fundació del Gran Teatre del Liceu, pero no pudo ser, y en su lugar se encargó el director del Teatro, Roger Guasch. Fue breve, medido y justo: insistió en que nunca se lo había planteado y que sólo cedió ante los argumentos de Miguel Lerín (hoy alma mater del certamen). Destacó que siempre se requiere un pequeño acto de inconsciencia para atreverse a algunas cosas, y también buena suerte, que se consigue con trabajo, tesón, estudio, humildad, y honestidad, uniendo su propio cometido al de los jóvenes participantes en el concurso, a los que ofreció como ejemplo de sus palabras la labor del tenor Josep Bros, que en la temporada pasada tuvo que saltar al ruedo sin previo aviso para salvar funciones en el Liceu ante la enfermedad súbita de otros colegas. Terminó con un momento emotivo ya que al agradecer el apoyo de su mujer e hijos se le quebró la voz, y más aún cuando recordó a sus padres recientemente fallecidos.

Siguió luego el momento más esperado por el público presente, la actuación de la soprano neerlandesa Eva-Maria Westbroek, muy apreciada aquí, acompañada por Ricardo Estrada al piano. Del programa anunciado cayó Granados, y fue acertado. No es Westbroek una cantante de cámara, aunque se las arregló bien con los números que eligió, sino claramente de ópera. Y conserva (es joven aún) intactos su timbre, su enorme volumen y su brillo. Pero en este momento de su carrera creo que su entrega sin reservas y un repertorio particularmente amplio le empiezan a pasar factura en el control de sus recursos: el agudo no es siempre justo y tiende a crecer, la mandíbula se desencaja con cierta frecuencia, algunos filados son bellos aún pero es claro que cuando puede prefiere las opciones en forte (no es la única en esto, sobre todo cuando se trata de voces de dimensión parecida a la suya), y el grave puede sonar empañado. Que ella misma es consciente de algunas de estas reservas lo refleja el hecho de que quisiera repetir la parte final de ‘Vissi d’arte’ que le había salido mal (dijo estar nerviosa, como si hiciera una audición, y lo parecía.

Además de que todo el acto fue acompañado, no de muy lejos, por unos tambores que sonaban en la plaza de San Jaime). Prueba de que todo se puede revertir es que la segunda ejecución fue perfecta. Del resto del programa (no muy largo y con dos pequeñas pausas) destacó en especial el último número, el dificilísimo ‘Suicidio’ de La Gioconda, en tanto ‘Io son l’umile ancella’ de Adriana Lecouvreur volvió a exhibir alguno de los problemas señalados, pero en la parte de ópera el inicio del programa, la entrada de Elisabeth de Tannhäuser, que tanto y tan bien ha cantado, la mostró muy propensa al grito. En la parte de cámara sorprendió gratamente su perfecta articulación del castellano de la maravillosa canción de Guastavino, La rosa y el sauce, incluso con la pronunciación de la ‘ll’ al modo argentino, pero inevitablemente la convirtió en algo más parecido a un aria de ópera. Lo mismo ocurrió con los Strauss del programa: en Die Nacht le costó la media voz y la solución en volumen y crecimiento no fue feliz; algo mejor, pero de nuevo con sabor operístico, resultó Allerseelen. Fue muy distinguido y en carácter, en cambio, Sure on this shining night de Barber, pero en este rubro lo mejor vino en el único bis concedido, Zueignung de Strauss, cantado con verdadera entrega y un agudo final que tal vez fue mantenido demasiado aunque resultó brillante y obtuvo el efecto esperado en la audiencia.

Entre el público había representantes del mundo de las instituciones catalanas y miembros del jurado (no todos), entre los que destacaba por su presencia, como siempre, la famosa ‘Venus negra de Bayreuth’, Grace Bumbry, también muy recordada aquí por sus interpretacio

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