Discos

Ensayos de huida

Paco Yáñez
lunes, 23 de enero de 2017
Peter Ruzicka: ...je weiter ich komme, um so mehr finde ich mich unfähig, die idee wiederzugeben; "...der die gesänge zerschlug"; ...über die grenze; Sturz. Dietrich Henschel, barítono. Peter Sigl, violonchelo. österreichisches ensemble für neue musik. Johannes Kalitzke, director. Harald Schamberger y Wulf Weinmann, productores. Jakob Sigl, ingeniero de sonido. Un SACD DDD de 70:13 minutos de duración grabado en la Brucknerhaus de Linz y en la Künstlerhaus de Salzburgo (Austria), los días 19 y 21 de junio de 2015, y 5 y 6 de marzo de 2016. NEOS 11521. Distribuidor en España: Sémele Proyectos Musicales
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El sello muniqués NEOS se ha convertido ya en la gran referencia para acercarnos en disco compacto a la música de Peter Ruzicka (Dusseldorf, 1948), algo de lo que dan buena muestra tanto la serie orquestal dedicada al compositor alemán, como su integral de cuartetos de cuerda en los arcos del Minguet Quartett. La música de cámara tiene también un papel destacado en ese gran retrato Ruzicka que está trazando NEOS; apartado del que hoy presentamos su última entrega, con tres partituras recientes y una pieza vocal del pasado siglo. En todo caso, tal y como señalamos en nuestra última reseña con música de Ruzicka, seguimos echando en falta la presencia en estos monográficos de partituras como Bewegung (1972), Feed Back (1972), o Torso (1973), todas ellas entre lo mejor del compositor y con muy escasa presencia discográfica (cuando no, descatalogada). 

La primera de las piezas reunidas en el compacto por NEOS titulado crossing the border (algo que uno cree que, estilísticamente, no se llega a realizar) es ...je weiter ich komme, um so mehr finde ich mich unfähig, die idee wiederzugeben (2012). Obra dedicada a Wolfgang Rihm por su sexagésimo aniversario, parte de una cita de Gustave Flaubert por Rihm utilizada en Musik für drei streicher (1977), en la que el francés (tan cuidadoso con los aspectos prosódicos del lenguaje) se adentra en las velocidades del habla, en sus aceleraciones, cambios de tono y resquebrajamientos. El noneto de Ruzicka también trabaja distintos modos de afianzar un discurso musical, en epiciclos que intentan ensayar velocidades y desarrollos estructurales no siempre exitosos ni reconocibles como tales debido a los elementos que los dificultan y traban, así como por las múltiples capas en las que proliferan (o por su entrecortado por medio del silencio). Desde un comienzo netamente fragmentado (más rugoso en cuanto a técnicas y lenguaje), el desarrollo de estos epiciclos sonoros va añadiendo gestos y figuras musicales, afianzando acordes y referencias que sirven para unificar los sucesivos ciclos, a modo de base. A pesar de un desarrollo -como sostiene Habakuk Traber- temporalmente lineal, se crea una no-linealidad formal marcada por su acumulación de energías y rotaciones a velocidades progresivamente aceleradas que acaban destruyendo los constructos cíclicos y colapsando el sistema, haciendo que toda la acumulación de formas previamente consolidadas se desvanezca en el final de una partitura muy secuencial y sesudamente planteada, aunque un tanto fría en cuanto a expresividad. 

"...der die gesänge zerschlug" (1985) es una de las muchas páginas de Peter Ruzicka que orbitan en torno a su ópera Celan (1998-99), también presente en el último monográfico del alemán que reseñamos (NEOS 11406), en el que escuchábamos RECHERCHE (-IM INNERSTEN) (1999), escena para coro y orquesta que ocupa un lugar central en la ópera. En los años ochenta, Ruzicka se planteó muy seriamente la necesidad de que la música aprendiera a cantar de nuevo, algo para lo cual Celan supuso un camino y proceso fundamental, confrontada la estética de Ruzicka con los poemas del rumano. "...der die gesänge zerschlug" es una de las tres páginas elegiacas que el compositor dedicó a Paul Celan, y por ello se entrevera con otra de ellas, ...fragment... (1970), su segundo cuarteto de cuerda, del que toma materiales adaptados aquí para ensemble. Si en otras piezas poemáticas Ruzicka había optado por una evidente deconstrucción de las palabras, reducidas a formantes silábicos trabajados de forma prácticamente instrumental; en "...der die gesänge zerschlug" recupera la plenitud del canto, más marcado por la prosodia, la declamación y los campos melismáticos con los que crea reflejos de los últimos poemas de Celan, tan enigmáticos y oscuros. El resultado se sitúa en un terreno intermedio entre la herencia de la gran canción alemana del siglo XIX y las tendencias neotonales. En mi opinión, no supone un desarrollo ni una investigación que lleve más lejos sus partituras más modernas y deconstruidas, sino que esa necesidad de aprender el canto la resuelve volviendo su mirada a la tradición, sorteando de algún modo lo que él mismo había llevado a sus extremos como desarrollo (tradición, también, de la segunda mitad del siglo XX, y totalmente enraizada, aunque con un nuevo rostro), pero sin conferirle una continuidad. Quizás en el futuro alguien (¿el propio Ruzicka?) acabe cuadrando la circularidad de ese canto melódicamente deconstruido, que sea semántica al tiempo que textura. 

...über die grenze (2010) nos muestra al Peter Ruzicka más poliestilístico, así como al más epigonal, al compositor que ha ido aquilatando técnicas y estilos de los maestros de la segunda mitad del siglo XX, en ocasiones -como esta página demuestra- casi a modo de pastiche un tanto escaso de personalidad propia (cuando no recoge, incluso, asomos de un melodismo romántico, como los que el piano deja entrever en diversos compases de la pieza). Buen ejemplo de ello lo es todo el recorrido del séptimo minuto de la partitura: prácticamente una cita de la marcha fúnebre de la subyugante ΣΤΉΛΗ (1994), de György Kurtág. Pero ya antes nos habíamos adentrado en ...über die grenze por medio de un paisaje postespectral que parece una extensión de Les espaces acoustiques (1974-85), de Gérard Grisey. En otros pasajes, las reminiscencias nos llevarían incluso a un compositor como Witold Lutosławski, a su Concierto para violonchelo (1969-70); cuando no, a velados asomos ligetianos que podemos entroncar con las tensiones armónicas expandidas de Grisey. Ruzicka confiere aquí al violonchelo un papel que pretende vocal, elegíaco, pues toda la página acaba teniendo algo de mortuorio (los pasajes kurtagianos son los más explícitos), difuminándose la voz del solista en tesituras agudísimas en su final, desmaterializada (y, en todo caso, mostrando que la asociación canto-violonchelo es mucho más conceptual que musical, propiamente dicha). Pieza, por tanto, que más allá de una sapiencia notable en cuanto a técnica y orquestación, desde un punto de vista estilístico vuelve a no construir lo que entendemos como voz propia del compositor, quedando esta propuesta en terreno de nadie (o de demasiados). 

Cierra el compacto Sturz (2004), quinto cuarteto de cuerda de Peter Ruzicka. Es una obra, de nuevo, creada en epiciclos en su primera parte, que arranca desde once series progresivamente intensificadas en un abigarramiento de densidades y dinámicas aceradas, alcanzando -según Traber- el límite de lo posible para los instrumentistas (aunque pienso que conocemos ya límites bastante más ilimitados que estos). En cada uno de los epiciclos se produce lo que podemos comprender como un 'ensayo de huida', irremisiblemente devuelto al conjunto centrípeto del cuarteto en cada arranque de los procesos epicirculares. En el comienzo del duodécimo ciclo, la partitura se colapsa, lo que lleva al cuarteto a abandonar semejante grado de saturación circular, para ensayar otros modos de intensidad musical. Entre ellos, un ruido blanco (técnicamente, porque el color sonoro se antoja más bien gris) creado al rozarse los arcos de los cuatro instrumentistas contra los cuerpos de sus instrumentos. La sonoridad está entre la electrónica y una respiración pausada, tejiéndose una textura que abarca todo el espacio sonoro desde perspectivas estilísticas muy diferentes al resto de las obras de este compacto. Poco a poco, al final de Sturz se vuelven a asomar los arcos sobre las cuerdas, el dinamismo y un movimiento ahora liberado de los procesos circulares, trascendida la huida (aunque quizás no conquistado un nuevo territorio). 

Las versiones de las cuatro partituras aquí reunidas son excelentes, sin paliativos. El österreichisches ensemble für neue musik es, hoy en día, uno de los grandes ensembles europeos de música contemporánea, y lo vuelven a demostrar de la mano de Johannes Kalitzke. Técnicamente impecables, su ejercicio de poliestilismo en la errática ...über die grenze es para destacar (más allá del pastiche de la partitura). Por lo que a los solistas se refiere, también impactante el barítono Dietrich Henschel en su acercamiento a Paul Celan, con un tono, una dicción y una sensibilidad que nos recordarán sobremanera al inmenso Dietrich Fischer-Dieskau, cuyo canto estuvo vinculado al compositor alemán en varias de sus partituras (grabaciones de por medio para Ars Musici y ECM incluidas; ambas, referenciales). También magnífico Peter Sigl como violonchelo solista en ...über die grenze, obra en la que no es fácil mantener el balance, ya por la variopinta paleta que traza Ruzicka en su instrumento, ya para encontrar un hueco en tal proliferación de estilos como el ensemble despliega. Las tres primeras partituras son registros en vivo, mientras que el cuarteto Sturz fue grabado en estudio, algo que se nota en el detalle y cuidado con el que las cuerdas del österreichisches ensemble für neue musik abordan la partitura. Su versión es más expandida que la del Minguet Quartett (NEOS 10822/23), especialmente en los pasajes de ruido blanco, en los que esta nueva versión me parece más lograda, enrareciendo las texturas de un modo más 'electrónico'. Para la primera parte diría que el Minguet resulta más atractivo por su febril exposición de los movimientos circulares, percibiéndose una coordinación y un oficio como cuarteto mayores. 

La edición de NEOS es la habitual en toda su serie dedicada a Peter Ruzicka: muy cuidada, con fotografías, ejemplos de partituras, biografías y un nuevo ensayo a cargo de Habakuk Traber. Sin embargo, volvemos a echar en falta más sustancia musical, pues Ruzicka posee en su catálogo páginas de mayor enjundia aún no registradas por el sello alemán en la que es, en todo caso, una serie que parece nos dejará la mirada canónica a la obra del compositor. Así, destaca sobremanera de entre todo el compacto Sturz, obra en la que Ruzicka ensaya y logra si acaso una tangente a sus movimientos epicirculares (en ocasiones, centrípetos). 

Este disco ha sido enviado para su recensión por NEOS

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