Alemania

Eclat 2: Dos en uno

José Luis Besada
miércoles, 8 de febrero de 2017
Sttutgart, sábado, 4 de febrero de 2017. Theaterhaus. Nicolaus A. Huber: Entschwindungen. Brice Pauset: Estudios para piano nº 2-4. Anna Korsun: moyoomni. Mark Barden: Estudios nº 1-3. Bernhard Gander: Totenwacht. SWR Vokalensemble. Markus Maier, Christoph Wiedmann, percusión. Nicolas Hodges, piano.
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El evento más importante del sábado en Eclat convocó dos formatos en un único concierto. Por una parte se estrenaron tres obras corales –una de ellas con la adición de dos percusionistas. Por otra parte, Nicolas Hodges ofreció una primera lectura de los nuevos estudios para piano de dos compositores. Ambos formatos se alternaban, lo que proporcionaba una interesante variedad desde la escucha, pero su distribución logística fue poco convincente. En efecto, cada vez que se ausentaba el coro, el equipo técnico de la sala ubicaba el piano en el centro del escenario, para volver a apartarlo de cara a la subsiguiente obra. La necesidad de cuatro prolongadas pausas restaron así una cierta tensión al espectáculo, una situación innecesaria si se hubiese planteado una distribución escénica un poco más original desde el inicio.

Respecto de las obras vocales, nuestra impresión fue variada, en función de los distintos estrenos. La herencia postserial de la música de Nicolaus Huber nos pareció un tanto aburrida, y sobre todo muy lejana al resto del programa. El mayor problema interpretativo se dio con los percusionistas, posiblemente porque Marcus Creed, aunque bastante correcto a lo largo del concierto, en esta primera obra prestó poca atención a los instrumentistas que acompañaban al coro. Por el contrario, moyoomni de la joven Anna Korsun nos pareció la mejor pieza para coro de la velada. Sin texto, con un trabajo íntegramente volcado hacia las cualidades de la voz, la autora ucraniana metamorfoseaba paulatinamente unas delicadas texturas, logrando unos efectos tímbricos y de espacialización vocal que arrancaron un fuerte aplauso del público. Finalizó el concierto con la duda de qué Bernhard Gander escucharíamos. El todavía –aunque próximo a cumplir 50 años– enfant terrible del circuito austríaco tiene básicamente dos vertientes en su catálogo, una completamente iconoclasta, y otra algo mas contenida y repetitiva. Nos desilusionó un poco encontrarnos con la segunda en el estreno de su Totenwacht, si bien la obra era de impecable factura técnica.

En la sección del concierto dedicada al piano, Nicolas Hodges dio buenas muestras de su papel protagonista en el circuito europeo de la nueva música para tecla. Nos resultó especialmente valioso el estreno de tres estudios de Brice Pauset. El compositor francés es igualmente un reputado clavecinista, y dio buena muestra de su inteligencia a la hora de escribir para tecla en sus partituras, de sólida construcción técnica para la mano y con un inteligentísimo uso de los pedales y del aprovechamiento de las resonancias del instrumento. Las tres piezas de Mark Barden, de gran calidad, no nos parecieron sin embargo tan excelsas como las de Pauset; siendo mas complejas desde la escritura no nos cautivaron tanto. Un momento simpático tuvo lugar en su tercer estudio –Über Affekt und Nostalgie–, con un uso desenfadado de la cita, aunque en nuestra opinión resultó un arma de doble filo. En efecto, su comentario escasamente velado del célebre rondeau de Purcell en Abdelazer, siendo ciertamente bello, no podía evitarnos el recordar a Marino Formenti y su proyecto pianístico Kurtag’s Ghosts. Dudamos mucho que esa fuese la intención de Barden en un estreno a manos de Hodges.

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