Alemania

Eclat 3: Fait maison (no siempre en su punto)

José Luis Besada
lunes, 13 de febrero de 2017
Stuttgart, domingo, 5 de febrero de 2017. Theaterhaus. Fabien Lévy: Nun hab ich nichts mehr. Alberto Posadas: Anklänge an R. Schumann. Beat Furrer: spazio immergente. Birke J. Bertelsmeier: Tic. Enno Poppe: Glas. Matthias Krüger: Le vide à perdre. ascolta. Neue Vocalsolisten. Nicholas Kok, director. Festival Eclat 2017
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Si un concierto de Eclat pudo definirse como “de la casa”, fue sin duda el que convocó a las dos agrupaciones radicadas en Stuttgart -ascolta y los Neue Vocalsolisten- en un mismo escenario. Ofrecieron un total de cuatro estrenos absolutos, más las obras de Fabien Lévy y Beat Furrer, que eran de primera lectura en Alemania.

Arrancó el espectáculo con Nun hab ich nichts mehr, para soprano y cuarteto mixto. En ella, Lévy, antiguo alumno de Grisey, demuestra un refinado oído armónico y su querencia por unos ritmos zigzagueantes y obsesivos, de perfecto encaje en la interpretación de los solistas de ascolta. La dicción francesa de Susanne Leitz-Lorey fue impecable, y su voz mantuvo un equilibrio sólido con los instrumentistas.

Tras este arranque tuvo lugar el  estreno absoluto de Anklänge an R. Schumann, de Alberto Posadas. Como pone en evidencia el título, el compositor vallisoletano rinde homenaje al maestro romántico -concretamente a su Presto passionato- en la que es su segunda entrega de un ciclo de piezas pianísticas que dialogan con el repertorio para tecla del pasado -la primera convocó a Couperin. La introducción de esta obra fue una decisión casi de última hora del pianista del ensemble ascolta -quien ha encargado el ciclo-, Florian Hölscher, pero dudamos del acierto de esta decisión. Por una parte, la obra quedaba un poco al margen de la orientación del resto del programa. Por otra parte, pese a la excelencia técnica de Hölscher, creemos que necesita un poco más de maduración en la interpretación de la página pianística de Posadas, puesto que le notamos en ocasiones dubitativo durante el concierto, y con un uso del los pedales todavía por madurar. Aun así, el público respondió de manera muy calurosa al estreno de una partitura tan compleja como de impecable manufactura. 

Siguió la interpretación del dúo para voz y trombón spazio immergente de Beat Furrer. Esta ingeniosa combinación se afilia con otras piezas para cantante e instrumento grave -pensamos en FAMA VI (Wie hübsch ist es) para voz y flauta contrabaja, o en Lotofagos, esta vez con contrabajo- tan querida por el compositor suizo-austríaco. La partitura entreteje con gran habilidad las cualidades tímbricas de la voz y del metal, aprovechando con inteligencia los sonidos glissandi y la amplia paleta de colores del trombón gracias al uso de distintas sordinas. Johanna Zimmer y Andrew Digby ofrecieron una lectura francamente emocionante del dúo, lo que arrancó el aplauso más prolongado de la primera parte del concierto.

Finalizó esta primera parte con el estreno de la joven compositora Birke J. Bertelsmeier. Su simpática Tic envolvía la voz del bajo con un uso desenfadado del grupo instrumental acompañante, con algún gesto visiblemente heredado de su maestro Wolfgang Rihm. Si bien reconocemos algún pasaje bastante bello en la pieza, no nos convenció globalmente. En especial, nos resultó bastante frustrante ver, en la trepidante sección final de la obra, a un bajo tan talentoso como Andreas Fischer completamente sepultado por una orquestación excesivamente densa en el acompañamiento.

Tras un breve descanso llegó lo que, en nuestra opinión, fue el mejor estreno del concierto: el sexteto vocal Glas de Enno Poppe. Articulada en tres movimientos, y con los famosos divertimentos matemáticos y juegos de palabras en forma de texto literario de Georges Perec -miembro destacado de OuLiPo-, la obra se articulaba en tres certeros movimientos. El primero exploraba las cualidades sonoras de la voz con una aproximación ancestral, prácticamente ritual, a la declamación y al grito. El segundo propició un minucioso trabajo sobre el ritmo mediante vertiginosos desplazamientos de los pilares vocales de la obra a través de un muy inteligente uso del hoquetus. Finalizaba con una aproximación armónica -prácticamente espectral- a la simultaneidad vocal, perfectamente balanceada por los Neue Vocalsolisen. En definitiva, tres movimientos con sus dificultades y virtuosismos intrínsecos que los solistas interpretaron de manera excelente, logrando una ovación cerrada por parte de los asistentes al concierto.

Este finalizó con el estreno del benjamín de la jornada, el joven Matthias Krüger. Su Le vide à perdre era precisamente un prístino ejemplo del horror vacui, una obra de saturadas texturas sonoras maridando unos metales preparados -parecería que un compositor formado en Alemania con menos de cuarenta años que no se sume a la moda de poner tubitos a los instrumentos ya no es nadie- dos percusionistas, e instrumentos electrónicos. Logró en su obra situaciones sonoras bastante espectaculares, pero su concepción formal denota, en nuestra opinión, todavía una falta de madurez como compositor. Por otra parte, la espacialización de los sonidos electrónicos se nos antojó un tanto naïve.

Salimos pues de la sala con los oídos un tanto saturados: mala opción fue poner esta obra como cierre, pensando que solo veinte minutos después comenzaba el último concierto del festival. Es cierto que varios problemas técnicos retrasaron un poco el concierto de ascolta y los Neue Vocalsolisten, pero este tipo de contingencias deben ser previstas desde la programación. Que este concierto durara más de dos horas y media, siendo de cámara, y previo al final de orquesta con poco margen para descansar ha sido un desacierto. En definitiva, la obra de Posadas era un “error de casting” en la confección del programa, y nos podíamos haber ahorrado igualmente alguna de las obras de los jóvenes compositores.

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