Alemania

Eclat 4: El triunfo de Sugawara

José Luis Besada
jueves, 16 de febrero de 2017
Stuttgart, domingo, 5 de febrero de 2017. Theaterhaus. Richard Barrett: everything has changed / nothing has changed. Johannes Schöllhorn: “va” d’après Jules Massenet – Expressions Liquides. Klaus Ospald: Más raíz, menos criatura (Entlegene Felder III). Solistas del SWR Vokalensembles. SWR Symphonieorchester. Sarah Maria Sun, soprano. Yukiko Sugawara, piano. Peter Rundel, director.
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El colofón de Eclat llegó bajo la forma de un concierto sinfónico, al que llegamos con un cierto cansancio por su mal encaje con respecto al evento anterior. Aun así, hicimos el esfuerzo por prestar nuestra atención a la orquesta de la SWR, aunque la primera obra ofrecida parecía querer disuadirnos de tal empresa. En efecto, el estreno de everything has changed / nothing has changed, de Richard Barrett nos pareció un auténtico fiasco. Las múltiples secciones de la obra se engarzaban con bastante torpeza desde un punto de vista de la articulación, y su orquestación hacía por momentos pensar en una especie de Xenakis pasado por la lejía. La reacción del público ante el estreno fue bastante tímida; de hecho, Peter Rundel se vio obligado a salir a saludar por segunda vez de manera un tanto precipitada, para evitar que los aplausos se desvaneciesen demasiado pronto.

Llegó a continuación la posmoderna “va” d’après Jules Massenet – Expressions Liquides, de Johannes Schöllhorn. Como el título indica, se trata de una orquestación de siete de las diez piezas entre cantadas y recitadas de Jules Massenet, de las que Schöllhorn ha descartado “En voyage”, “La dernière lettre de Werther à Charlotte” y “Rose de mai”. Más allá de un hábil ejercicio de orquestación, el compositor ha añadido ciertos elementos y efectos no tonales para colorear y articular las conexiones entre pieza –quizás en la línea, podríamos de las últimas páginas de Schuberts Winterreise de Zender. Sara Maria Sun cantó e interpreto gestualmente las piezas de manera seductora, y tanto ella como la orquesta recibieron una calurosa acogida desde las gradas del teatro.

Yukiko SugawaraYukiko Sugawara © Dirk Kittelberger

Lo mejor estaba por llegar, tras el descanso, con el estreno de Klaus Ospald. Estábamos convencidos, tras su anuncio de abandonar el Trio Accanto, de la retirada profesional de Yukiko Sugawara, pianista que ha dejado emblemáticas interpretaciones de Helmut Lachenmann y de Mark Andre. Pues no, ahí salió ella, con su ya avanzada edad, para demostrar, en calidad de solista en Más raíz, menos criatura (Entlegene Felder III), cómo sigue siendo una de las grandes damas –junto con Mitsuko Uchida– del piano contemporáneo. El concierto para piano, octeto vocal y orquesta de Ospald nos pareció la mejor obra de cuantas hemos visto y oído en Eclat, un auténtico broche de oro para su clausura. La parte vocal se fundamenta en “El niño yuntero” de Miguel Hernández, y la única pega que le podemos poner a la obra es la falta de inteligibilidad de un texto tan cargado de afecto y fuerza expresiva; quizás la atomización textual sea el cliché de las vanguardias de postguerra que más estén tardando en sacudirse ciertos sectores de la creación germana. A cambio, la parte instrumental y su fusión con el timbre de las voces nos pareció excelente, de inteligentísima concepción tanto formal como sonora. El diálogo que por momentos establecía Sugawara con la celesta, el címbalo y las dos arpas –con un astuto trabajo microtonal– era del todo cautivador. La pianista y el director establecieron además una perfecta simbiosis durante los treinta y cinco minutos que dura la obra, en un único movimiento. Resultó hasta enternecedor un pasaje cercano al final, en el que se observó cómo Sugawara se adelantó en una entrada, el director le hizo una hábil a la par que discreta advertencia, y ella le respondió con un humilde aunque cómico gesto. ¿Qué más da en el fondo una falsa entrada, tras media hora de auténtica excelencia en la interpretación pianística? Más raíz, menos criatura supuso todo un éxito de público: hasta cuatro veces salieron a saludar la solista y Rundel, con aclamaciones y bravos en la última reentrada al escenario.

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