Reino Unido

De machos y cofradías

Agustín Blanco Bazán
martes, 14 de marzo de 2017
Londres, sábado, 11 de marzo de 2017. Royal Opera House (ROH) en el Covent Garden. Los maestros cantores de Nürnberg. Ópera en tres actos con texto y música de Richard Wagner. Regisseur: Kasper Holten. Escenografía: Mia Stensgaard. Vestuarios: Anja Vang Kragh. Iluminación: Jesper Kongshaug. Coreografía: Signe Fabricius. Dramaturgia: Elisabeth Linton. Hans Sachs: Bryn Terfel. Sixtus Beckmesser: Johannes Martin Kränzle. Walther von Stolzing: Gwyn Hughes Jones. Eva: Rachel Willis-Sørensen. Veit Pogner: Stephen Milling. David: Allan Clayton. Magdalene: Hanna Hipp. Fritz Kothner: Sebastian Holecek. Kunz Vogelgesang: Andrew Tortise. Balthasar Zorn: Alasdair Elliott. Konrad Nachtigal: Gyula Nagy. Ulrich Eisslinger: Samuel Sakker. Augustin Moser: David Junghoon Kim. Hermann Ortel: John Cunningham. Hans Schwarz: Jeremy White. Hans Foltz. Brian Bannatyne-Scott. Sereno: David Shipley. Coros y orquesta de la ROH bajo la dirección de Antonio Pappano.
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En su última producción escénica como director artístico la ROH, Kasper Holten acaba de presentar unos Maestros Cantores escenificados como metáfora. En ella, la cofradía masculina y dominante en los oficios, el comercio, las artes y la costumbre social no es representada dentro del marco escénico de una Nürnberg renacentista sino en el interior de una imponente construcción de maderamen oscuro dentro del cual se enmarca al fondo una enorme apertura hexagonal a través de la cual se producen las entradas y salidas decisivas de los maestros en el primer y tercer acto. Enseguida de la obertura sorprendemos a Sachs dirigiendo un ensayo del coro inicial. Y luego de llegar acompañados por esposas ataviadas como para un coctel, los maestros las hacen retirar antes de cubrirse con un disfraz estilo logia masónica y sentarse a mesas ataviadas para una comida formal. Allí reciben a un Walter desaliñado y con mochila, a quien un camarero alcanza una corbata para hacerle cumplir con el mínimo de forma que le permitirá quedarse entre sus examinadores. Holten nos informa que la idea está inspirada en esos clubes aún abiertos en la Londres contemporánea, pero esto es solo una idea introductora a un concepto escénico un poquitín más difícil de entender para espectadores no avezados en filosofías teatrales de influencia wagneriana heredadas hasta por Bertold Brecht: en esta puesta, la producción no transcurre en ningún lado que no sea el escenario del teatro. Es en el “aquí y ahora” del día de cada función donde cantantes y coro se reúnen, no para contar una ficción infantil de “érase que se era” sino para protagonizar un conflicto contemporáneo a todos ellos y al público. De allí la insistencia de Holten en mostrar a Magdalena como una asistente de regie, o ubicar la casa de Sachs como la tramoya detrás del decorado, con maestros que van y vienen, vestuarios aún en percha y un cofre de utilerías que evocan en el viudo memorias dolorosas, por ejemplo, ese osito de peluche que tal vez perteneció a uno de sus hijos muertos en la infancia.

Meistersinger. Producción de Kasper HoltenMeistersinger. Producción de Kasper Holten © 2017 by Clive Barda

La conceptualización metafórica de Holten es inteligente y audaz pero termina fallando con inconsistencias típicas de los regisseurs que piensan que Wagner es adaptable a sus ideas en lugar de aceptar precisamente lo contrario. En el segundo acto, los polos de la casa de Sachs y de Pogner desaparecen en medio de la abrumadora boiserie del decorado. Y sin estos polos, también se esfuman las alternativas de los conflictos que desencadenarán el pandemónium final: Eva vs. Sachs, Sachs vs. Eva y Walter y Sachs vs. Beckmesser. Sin esa acción de personajes que van de un lado al otro en busca de sus ilusiones pierde sentido la batalla entre los vecinos, que en esta producción se desarrolla como una reyerta de máscaras desvinculada de la progresión dramática precedente. 

Johannes Martin KränzleJohannes Martin Kränzle © 2017 by Clive Barda

Eso de dar un mismo marco escénico a los tres actos definitivamente no resulta en esta obra, épica en su descripción de la diversidad que contrapone la opresiva solidez del templo de Santa Catalina en el acto primero a la conflictiva realidad de la calle en el segundo y, en la escena final, la liberación de maestros y ciudadanos en una arcádica pradera de extramuros. No es sorprendente pues que el anguloso decorado hexagonal termine cansando como una tozuda y apelmazante interferencia. Y también molesta la falta de balance entre la contemporaneidad de las damas y caballeros que hacen de “pueblo” y la excesiva pompa multicolor de disfraces festivos.

Meistersinger. Producción de Kasper HoltenMeistersinger. Producción de Kasper Holten © 2017 by Clive Barda

Antes de alcanzar esta madurez femenina, Eva es representada como una joven sobre el final de su pubertad, atractiva en su mezcla de inocencia e instintiva curiosidad para explorar los sentimientos de esos hombres que finalmente terminarán hartándola. Rachel Willis-Sørensen canta este personaje con convincentes líneas de canto legato apoyado sobre una voz de cálida densidad. Pero se le entiende poco en la articulación y proyección de ese Sprechgesang (“canto hablado”) a través del cual la joven nos muestra su alma en el acto segundo. Gwyn Hughes Jones fue estertóreo pero caló asiduamente su Walter con voz monocromática. Excelentes en cambio la articulación y expresividad de Allan Clayton (David) y el Pogner de Stephen Milling. Y en la cima, el Hans Sachs de Bryn Terfel, por su calidez de timbre, su impecable fraseo, su robusto legato y su consubstanciación con la contradictoria mezcla de duda y resignación que hacen de este personaje el más humano de los mitos wagnerianos. Antonio Pappano dirigió bien una orquesta en buen estado,…pero nada mas. Por lo menos en la primera noche faltaron la poesía, diferenciación polifónica y la variedad de énfasis necesarios para realzar la partitura mas allá de una sólida rutina. Excelente el coro de la casa, especialmente en un “¡Despertad!” que constituyó el momento mas genuinamente convincente de esta quinta producción de los Maestros Cantores en el Covent Garden desde 1948, cuando la Royal Opera, aún sin patronazgo real se llamaba “Covent Garden Opera Company.”

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