Alemania

Apoteósico recibimiento: Kirill Petrenko ante la Filarmónica de Berlín

Juan Carlos Tellechea
lunes, 27 de marzo de 2017
Berlín, miércoles, 22 de marzo de 2017. Philharmoniker, Gran sala. Georg Nigl, barítono. Berliner Philharmoniker. Director Kirill Petrenko. Wolfgang Amadé Mozart (1756–1791), “Sinfonía número 35“ en re mayor, KV 385, Haffner. John Adams (1947), The Wound Dresser para barítono y orquesta Piotr Chaikovski (1840 – 1893), Sinfonía número 6, en si menor, opus 74 Patétic)a. 100% del aforo.
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¿Cómo podíamos perdernos este concierto en el que Kirill Petrenko (Omsk, Rusia, 1972) subía al podio por primera vez ante la Orquesta Filarmónica de Berlín desde que sus músicos lo eligieran director principal el pasado 21 de junio de 2015? La gran sala auditorio no podía estar más abarrotada de público este miércoles 22 de marzo de 2017, no había ni un asiento vacío, y las entradas estaban agotadas desde hacía meses. Éste ha sido una especie de delicioso aperitivo antes de que Petrenko asuma funciones el 19 de agosto de 2019. Tendremos otra oportunidad de admirarlo nuevamente al frente de los Berliner Philharmoniker, casi con el mismo programa, el próximo 8 de abril en el Festival de Pascua de Baden Baden, un día después de que la orquesta dirigida por su titular Sir Simon Rattle estrene una nueva producción de Tosca, de Giacomo Puccini, con puesta en escena de Bartlett Sher; Kristine Opolais y Marcelo Álvarez en los papeles estelares; y el Philharmonie Chor de Viena.

Es propiamente asombroso ya el hecho de que un director de orquesta asuma la titularidad de un colectivo musical como éste, uno de los dos mejores del mundo, tras solo tres presentaciones como director invitado. Más aún si consideramos que el último concierto con él, antes de ser elegido, fue dos años antes de ese momento culminante. Desde entonces han pasado 21 meses y era por cierto mayúscula la curiosidad por ver, sentir, apreciar la evolución de este ex director musical general de la Komische Oper de Berlín y actual jefe de la Ópera Estatal de Baviera/Múnich. Y así transcurrió esta cuarta ocasión en la que Petrenko dirigió a la Filarmónica de Berlín: un concierto como pocas veces he presenciado, incluso con esta misma orquesta.

Coincidencia o no, Petrenko asumió con grandioso éxito, al igual que Mozart, el gran desafío de comenzar la velada con esta sinfonía, compuesta en 1782 y estrenada un año después (con algunas modificaciones) en Viena, dedicada por el compositor a su amigo de la infancia, el humanista Sigmund Haffner, por la obtención de títulos nobiliarios. Fue una interpretación de espectacular exactitud y vivacidad. Se dice a menudo que, desde la perspectiva de su repertorio romántico principal, las orquestas sinfónicas de nuestros días no tienen ya ninguna sensibilidad por los aspectos retóricos de este lenguaje musical, de todas formas distorsionado por los instrumentos modernos. Por lo general, estas obras son ejecutadas con gran cuidado, con una orquesta reducida, sin vibrato, de tal forma que el entusiasmo experimentado tras un forte no es trasladado al 100%.

Petrenko trabaja de otra forma. La integración de la orquesta no es grande ni tampoco demasiado pequeña. Pero el sonido es explosivo, concentrado, aunque sin levantar olas; preserva la energía necesaria para su expresión, sin ser romántica. La interpretación del director ruso no es retórica, tiene una llegada analítica inocultable, y pone en evidencia un amor por el detalle, una pasión, una entrega por la música que se transmite a la platea y se disfruta con total integridad y sinceridad, desde el Allegro con spirito. pasando por el Andante y el Menuetto, hasta llegar al Finale (Presto).

Esta entrega y este equilibrio se advierten asimismo en la Patética de Chaikovski ejecutada con un impecable y sobresaliente nivel. Dicho sea de paso, con estas dos obras irá la Orquesta Filarmónica de Berlín a la Semana Santa de Baden Baden de la mano de Petrenko y podemos augurar desde ya que alcanzará enorme éxito. En la tan trillada y maltratada Sexta de su compatriota el director se impuso desempolvarla para alcanzar una imagen completamente clara de su belleza. Y lo logró. La Patética, compuesta por Chaikovski entre febrero y finales de agosto de 1893 y estrenada bajo su batuta el 28 de octubre (nueve días antes de su muerte) en San Petersburgo, pudo desencadenar así toda su fuerza expresiva con total libertad, con una energía apocalíptica sin igual en el primer movimiento y una gelidez acalambrante al final del Adagio. Las pequeñas modificaciones que introduce Petrenko en el tempo y en otros aspectos están tan bien dosificadas que su relato no pierde para nada su interrelación con el contexto. La expresividad de la pieza no está limitada a una tonalidad o a una nota determinada, sino al todo en su conjunto, y su hermosura emociona francamente a los más de 2.000 espectadores presentes.

En la temporada 2016-2017, la Filarmónica de Berlín ha invitado a John Adams en condidión de compositor en residencia. The Wound Dresser, versión musical de Adams de los testimonios del poeta Walt Whitman, quien fuera ayudante voluntario en un hospital de campaña durante la Guerra de Secesión de Estados Unidos (1861-1865), emocionó por la moderada, discreta descripción que realizó de los heridos. El barítono Georg Nigl y la orquesta alcanzaron aquí bajo la conducción de Petrenko un tono tan íntimo y compasivo que llega profundamente al alma. Ovaciones y expresiones de aprobación apoteósicas cerraron merecidamente esta embriagante bienvenida a Kirill Petrenko, futuro director principal de la Orquesta Filarmónica de Berlín (Berliner Philharmoniker).

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