España - Andalucía

La Pasión según Herreweghe

José Amador Morales
jueves, 20 de abril de 2017
Sevilla, sábado, 8 de abril de 2017. Teatro de la Maestranza. Collegium Vocale Gent. Maximilian Schmitt (Evangelista), Florian Boesch (Jesús). Dorothee Mields, Grace Davidson (sopranos), Damien Guillon, Alex Potter (contratenores), Reinoud van Mechelen, Thomas Hobbs (tenores), Peter Kooij, Tobias Berndt (bajos). Philipp Herreweghe, dirección musical. Johann Sebastian Bach: La Pasión según San Mateo. XXXIV Festival de Música Antigua de Sevilla.
9,12E-05

La clausura del Festival de Música Antigua de Sevilla (FEMAS) con una obra tan inagotable como La Pasión según San Mateo de Bach ha supuesto el broche de oro de la presente edición. Si además su interpretación corría a cargo de Philippe Herreweghe y su habitual Collegium Vocale Gent, indudablemente se trataba de una cita musical de enorme calado como lo fue su anterior visita, en el mismo recinto y también en el marco del FEMAS, hace dos años con La Pasión según San Juan del propio Bach. Así, resulta comprensible el hecho de que se agotaran todas las localidades y que fuese evidente la expectación ante semejante acontecimiento musical.

No en vano el mero hecho de contemplar a todos los asistentes en pie aplaudiendo con entusiasmo a todos los intérpretes durante más de diez minutos, nos dice mucho del impacto emocional que está obra impresionante causa en quien la escucha cuando está servida con la calidad de la propuesta que comentamos.

Musicalmente Herreweghe apostó por la pureza tímbrica, apoyado en sus prestigiosos músicos, y en la sobria expresividad inherente a aquella. No hubo en su lectura ningún efecto premeditado o sobreactuación, sino una increíble claridad sonora y una transparencia de texturas que hicieron más inteligible que nunca la compleja partitura bachiana, resaltando como pocas la inmensa belleza de esta música.

No es fácil resaltar individualidades en una versión que apuesta por lo colectivo como esta; tal vez habría consenso en cuanto a instrumentos, y así lo certificó la audiencia al final de la velada cuando Herreweghe hizo levantarse a los distintos solistas, en la extraordinaria aportación de los oboes, concertinos y viola da gamba. El apartado vocal estuvo protagonizado por los excelentes coros, más empastados en conjunto que por separado, y muy expresivos Maximilian Schmidtt como evangelista, de noble línea de canto, y el Jesucristo de Florian Boesch, de acertado dramatismo en una caracterización que enfatizaba en mayor medida su dimensión escatológica (impactó en ese sentido el enorme volumen y proyección de su voz en la última frase tras antes de la muerte). En cuanto al resto de voces solistas, todas a cargo de miembros de los coros, destacaron más las sopranos y el tenor (conmovedora su aria “Schmerz! Hier zittert das gequälte Herz!”) que los contratenores y bajo, acaso más discretos en lo expresivo.

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