Reportajes

El Festival de Lucerna en Verano: emigración e identidad

Alfredo López-Vivié Palencia
martes, 18 de abril de 2017
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«Identidad» es el tema conductor del Festival de Lucerna en Verano para esta edición de 2017, que se celebrará del 11 de agosto al 10 de septiembre y que presenta más de setenta espectáculos en total; su objeto es estudiar la influencia en la música de los orígenes de cada cual, su país, su cultura y religión, o sus convicciones. Así, en la «jornada especial» del 27 de agosto –catorce conciertos, nada menos- se pondrá en escena una función del Idomeneo mozartiano basada en la crisis migratoria que vive Europa, según la ve Bernd Scmhitt y con la dirección musical de Gordan Nikolić; también hay un programa que propone Jordi Savall titulado «las rutas de la esclavitud», con patrocinio de la UNESCO; o la Orquesta de Jóvenes de Asia –con base en Hong Kong- que tocará la Primera Sinfonía de Mahler dirigida por el veterano Matthias Bamert.

Mahler es desde luego un ejemplo de músico preocupado por su identidad, y Bernard Haitink y la Orquesta de Cámara de Europa darán en dos funciones sendos ciclos de sus canciones con Christian Gerhaher y Anna Lucia Richter, además de sinfonías de Mozart. Otro ejemplo es Shostakovich, de quien se escucharán tres de sus sinfonías: la Quinta (Sinfónica de Shanghai y Long Yu, que debutan en Lucerna), y la Primera y la Décimoquinta (Filarmónica de Berlín y Simon Rattle); o Prokofiev, cuyos cinco conciertos para piano serán interpretados de una tacada por Daniil Trifonov y la Orquesta del Mariinski con Valery Gergiev; y también Bartók, compositor muy presente en el Festival, destacando su Segundo Concierto para Violín con Patricia Kopachinskaya, o El Príncipe de madera con la Lucerne Festival Academy.

Riccardo Chailly continúa su andadura como titular de la Lucerne Festival Orchestra, y presenta para inaugurar el Festival –y recordar a Arturo Toscanini en el 150 aniversario de su nacimiento- un monográfico Strauss (Así habló Zaratustra, Muerte y Transfiguración, Till Eulenspiegel), seguido de un programa Mendelssohn (Sueño de una noche de verano) y Chaicovski (Sinfonía Manfredo), y otro monográfico Stravinski (Scherzo Fantástico, Fuegos de artificio, Canto fúnebre –partitura que hasta hace poco se creída perdida-, La consagración de la primavera). Por si fuera poco, también dirigirá a la Filarmónica de la Scala en un concierto dedicado al cincuentenario de la muerte del gran Victor de Sabata: Concierto para violín de Brahms (con Leonidas Kavakos) y doblete Respighi: Fuentes de Roma y Pinos de Roma.

Al frente del otro pilar del Festival -la Lucerne Festival Academy- continúa Wolfgang Rihm, asistido en las labores directoriales de la Orquesta por Matthias Pintscher: de las partituras que tocarán en sus tres conciertos cabe destacar Miroirs I-VII de Friedrich Cerha, o el estreno mundial del concierto para violonchelo de Luca Francesconi con un joven «artista estrella», el norteamericano Jay Campbell. Heinz Holliger se pondrá al frente de la Orquesta de la Academia para dar su Concierto para violín con la mentada Kopachinskaya, quien –en su calidad también de «artista estrella» interpretará asimismo el Concierto de Ligeti. El compositor residente de este año es el holandés Michel van der Aa, de quien se darán dos de sus piezas más característicamente multimedia: Blank out y The Book of Disquiet, éste basado en la obra de Fernando Pessoa.   

En cuanto a los conciertos sinfónicos –la razón de ser del Festival y del fantástico auditorio del KKL-, este año suman veintinueve. Además de los conciertos de la Orquesta del Festival y de la Academia, y los de la Chamber Orchestra of Europe, sobresalen los dos programas del Concertgebouw de Amsterdam con su titular Daniele Gatti (Rihm y Bruckner por una parte; Haydn y Mahler por otra); otros dos de la Filarmónica de Berlín con Rattle –en su última aparición como titular de la orquesta- (el ya indicado monográfico Shostakovich y La Creación de Haydn); dos también de la Filarmónica de Viena (uno con Michael Tilson Thomas –Brahms, Mozart, Beethoven-, y otro con Daniel Harding –Debussy, Mahler-); doblete asimismo de Daniel Barenboim y su Orquesta del Divan (Ravel, Berg y Shostakovich –su Concierto para piano y trompeta con Martha Argerich-; y por otra parte Strauss y Chaicovski).  

Una única función ofrecerán cada una la Mahler Chamber Orchestra con François-Xavier Roth (Haydn, Bartók); la Orquesta de la Opera Nacional de París con Philippe Jordan (Debussy, Saint-Saëns, Berlioz); la Sinfónica de Birmingham con su flamante directora lituana Mirga Gražinyté-Tyla (Vasks, Elgar, Rachmaninov); la Sinfónica de Pittsburgh con Manfred Honeck (Dvořák –el Concierto para violín con Anne-Sophie Mutter-, Chaicovski); la Royal Philharmonic con Charles Dutoit (Enescu, Debussy, Ravel y Beethoven –su Primer Concierto de nuevo con la presencia de Martha Argerich-); y por supuesto la Sinfónica de Lucerna con Clemens Heil, que pondrá en tablas Le grand Macabre de Ligeti, con puesta en escena de Herbert Fritsch.

Un atractivo muy particular de este año en el Festival será la representación de las tres óperas que han sobrevivido de Claudio Monteverdi, con ocasión del 450 aniversario de su nacimiento. La responsabilidad musical recaerá en John Eliot Gardiner con los English Baroque Soloists y el Coro Monteverdi; la escénica, en Elsa Rooke. Por otro lado, entre los recitales instrumentales destacan los de Maurizio Pollini (Schumann, Chopin) y András Schiff (original programa con las últimas sonatas de Mozart, Schubert, Haydn y Beethoven); y entre los vocales el de Juan Diego Flórez (Mozart, Rossini, Leoncavallo, Puccini, Massenet, Verdi).

Dada la temática del Festival, merece mención aparte el concierto que dará una orquesta formada ad hoc por músicos emigrantes que han encontrado refugio en Viena, que tocarán la Cuarta Sinfonía de Beethoven. El evento -que se enmarca en una puesta en escena con un documental de este proceso creativo, además de la lectura de poemas procedentes de sus respectivos países- se celebrará bajo el patronazgo, entre otros, de Theodor y Emmanuel von Oppersdorff, descendientes del conde de dicho linaje, protector de Beethoven y a quien fue dedicada esa sinfonía.

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