Reportajes

Adiós muchachos... Hernández Silva y la Orquesta Joven de Andalucía

José Amador Morales
miércoles, 19 de abril de 2017
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Asistir a un concierto de la Orquesta Joven de Andalucía en los últimos años ha sido, en el peor de los casos, asistir a una experiencia de disfrute y con el convencimiento previo de saber que uno lo iba a pasar bien. Si, además de ello, uno se toma la molestia de conocer un poco más de cerca el trabajo que desarrollan estos jóvenes andaluces en cada encuentro que antecede a los conciertos, la sensación de estar, como mínimo, ante un trabajo bien hecho es evidente. El incuestionable crecimiento artístico que la OJA ha desarrollado en los últimos años con conciertos a un nivel que ya quisiéramos para muchas de las orquestas calificadas como profesionales de nuestro entorno (inolvidables las versiones de las Danzas sinfónicas de Rachmaninov en Sevilla o de la Sinfonía nº5 de Shostakovich en Granada el pasado año, por poner dos ejemplos significativos), nos lleva irremediablemente a la figura carismática, por su categoría como director y por su vocación para con los jóvenes músicos, de Manuel Hernández Silva, a la sazón director de esta orquesta juvenil durante los últimos años.

En un comunicado de prensa en el que daba la noticia de que con el concierto de la OJA del 17 de abril en el sevillano Teatro de la Maestranza se despedía de la misma, al menos como director estable, ha supuesto una mala noticia para quienes teníamos depositadas muchas esperanzas ante unos resultados que últimamente invitaban a un sano entusiasmo. En la prensa local se ha hecho énfasis en los compromisos profesionales del director hispano-venezolano como causa prácticamente única de dicho abandono. Sin embargo, su labor como director titular de la Orquesta Filarmónica de Málaga (con la que precisamente acaba de renovar su contrato) y sus citas nacionales e internacionales no han sido hasta ahora un obstáculo insalvable para atender a la OJA. En declaraciones a Mundoclasico.com, Hernández Silva afirma que esto es en parte cierto, pero yo habría podido perfectamente seguir al frente de la OJA, pues mi vocación de trabajar con la juventud trasciende cualquier compromiso profesional, de hecho muchas veces he tenido que estar viajando de aquí para allá para poder estar con la OJA y no me ha importando en lo absoluto pegarme esas palizas.

Entonces la pregunta es obvia: ¿porqué deja la OJA siendo “el proyecto más reconfortante de su vida profesional" como muchas veces el propio Hernández Silva ha afirmado?. Ante el convencimiento de que por el momento no era posible darle a la OJA el impulso que yo deseaba, lo más razonable por el bienestar de la orquesta era retirarme amistosamente y seguir atento a ellos desde la distancia.

Todo apunta, pues, a que existen motivos para pensar en que el evidente crecimiento artístico que arriba señalábamos tiene un techo que no es precisamente el talento de sus jóvenes miembros. También hay motivos estructurales y organizativos: ...marcho también por la imposibilidad de desarrollar el proyecto tal y como lo tengo concebido de la mano de un gerente, o de un director técnico, como también se suele llamar, que sepa gestionar una orquesta de estas características, que sea ordenada, disciplinada, que le dé impulso a la orquesta, que gestione las fechas y los sitios donde podemos tocar y un largo etcétera. La persona que ha realizado esta función en la OJA no sabe absolutamente nada sobre esto y lamentablemente no posee ninguna de estas cualidades.

Y es que, según el mismo Hernández Silva, el buen funcionamiento como tal de la OJA se debe a Enrique Amodeo y todo el equipo técnico que es maravilloso, todos ellos por cierto, trabajadores de la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, es decir: esos sí que trabajan de verdad y hacen posible que todo funcione a la perfección una vez que estamos reunidos en los encuentros.

Ante todo esto, el hasta ahora director de la OJA ha preferido abandonar su función y seguir como lo que ha sido siempre: un amigo incondicional de la joven orquesta y estar siempre para lo que me necesiten. Solamente deseo, esa es mi esperanza, que mi partida sirva para que los máximos responsables tomen cartas en el asunto y den a la OJA lo que se merece. Yo mientras tanto seguiré colaborando con la OJA cada vez que me soliciten, o en otros proyectos, como por ejemplo la Academia Barenboim-Said, donde estaré dirigiendo en junio próximo o dictando nuevamente una materia en el próximo máster.

Desde luego, hay motivos para la reflexión y para quien corresponda se pregunte cómo y por qué han dejado pasar la oportunidad de que una personalidad así, única en su apuesta tan decidida por un proyecto de este tipo, continúe al frente del mismo. ¿Hay una apuesta decidida en materia de política cultural (y, lógicamente, presupuestaria) para que la OJA crezca más allá de sus fructíferos encuentros trimestrales?...

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