Alemania

Un Chaicovski a la rusa. Petrenko y la Berliner en Baden-Baden

Juan Carlos Tellechea
jueves, 20 de abril de 2017
Baden-Baden, sábado, 8 de abril de 2017. Teatro Festspielhaus. Georg Nigl, barítono. Berliner Philharmoniker. Director Kirill Petrenko. Wolfgang Amadé Mozart (1756–1791), “Sinfonía número 35“ en re mayor, KV 385, Haffner. John Adams (1947), The Wound Dresser para barítono y orquesta Piotr Chaicovski (1840 – 1893), Sinfonía número 6, en si menor, opus 74 Patética. 100% del aforo.
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Kirill Petrenko (Omsk, Siberia/Rusia, 11 de febrero de 1972), próximo director principal de la Orquesta Filarmónica de Berlín, ofreció un concierto memorable en el Festival de Pascua de Baden-Baden y fue vitoreado por los 2.500 espectadores presentes. El amplio programa, el mismo que interpretó el pasado 22 de marzo en Berlín, permitió entrever algunas de sus intenciones y volvió a mostrar con creces la excepcional musicalidad que posee. Así confirmó otra vez el acierto de los Filarmónicos de Berlín cuando en junio de 2015 lo eligieron para suceder a su actual director Sir Simon Rattle. Mientras hoy por hoy muchas orquestas filarmónicas internacionales ya no se arriesgan a tocar música anterior a Ludwig van Beethoven, Petrenko muestra en su interpretación de la Sinfonía número 35 "Haffner" de Wolfgang Amadé Mozart  que no desea relegar de ninguna forma ese campo a conjuntos especializados en música antigua.

El director ruso muestra perfiles claros. Se sirve de los vientos para contrastar valores cromáticos con las cuerdas y le imprime a los cuatro movimientos (un delicado “Allegro con spirito“, un ligero “Andante“, un emocionante “Menuetto – Trio“ que evoca a sus “Danzas alemanas“, y un vigoroso “Finale. Presto“) una dramaturgia que apunta a un final de enorme energía; aunque todo esto sin incurrir en exageraciones. Cuando mueve sus manos empuñando la batuta y mira a sus músicos parece transmitirles sutilmente sabias directrices con las yemas de los dedos sobre cómo tocar en cada pasaje, dónde hacer un silencio oportuno, dónde bajar el volumen del sonido, dónde aumentarlo con una exactitud impresionante.

Petrenko, formado en Viena, ex director musical general de la Komische Oper de la capital alemana y actual de la Bayerische Staatsoper de Múnich, tiene a sus 45 años una hermosa carrera por delante, en un oficio en el que este codiciado puesto se alcanza con edad algo más avanzada. Trae consigo una maleta con repertorio ruso y operístico. No es que haya accedido al cargo rápidamente. El ofrecimiento de los Filarmónicos le cayó de sorpresa. No estaba seguro de aceptar y dejar así como así la jefatura de la Ópera Estatal de Baviera. Los berlineses se vieron abocados entonces a una labor de convencimiento. Petrenko se tomó su tiempo para meditar. Finalmente lograron un entendimiento para asumir la dirección a partir del 19 de agosto de 2019. A la Filarmónica de Berlín, la mejor orquesta del mundo, le aguarda a su vez un porvenir excitante, emocionante con este conductor que quizás (per aspera ad astra) se convierta en su momento también en el más destacado del orbe. El director ruso profundiza analíticamente en la partitura,  se sumerge en el concierto, en la música, con cuerpo y alma, con cada fibra de su ser, busca el sonido perfecto y lo acuña ante la platea.

En el área de la música más nueva, la obra vocal de John Adams The Wound-Dresser, segundo lugar en este concierto, aborda una parte de la  creación  máxima de Walt Whitman (1819 – 1892), Leaves of Grass; concretamente la dedicada a la Guerra de Secesión de Estados Unidos (1861 – 1865).  El barítono vienés Georg Nigl habla con gran aflicción de los sufrimientos y esperanzas de los soldados heridos en un hospital de campaña, mientras la orquesta, con un trabajo excepcional de las cuerdas, describe la tristeza, la desolación, el dolor, la crueldad y el horror de una guerra fraticida, con un halo de compasión y depuración catártica que llega hondamente al público. “I am faithful, I do not give out,//The fractur'd, the knee, the wound in the abdomen,//These and more I dress with impassive hand, (yet deep in my breast a fire, a burning flame.)“, entona Nigl con gran fuerza y congoja estos versos, compuestos a partir de testimonios recogidos por Whitman como ayudante voluntario en un hospital militar.

Kirill Petrenko y la Berliner Philharmoniker. Kirill Petrenko y la Berliner Philharmoniker. © 2017 by Festspielhaus Baden-Baden

Este aura sirve de puente para llegar, tras el intervalo, a la segunda parte del programa, consagrada íntegramente a la pieza más emotiva de la velada, la Sinfonía Patética de Piotr Chaicovski.  Aquí vemos a Petrenko en su elemento. Con gran pasión hace resaltar, colisionar entre si los contrastes de la obra. Verbigracia en el “Adagio – Allegro non troppo“, tras la entrada sublime y la intervención de las maderas, donde el director,  un trabajador incansable,  descubre matices impresionantes que dejan asombrados a los espectadores en sus butacas.

La orquesta suena sensacionalmente muy bien, con un timbre inconfundible. El elegante vals “Allegro con grazia“ es maravilloso; el “scherzo“ y la marcha del “Allegro molto vivace“ electrizantes, extasiantes. En el “Finale. Adagio lamentoso“, la orquesta interpreta con gran refinamiento el estado de profunda depresión del compositor, pocas semanas antes de su muerte (6 de noviembre de 1893); una emoción que llega fuertemente a la platea (vemos, como nunca antes, a mujeres y hombres inclinados, llorando en silencio, conmovidos por la fuerza de esta música). Aplausos, aclamaciones, ovaciones, exclamaciones, silbatinas de aprobación y reiterados “¡bravo!“, “¡bravo!, “¡bravo!“, ¡bravo maestro!“ cerraron este concierto, inolvidable para todos: público, músicos,  director y organizadores del festival.

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