España - Andalucía

Por la puerta grande del Maestranza...

José Amador Morales
miércoles, 3 de mayo de 2017
Manuel Hernández-Silva  © Gabriele Friscia Manuel Hernández-Silva © Gabriele Friscia
Sevilla, lunes, 17 de abril de 2017. Teatro de la Maestranza. Orquesta Joven de Andalucía. Manuel Hernández Silva, director musical. Alberto Ginastera: Estancia, cuatro danzas op.8a. Joaquín Turina: Danzas fantásticas op.22. George Gershwin: Obertura cubana; Un americano en París.
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El habitual concierto de primavera de la Orquesta Joven de Andalucía volvió a traernos ese ambiente tan especial y entrañable que se genera ante la asistencia tanto de familias de los componentes como de antiguos miembros y aficionados en general. Las apariciones de esta formación se concentran en encuentros más o menos trimestrales, últimamente en la estratégica localidad de Mollina y casi siempre al hilo de algún periodo vacacional, en torno a los cuales se prepara un programa de concierto que después es ofrecido en algunos auditorios o teatros de la comunidad autónoma. En esta ocasión, la cita revestía un sabor agridulce pues suponía la despedida Manuel Hernández-Silva como director titular, figura indiscutible para comprender el evidente crecimiento artístico de la OJA en los últimos años. En su correspondiente comunicado de prensa así como en sus recientes declaraciones al respecto publicadas en Mundoclasico.com, el director hispano-venezolano afirmaba entre otras cosas su marcha se debe a la imposibilidad de desarrollar el proyecto tal y como lo tengo concebido, al mismo tiempo que deja la puerta abierta ya que su intención es de seguir colaborando con la OJA cada vez que me soliciten...

Pero vayamos a los hechos, artísticos y musicales, pues es por ellos - y por sus resultados - por los que la OJA ha acaparado un interés creciente, como en su día lo acaparó la Orquesta de Córdoba o actualmente la Orquesta Filarmónica de Málaga con la llegada del mismo Hernández Silva (recordemos que con esta última acaba de renovar su contrato como director titular). Y es que el conjunto juvenil andaluz proponía un suculento programa hispano-americano con un ineludible potencial rítmico debido a su inspiración dancística, que sólo en apariencia – o en ignorancia – podría parecer sencillo.

Las cuatro danzas que integran la suite Estancia de Ginastera supusieron un punto de partida ideal para el progresivo engranaje orquestal, en el que comprobamos el impresionante sentido expresivo del ritmo que Hernández-Silva imprimió a una OJA que aquí destacó, entre otros aspectos, por su precisa (¡y musical!) percusión así como por la densidad de sus cuerdas. Hubo elogio de la danza – con permiso de nuestro admirado Brouwer - en “Los trabajadores agrícolas”, sensualidad y lirismo en la “Danza del trigo” (fantástica aquí la flauta solista), equilibrio en el juego de contratiempos de “Los peones de la hacienda”, como soberbio el “Malambo” final con su incisivos ostinati, generoso empleo de la dinámica aunque con un equilibrio de texturas que permitía escuchar todos los elementos tímbricos y, por encima de todo, una intensidad y una energía que sólo puede ofrecer quien conoce hasta la médula esta música y sus orígenes criollos. En las Danzas fantásticas de Turina, la OJA ofreció un evocador juego de colores y sensualidad armónica, particularmente en una bellísima “Ensueño”, para culminar con una “Orgía” de hipnótica y contrastada métrica (más apreciable que nunca aquí su “corazón” de farruca), enfatizando el carácter orgiástico y racial de la pieza.

Ya en la segunda parte, la Obertura cubana de Gershwin, una suerte de retrato musical “yankee” de la Cuba prerrevolucionaria, sirvió de nuevo para comprobar el entusiasmo de unos músicos que, al margen de su edad y ante la no menos vehemente batuta de Hernández-Silva, ofrecían una lectura de inevitable arrastre, vitalidad y empuje. Y en la misma línea, con Un americano en París, del mismo compositor neoyorquino, asistimos a una lección de inteligente planificación dinámica al tiempo que a un audaz balance entre los distintos grupos instrumentales, aunque también entre las distintas participaciones solistas y la masa orquestal (con mención especial para las soberbias trompas y tuba).

John Axelrod, Manuel Hernández-Silva, Juan Udaeta y Javier PeriañesJohn Axelrod, Manuel Hernández-Silva, Juan Udaeta y Javier Periañes © 2017 by José Amador Morales

Así pues, más que justificada la lógica y entusiasta reacción de un público que a esas alturas estaba rendido ante tal experiencia musical, lo que fue respondido con una arrebatadora Conga del fuego nuevo del mejicano Arturo Márquez, para despedirse con la espontaneidad del pasodoble Amparito Roca, como suele ser tradicional en los últimos conciertos de la OJA. En definitiva, una nueva demostración de cómo disfrutar y hacer disfrutar haciendo buena música; un soplo de aire fresco, de introducción de la verdadera música popular servida con la máxima calidad en las a menudo encorsetadas y “cultas” salas de concierto pero desde una absoluta seriedad, respeto y conocimiento riguroso.

En una prueba de apoyo inequívoco a la OJA, entre los asistentes pudimos encontrar figuras de la talla de un John Axelrod, Javier Perianes o Juan de Udaeta (fundador de la OJA a quien Hernández Silva había presentado al público en los saludos finales) quienes posteriormente encontramos en los camerinos saludando al que ha sido hasta ahora director titular del conjunto musical andaluz en una imagen insólita y de incalculable valor histórico y humano.

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