Italia

Hijos de un rey menor

Andrea Merli
lunes, 8 de abril de 2002
Nápoles, domingo, 24 de marzo de 2002. Teatro di San Carlo de Napoles. Engelbert Humperdinck: Königskinder, ópera en tres actos (1910). Libreto de Ernst Rosmer (seudonimo de Elsa Porges Bernstein). Paul Curran, Direcciòn Escenica. Kevin Knight, Escenografia y Vestuario. Pamela Hunter, Iluminaciòn. Klaus Florian Vogt (Der Königssohn), Juliane Banse (Die Gänsemagd), Olaf Bär (Der Spielmann), Mette Ejsing (Die Hexe), Daniel Lewis Williams (Der Holzhacker), Peter Keller (Der Besenbinder), Lukas Schauber (Sein Sohn), Florian Cerny (Der Ratsälteste), Hector Guedes (Der Wirt), Claudia Nicole Bandera (Die Wirtstochter), Enrico Facini (Der Schneider), Susanne Kelling (Die Stallmagd), Michael Bush (Ein Torwächter). Orquesta y coro del Teatro di San Carlo. Director: Jeffrey Tate. Mº del coro: Ciro Visco. Tölzer Knabenchor, Director: Gerhard Schmidt-Gaden. Aforo: 1800 localidades 1800. Ocupaciòn: 80%.
0,0006469 Engelbert Humperdinck, discipulo fiel de Richard Wagner al que siguió en lo largo de la península italiana -incluyendo las islas- durante la gestión de Parsifal, hizo de todo para complacer a su Maestro. Hasta de 'canguro' al pequeño Siegfried con la muy honorable recompensa de componer, obviamente sin más reconocimiento que el de una posterior fama, algunos compases necesarios a los cambios de escena en la realización de la ópera. Música que finalmente siempre se ha cortado -hoy en día se corta también la del mismo Wagner- en las reposiciones modernas. Su actividad de didacta le llevó, inclusive, a tener un cargo en el conservatorio de Barcelona, a finales del siglo XIX, época en que la moda wagneriana enfurecia en la Ciudad Condal; pero resistió tan solo un año el carácter de los catalanes ¡las penas que le habran hecho padecer sus discipulos! Anecdotas a parte, Humperdinck debe su relativa fama a Hänsel und Gretel, ópera para niños -niños alemanes, por supuesto, que, como minimo, deben conocer de memoria y en todos sus detalles el argumento de la Tetralogia wagneriana- escrita en 1890, conjuntamente con la hermana, Adelheid Wette, que sacó el libreto de un cuento de los hermanos Jakob y Wilhelm Grimm, para alegrar unas funciones familiares animadas por la actuación de los sobrinitos.Lo que en España sería El cocherito leré y en Italia Papaveri e papere, en esos países nórdicos tuvo la consistencia musical de una saga nibelúngica, una ambientación al igual poblada de enanos, siendo el de la arena y del rocío, sin duda, más amables de 'Mime' y 'Alberich'. Así lo entendió Humperdinck, animado por el amigo Hugo Wolf, al concertarla en forma de Märchenoper. Fue representanda en su forma definitiva en el teatro de Weimar en 1893, bajo la dirección de otra joven promesa: Richard Strauss. Humperdinck encontró de esta manera la fórmula certera para seguir el diktat de su ídolo sin exponerse a una imposible comparación: la de la 'ópera-fabula', siguiendo además una tradición alemana que tenía sus precedentes en Hoffmann y Weber.Königskinder llega, además, en el momento de la total madurez artística y de la emancipación de Humperdinck respecto a su modelo wagneriano. Enamorado del argumento de una comedia escrita por Elsa Agnes Porges-Bernstein, bajo el seudónimo de Ernst Rosmer, en 1895, el autor compuso en principio un Melodram, música sobre la que la obra en verso era interpretada. De esta forma se estrenó Königskinder en 1897. Pero para su estreno en ópera, en el Teatro Metropolitan de Nueva York, hubo que esperar al 28 de diciembre de 1910, justo quince días después de otro estreno importante en el mismo Coliseo: la pucciniana Fanciulla del west.Gran éxito de públicoHijos de rey conoció un éxito inmediato en el Metropolitan, pero, aun gustando al publico, fue muy mal acogida por la critica alemana en Berlin tan solo unos días después -el uno de enero de 1911. En Italia llegó, traducida al italiano, exactamente un año después de su estreno, en el mes de diciembre de 1911 al Teatro alla Scala de Milan. La dirigió el Maestro Tullio Serafin, pulso de acero con guante de terciopelo, y tuvo por protagonista una seductora soprano de tan solo 24 años, la valenciana Lucrezia Bori. El éxito fue rotundo y la prensa pronosticó un brillante futuro para la nueva joya de Humperdinck... ¡tuvieron que pasar 91 años para que el Teatro di San Carlo de Napoles se atreviera a reponerla!Este genero 'tardo-romantico' es, respecto al de su contemporáneo Richard Strauss, aparentemente menos complejo. La escritura musical es más tranquila, intimista. Hay, obviamente, influjos del autor de Leipzig, pero hay también una luz propia, una tersura y transparencia en la música que podría justificar la definición de 'Wagner orquestado por Mendelssohn'. Es, evidentemente, una ópera que mira hacia atrás, sobre todo si comparada con El Caballero de la Rosa de Strauss.Sin embargo, Humperdinck tiene una estructura compositiva muy sofisticada, el uso del leitmotiv es amplio, pero continuamente reelaborado a nivel armónico y rítmico. El uso de los metales, de apoyo a la madera, es otro elemento de sutil elegancia, así como el frecuente solo del violín, con cotas extremas de virtuosismo. Otro elemento es el simbolismo presente en el libreto que analiza dos temas de extrema actualidad: el descubrimiento de la sexualidad por parte de dos adolescentes, la brutalidad de la sociedad que sacrifica la pureza y la inocencia, en pos del poder y del dinero.No obstante, hay que anotar también el mayor limite de Humperdinck, el defecto que heredó de su mentor Wagner. La falta absoluta del don de la síntesis. Todo es precioso, todo es evocador, sutil, pero también excesivamente dilatado. La acción transcurre con una lentitud que sólo por momentos la belleza de la música llega a compensar. Ese es, con seguridad, uno de los motivos que hacen que este titulo no haya entrado en repertorio ni siquiera en los países alemanes.Una orquesta transfiguradaLa versión napolitana era, con mucho valor y coraje, absolutamente integral: eso garantizó su principal artífice, el director de orquesta Jeffrey Tate, bajo cuya batuta la orquesta del Teatro di San Carlo pareció transfigurada. Fue la de Tate un lectura realmente electrizante, sensible, llena de inspiración. Logró sacar todo el partido de una partitura que, escuchada en la única versión disponible (una edición de Emi Electrola de 1979 que no creo que haya sido publicada en CD), no llegó a convencerme de su imperiosidad. Sin embargo, la prueba teatral la ha rehabilitado por completo, gracias a la soberbia labor del Director con todo el equipo; creo sinceramente que deberían dar más oportunidades a esta ópera.También la producción de Paul Curran ha tenido sus méritos. Aunque en este caso ha peligrado mucho en la actualización, puesto que la música, el texto, el simbolismo, evocan la época del modernismo en versión neo-gótica, muy al estilo del refinado Jugenstil vienés.En cambio, la época era la de la post-guerra mundial, sin ninguna referencia específica; con una ambientación casi atemporal y, desde luego fuera de cualquier localización geográfica. El bosque era un cuadrado claustrofóbico sobre una plataforma inclinada. Una escena fija, que en el segundo acto se transformaba en un colorado campo de girasoles; las ocas, las tórtolas con sus movimientos indicados en el fantástico libreto, eran manipuladas por niños, los testigos impotentes, alter ego freudiano de los dos protagonistas.Al tenor, el valiente Klaus Florian Vogt, y a la soprano, la delicada Juliane Banse, Humperdinck exige un esfuerzo inhumano y una credibilidad escénica que, por regla general, raramente coincide con las exigencias del canto. En Nápoles hemos tenido un honorable compromiso y a ambos interpretes tenemos agradecer el haberse enfrentado roles tan pesados. El violinista de Olaf Bär ha sido el personaje más completo gracias a la habilidad vocal y a la gran sensibilidad del excelente barítono. Lo mismo puede decirse de la bruja trazada con mucho temperamento por la mezzo Mette Ejsing, mientras que del larguísimo reparto destacaron la mezzo Claudia Nicole Bandera, en la parte de la ninfómana hija del mesonero, el leñador del bajo Daniel Lewis Williams y el vendedor de escobas del tenor Peter Keller.Mención especial al coro de niños procedente de Austria, el Tölzer Knabenchor, dirigido por Gerhard Schmidt-Gaden y al coro titular, bajo las ordenes del Maestro Ciro Visco. El publico acudió suficientemente numeroso por ser una ópera fuera de repertorio, pero lo más sorprendente fue comprobar que reaccionó muy positivamente, escuchando con gran atención y aplaudiendo generosamente al final.ArgumentoEn este cuento la peculiaridad es que los personajes no tienen nombre. La historia empieza ante una choza, en medio del un bosque. Es primavera, la joven harapienta guardiana de las ocas se refleja en la fuente, cuando la bruja, que ella cree su abuela, la obliga a cocinar un pan con ingredientes mágicos para que nunca se ponga seco y rancio. La joven lo bendice, deseando que el que lo coma obtenga todo lo deseado. La bruja se lo arrebata pronunciando palabras malignas: ese pan está destinado a procurar la muerte al que coma tan solo una mitad. Lo guarda en el interior de la choza y luego se aleja en el bosque, dejando a la joven sola otra vez.Aparece el apuesto hijo de reyes, llega vestido de cazador, es joven y ha decidido abandonar su reino para probar a si mismo el valor de arriesgarse en el mundo. La chica nunca ha visto un hombre. Entre los dos nace una súbita pasión. El joven príncipe le regala la corona que le entregó su madre y la invita a seguirle, pero el hechizo de la bruja impide a la guardiana de ocas de seguir a su amado, que no comprende la situación y se marcha maldiciéndola y acusándola de no quererle.Vuelve la bruja, descubre lo ocurrido y cierra la joven en la choza; llegan también el violinista acompañado por el leñador y por el vendedor de escobas. Son enviados por los notables de la cercana ciudad de Hella, para preguntar sobre quién será el futuro rey de la ciudad a la bruja. Ésta les declara que será el primero que se presente el día siguiente al mediodía ante las puertas de la ciudad, aunque sea cubierto de harapos.El leñador y el vendedor de escobas se marchan con la noticia, mientras el violinista, que ha visto a la joven guardiana atisbar desde la ventana, pregunta a la bruja por ella. Finalmente, descubre a la chica que no es pariente de la vieja, sino hija de nobles padres. La bruja confiesa su hechizo y por fin la joven, con la ayuda del violinista, logra librarse y fugarse con él en busca de su amado hijo de rey, hacia la ciudad, mientras la bruja la maldice.El acto segundo se sitúa en la ciudad de Hella en fiesta, pues se ha difundido la noticia de la pronta llegada del nuevo rey. El hijo de rey no es reconocido como tal, pero gusta mucho sobre todo a la hija del mesonero, que intenta seducirlo. Pero él está enamorado de la guardiana de ocas y, con tal de serle fiel, acepta de el trabajo más humilde, hacer de guardián de los puercos. Llega la hora, todo el mundo se reúne, pero cuál es la sorpresa al abrir las puertas de la ciudad: entra la guardiana de ocas seguida por el violinista.El hijo de rey la reconoce y la estrecha entre sus brazos, pero el pueblo entero se mofa ce los dos jóvenes y ante las inútiles protestas del violinista y de los niños, que en su inocencia han reconocido a los verdaderos reyes, los echan de la ciudad.El acto tercero, en invierno, nos lleva ante la misma choza de la bruja, abandonada y bajo la nieve. Llega el violinista con todos los niños de Hella en busca de los Reyes; los siguen el leñador y el vendedor de escobas, también en busca de lo mismo. Mientras el violinista y los niños siguen buscando a los fugitivos en el bosque, los dos hombres se cobijan en la choza. Llegan también los hijos de reyes, hambrientos y cansados; él, con tal de comprar un pedazo de pan a su amada, ofrece la corona a los dos hombres que, codiciosos por el oro, le entregan un pan que han encontrado en la choza. Es el pan de la bruja, los dos jóvenes lo comen y mueren abrazados bajo la nieve. Vuelven el violinista con los niños y, acusando a los mayores de su crimen, lloran la muerte de sus verdaderos reyes.
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