Discos

Electroacústicas alternativas (pero enraizadas)

Paco Yáñez
lunes, 15 de mayo de 2017
Pablo Loudet: Continum; Tema con variaciones. Luis Mihovilcevic: Tres Piezas Electroacústicas; Las obsesiones de Pierre Delval. Raúl Fiorino: Sueño de madreselva. Gustavo Chab: Dibujos sobre el plano II; Dedalico. Idea y coordinación: Sonoridades Alternativas. Diseño digital y masterización: Gustavo Chab. Un CD DDD de 44:14 minutos de duración grabado en Buenos Aires (Argentina) y editado en 2016. Sonoridades Alternativas Productoras Independiente III: Música Electroacústica.
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Conversando hace dos semanas con Baldur Brönnimann en Oporto sobre sus experiencias en Argentina, tras dirigir en el Teatro Colón óperas tan exigentes como Die Soldaten (1957-64), Le Grand Macabre (1974-77, rev. 1996), o Das Mädchen mit den Schwefelhölzern (1990-96, rev. 2000), el maestro suizo me comentaba la pervivencia que sentía en una ciudad como Buenos Aires de influencias europeas, en algunos aspectos, con una grandeza que en la propia Europa se había perdido, fruto de un pasado cultural en Argentina esplendoroso (aunque, también, oscurecido por nefandas sombras que tantos repudiamos).

De ello me he acordado al reseñar el compacto que hoy presentamos, tercero que edita el colectivo de compositores Sonoridades Alternativas, entre cuyas obras electroacústicas se entreveran ecos de los Edgard Varèse, Karlheinz Stockhausen, Luigi Nono, o del también argentino Mauricio Kagel, estrechando lazos entre ambas orillas del Atlántico, así como evidenciando los diálogos interdisciplinarios que tan característicos son en Sonoridades Alternativas, ya sea con la literatura, con el arte o con el teatro; todo ello, en páginas realmente atractivas, de una gran musicalidad, que hacen que resulte un gozo la audición de este compacto.

Pablo Loudet (La Plata, 1969) fue uno de los fundadores de Sonoridades Alternativas (junto con Enrique Gerardi y Luis Mihovilcevic) en 1997 (año del regreso de Kagel a Argentina). En este compacto escuchamos dos obras suyas, siendo la primera de ellas, Continum (2007), la que abre el disco. Acertada elección, sin duda, pues se trata de una obra de gran calidad y enorme potencia expresiva que nos introduce de lleno en un universo sonoro en el que todas las piezas electroacústicas revelan la experiencia como músicos de sus creadores. No estamos, por tanto, ante una electrónica fría, cerebral o distanciada, sino ante un ejercicio de musicalidad en el que los recursos del medio se ponen al servicio de una idea que, por momentos, se empapa de un pensamiento netamente instrumental, así como de estructuras que provienen de la escritura camerística, sin por ello minimizar la potencia expresiva de lo electrónico, capaz de alcanzar síntesis y territorios impensables para lo puramente acústico.

Continum está basada en El Eternauta (1957...), historieta con texto de Héctor Germán Oesterheld e ilustraciones de Francisco Solana López que narra la invasión del norte de Buenos Aires por los extraterrestres. Loudet nos conduce al interior de una de sus naves para mostrar al ciudadano argentino Juan Salvo en el momento en que éste está acorralado frente a una máquina del tiempo que, erróneamente, activa, siendo eyectado hacia otro espacio-tiempo denominado por Oesterheld «Continum 4», en el que entabla diálogo con un extraterrestre. En Continum, Pablo Loudet pretende mostrarnos la desolación de ese paisaje en el que Juan Salvo ha quedado atrapado. Es, por ello, una música repleta de líneas tendidas al horizonte, sin puntos de referencia ni final, asfixiantes y abrumadoras, con cierta desnaturalización de las texturas que referencian lo que en nuestros imaginarios asociamos con 'sonoridades alienígenas': aquéllas de la extrañeza, de lo sintético, de lo irreal. Loudet lleva a cabo, para incidir en esa naturaleza indefinida, un trabajo muy concienzudo con la proyección sonora y su subsiguiente eco, para así unir espacio y tiempo a través del movimiento, la reverberación y la extinción de los fenómenos sonoros (algo que nos recuerda experiencias análogas en la sonología del eco como las llevadas a cabo por Ángel Faraldo, en composiciones de las que ya hemos dado cuenta en nuestro diario). Ya no sólo por sus ramificaciones interestelares, estamos ante una pieza de raigambre stockhauseniana, de gran inventiva y ambición en cuanto a volumen sonoro y capacidad dramatúrgica. Además, es quizás la pieza del compacto que más ambientes sonoros convoca, por lo que su audición es toda una aventura a través de un laberinto de impredecibles ramificaciones: por momentos, sutiles; otros, agresivas e impactantes; las más de las veces, mistéricas y extrañas, hasta sus demoledores pasajes percusivos finales. Conociendo la vida y la obra de Héctor Germán Oesterheld, su humanismo y compromiso social, así como su desaparición durante la dictadura argentina a manos de las fuerzas armadas, esa suerte de espacio indefinido e ilocalizable que Continum representa se antoja el paradero mismo de un Oesterheld que, allá donde se encuentre, no deja de estar en una obra cuyo ejemplo sigue inspirando formas de creación éticas y humanistas, como las que Sonoridades Alternativas presentan desde su fundación.

Tema con variaciones (2003) nos sitúa en otras coordenadas, siendo audible, desde su mismo comienzo, la impronta de Edgard Varèse y su Poème électronique (1957-58), pieza que no dudo ha influido a Loudet a la hora de acercarse al medio electroacústico. Si el Poème électronique se deja escuchar en los primeros minutos, posteriormente el proceso de variación del tema al que se somete al entramado electrónico va visitando parajes más personales, que anticipan los espacios desolado(re)s de Continum, especialmente en las texturas más densas y abigarradas; mientras que lo más granular y 'repetitivo', así como las sonoridades 'líquidas', nos ponen ante un pensamiento más vareseano. Pieza, aunque no alcance la madurez y la envergadura de Continum, curiosa y disfrutable.

También cofundador de Sonoridades Alternativas, el compositor, director, pianista y docente Luis Mihovilcevic (Rosario, 1958) nos ofrece dos piezas que amplían nuestra percepción de su música, que ya ha visitado Mundoclasico.com en diversas ocasiones, generalmente en partituras de cámara (y para la cual la larga entrevista que con el compositor mantuvimos en el año 2011 constituye una muy informativa puerta de acceso). Mihovilcevic, profundamente enraizado en la avantgarde, une en su música influencias del jazz y de la música popular porteña, aunque en la primera de estas obras, sus Tres Piezas Electroacústicas (2015), el pensamiento musical es mucho más abstracto, diría que hasta escultórico. Muy incisivas las dos primeras, con procesos digitales que -afirma Mihovilcevic- pretenden emular la poética analógica, en ambas hay un movimiento tan imparable como implacable que une las tres piezas, con su lanzamiento continuo de temas en proyección y rebote, lo que hace de la música una materia plasmática y sinusoidal, entre lo sensual y lo más aristado del medio. La tercera de las piezas explicita afinidades electivas muy propias de Mihovilcevic: Joseph Beuys, a través de la palabra, y Mauricio Kagel, a través de su entrañable carcajada (que tantas veces podía ser, al tiempo, terrible, cuando los dardos de su afilada ironía la cargaban). Se abre esta pieza, así, a otras influencias recurrentes en la música del compositor, como lo teatral, el (neo)dadaísmo y el Fluxus; influencias bebidas por Mihovilcevic ya en la propia Alemania, ya en Argentina: ámbitos que, vía Beuys, Kagel y el propio Mihovilcevic se ponen en diálogo en esta obra electroacústica que su autor dice de «carácter reminiscente».

La segunda página de Luis Mihovilcevic en este compacto es Las obsesiones de Pierre Delval (1993). Si las Tres Piezas se asentaban en la memoria, explorando sus recuerdos y las reminiscencias acústicas que desde ella brotan, compactando los diferentes estadios del yo; Las obsesiones de Pierre Delval tiene un carácter proyectivo, pues nos introduce en el universo psicológico de un personaje de ficción creado por Luis Mihovilcevic (no se trata, pues, del criminólogo francés Pierre Delval). Son tres las obsesiones que el compositor argentino lleva compuestas sobre el personaje de Delval: la primera de ellas (ésta que escuchamos), electroacústica; la segunda, para piano y cinta; y la tercera, para dos cantantes, violonchelo y cinta (una cinta que es compartida por las tres obras y que es la recogida en este compacto). Lo más tradicionalmente electroacústico en cinta magnética se suma aquí a sonidos de instrumentación digital que evocan, por tomar un ejemplo, la voz del saxofón, cuyas modulaciones se proyectan en un entorno sonoro más arquitectónico y textural, en ocasiones marcado por la incomunicación; o, al menos, la que Delval experimenta al intentar relacionarse con su entorno o hacer una simple llamada telefónica en cabinas incomunicantes (por momentos, parece que contempláramos un cuadro de René Magritte, con un Pierre Delval de paraguas, traje y bombín lanzado a una calle de rostros ausentes). Estamos, por tanto, ante un Mihovilcevic más narrativo y literario, aunque sin programa ni referencia teatral preconcebida. Fiel a los postulados de un surrealismo que tanto ha calado en el compositor (al que suma la influencia del dadaísmo), la obra se construye «a partir de un primer paso automático psíquico que luego es medianamente revisado». Lo onírico, así pues, también se deja escuchar en esta primera obsesión dervaliana, con su maleabilidad inasible, cuando la música se reblandece y descuelga al más puro estilo de Dalí en La persistencia de la memoria (1931): ese otro mundo de obsesiones y reminiscencias.

Raúl Fiorino (Buenos Aires, 1960) nos presenta la pieza más larga del compacto, con sus casi diez minutos de duración. Se trata de Sueño de madreselva (1998), una obra netamente orgánica en su desarrollo, de carácter vegetativo, diría que hasta de inspiración fractal, cual naturaleza en la que unas formas se multiplican sin fin reflejándose en estructuras recurrentes. Ahora bien, Fiorino nos dice que la obra es producto de un sueño en el que el compositor es, a su vez, soñado por la madreselva que se encuentra en un patio en el que ha quedado con un amigo para conversar, lo que hace del hombre la materia para el sueño vegetal, multiplicando el enrarecimiento de la escena acústico-narrativa. Para Fiorino, es «una obra que casi no empieza, pero que tiene una larga despedida. Casi como una coda beethoveniana. Como si fuera el final de una obra que no lo tuvo». Sin duda, ello otorga sentido y articula el desarrollo de Sueño de madreselva, pues su movimiento infinitamente autogenerado parece no haber conocido comienzo, sino ser el producto y el resultado de un mecanismo imparable; quizás, el antes mencionado de la reproducción de las formas naturales ad infinitum, sólo al final ralentizado en unos pasajes 'conclusivos' que tampoco lo serían en sentido estricto, sino un redirigirse hacia nuevas formas en la imparable evolución de la forma orgánico-musical.

Cierra este viaje por las tres últimas décadas de música electroacústica argentina Gustavo Chab (Buenos Aires, 1964), del que escuchamos, en primer lugar, Dibujos sobre el plano II (2014). Tal y como su título sugiere, estamos ante una música firmemente geométrica, estructural y arquitectónica, que nos puede recordar, por su dinamismo en líneas gráficas interpuestas y formas ópticas que generan masas texturales, a las películas de grafismos móviles de Walter Ruttmann, cual si un lienzo suprematista adquiriese vida y empezase a transitar la tela acústica en estelas sonoras. De este modo, se tiende un nuevo diálogo interdisciplinario, aquí entre Gustavo Chab y un pensamiento cinético-formal muy próximo a El Lissitzky, Aleksandr Ródchenko o Kazimir Malévich; algo que se encuadra dentro de un pensamiento musical, el de Gustavo Chab, muy cercano al estructuralismo pictórico, cuyos entramados visuales con tanta frecuencia ha convertido en música, y entre cuyas bases artístico-intelectuales se puede entrever, además de los pintores rusos antes citados, la impronta de Vasili Kandinski y Paul Klee; todo ello, actualizado musicalmente en texturas que nos pueden remitir a un Stockhausen o a un Nono, si bien en Chab más atomizadas, lineales y deconstruidas.

También de Gustavo Chab, Dedalico (2007) establece -en palabras de su creador- otro diálogo interdisciplinario, al conformarse como una «meditación surrealista», lo que impone un paisaje sonoro más polimorfo que el escuchado en la ascética Dibujos sobre el plano II, con una mayor aparición de la curva, lo sinusoidal y el proceso de generación-degradación de materiales electroacústicos. Auténtico sismógrafo mental, Dedalico presenta más matices y profundidades, unas sonoridades más rugosas e indefinidas, lo que le confiere una estética más actual y conscientemente trabajada, aunque también, al tiempo, verbigracia de aquello de un pensamiento impensado, más netamente poética...

...la poética de Gustavo Chab, como la de Raúl Fiorino, Luis Mihovilcevic y Pablo Loudet, surge de este compacto con un sonido muy preciso, de notable calidad, al provenir de sus fuentes electroacústicas originales, aquí digitalizadas por el propio Gustavo Chab con muy buenos resultados (más allá de que se trate de un registro estereofónico donde quizás -lo desconozco- las cintas originales sean multicanal, lo que no resta que el sonido en formato estéreo sea definido y bien espacializado). En cuanto a edición, el libreto incluye un breve comentario de cada obra a cargo de sus creadores, biografías de los compositores y una presentación del colectivo Sonoridades Alternativas, todo ello con una portada de Gustavo Chab en la que se observan de forma muy gráfica esos entramados de líneas, puntos y masas texturales que caracterizan sus piezas electroacústicas; una música, como las restantes de este compacto, tan alternativa como sólidamente enraizada en la historia.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Sonoridades Alternativas.

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