Opinión

Cuerpos y almas

Maruxa Baliñas
lunes, 18 de enero de 2021
Sir Jeffrey Tate © Forrás / YouTube / Symphoniker Hamburg Sir Jeffrey Tate © Forrás / YouTube / Symphoniker Hamburg
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Me quedé disgustada con la noticia del fallecimiento de Sir Jeffrey Tate y no porque sea un director cuya carrera haya seguido con especial atención aunque siempre me haya gustado. Tate me conquistó hace un par de años cuando leyendo sobre no me acuerdo qué obra de qué compositor -creo que algo de Mozart- encontré unas declaraciones suyas que me resultaron clarificadoras, lúcidas y al mismo tiempo emotivas. Aunque suene algo pomposo, descubrí un alma interesante, atractiva. Quise leer algo más de y sobre Tate y sólo entonces descubrí que nació con espina bífida y otros problemas físicos, y que tenía una minusvalía importante. 

Es tan fácil dar por sentado que todos somos iguales, que todos tenemos las mismas posibilidades ..., pero Tate no las tenía. Cosas que todos consideramos muy básicas para él no lo eran. Y entonces descubrí que Tate era también un cuerpo y uno con el que no era fácil llevarse bien, aunque él parecía haberlo conseguido. Porque Tate, e insisto en que no lo conocía más que por haberlo visto un par de veces sobre el podio y escuchado -eso sí- en bastantes grabaciones, no me parecía alguien a quien compadecer. Sin embargo me resultó triste leer esa frase suya sobre que era doblemente marginado, por homosexual y por minusválido, y que además el mundo gay puede ser especialmente exigente respecto a los parámetros de belleza y juventud. 

Como suelo hacer cuando muere algún intérprete, miré en el archivo de Mundoclasico.com qué reseñas habíamos publicado sobre Tate y, una vez que el buscador me respondió, encontré artículos de varios colaboradores. Ninguno de ellos menciona la minusvalía, como tampoco el que fuera un médico y destacado. Que sea médico no es tan raro, otros intérpretes musicales lo han sido. Pero la minusvalía era muy evidente ... o no. Porque ciertamente no era en eso en lo que pensabas cuando lo veías. 

Tate lo explicaba de otro modo, con un amargo pero bienhumorado sentido del humor. En 2011 declaró a The Guardian, cuando su salud estaba ya bastante deteriorada (murió por un fallo cardíaco en 2017, mientras visitaba el museo de la Academia Carrara de Bérgamo): 

La dirección de orquesta "es tremendamente terapéutica. Después del ensayo de un concierto a menudo me encuentro que tengo más aire, que camino mejor y subo las escaleras mejor que antes del ensayo. Es como si mis pulmones se expandieran al dirigir [...] La dirección de orquesta es una profesión bastante sana."


También me disgustó mucho en 2012 la retirada de Thomas Quasthoff (Hildesheim, Alemania, 1959), un cantante cuya voz llegó a tenerme obsesionada, por su timbre y técnica pero sobre todo por su repertorio y el modo en que lo cantaba. Otra vez parecía reflejar -así lo veía yo- un espíritu que se sobrepone con una valentía admirable a sus circunstancias. Y su retirada me pareció casi una claudicación, aunque sin duda fuera necesaria. 

Coincidí con él en un hotel a la hora del desayuno y era una persona que sin su asistente prácticamente no podía hacer nada. La vida de un artista, con sus hoteles y giras, con la falta de intimidad y del apoyo de amigos y familia, debía ser muy dura para él. Me quedó además el consuelo de que su retirada no fue absoluta, y sobre todo que sigue impartiendo clases en la Musikhochschule de Detmold -es profesor permanente allí- y en el Conservatorio Hans Eisler de Berlín, tras haberse casado en 2006.  

De Quasthoff quiero recordar sus declaraciones a The Guardian en 2000, donde habla de las ventajas de su discapacidad y no porque le hubiera facilitado las cosas, pero tampoco se las impidió, sólo hizo que el desarrollo de su carrera fuera lento, que se profesionalizara ya en la treintena y debutara en ópera bien pasados los cuarenta años: 

Para mí, mi discapacidad es un hecho, no un problema. No llevo la vida de una persona discapacitada. Por supuesto, tengo que enfrentarme a algunas cosas de un modo diferente a otras personas. Pero esto no es tan diferente de la vida de alguien que no es discapacitado. De cualquier modo, ¿quién no es discapacitado en realidad? Yo tengo la suerte de que todo el mundo puede verlo. Pero si nunca te sientes feliz, si sólo te preocupa el dinero o el éxito [Quasthoff trabajó seis años en un banco, así que debe tener una amplia experiencia propia], esto en mi opinión es también un tipo de discapacidad.

Y termino con otra cita de Quasthoff: 

Tengo la ventaja de no ser capaz de hacer gestos con las manos, así que mi voz es la única forma de expresión que tengo. Esto obliga a la audiencia a mantener una enorme concentración. Si tú estás allí y tienes sólo la cara y la voz, el público tiene que concentrarse mucho más que con aquellos que usan gestos. Así que quizá esto es también una oportunidad. 


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