Discos

Oráculo Donaueschingen 2015

Paco Yáñez
lunes, 26 de junio de 2017
Georg Friedrich Haas: Oktett für 8 Posaunen. Johannes Boris Borowski: Sérac. Stefan Prins: Mirror Box Extensions. Mark Andre: "über". Francesco Filidei: Killing Bach. Yoav Pasovsky: Pulsus alternans. Jörg Widmann, clarinete. Trombone Unit Hannover. Nadar Ensemble. SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. EXPERIMENTALSTUDIO des SWR. Péter Eötvös, Gregor Mayrhofer y François-Xavier Roth, directores. Björn Gottstein y Wulf Weinmann, productores. Boris Kellenbenz, Andreas Nusbaum, Wolfgang Rein y Norbert Vossen, ingenieros de sonido. Dos SACDs DDD de 148:47 minutos de duración grabados en Donaueschingen (Alemania), del 16 al 18 de octubre de 2015. NEOS 11611-12. Distribuidor en España: Sémele Proyectos Musicales.
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Un año más, regresamos al oráculo de las Donaueschinger Musiktage para conocer las últimas tendencias de la música artística europea, en una edición, la del 2015, editada en soporte fonográfico por NEOS de forma un poco más escueta de lo habitual, en tan sólo dos SACDs, aunque sigan primando en ellos las señas de identidad que caracterizan al sello alemán en cuanto a calidad interpretativa y técnica.

Abre la selección uno de los compositores austriacos más aclamados del momento, Georg Friedrich Haas (Graz, 1953), que nos presenta una formación tan peculiar como la deparada por su Oktett für 8 Posaunen (2015), encargo de la Trombone Unit de Hannover, que afronta aquí una partitura fruto de los análisis de las cintas magnéticas registradas por Giacinto Scelsi en su estudio. En ellas, Haas descubre algo que confiesa lo dejó asombrado: la presencia de melodías cantables incluso en los más pequeños microintervalos. Habitual estudioso de las partículas de los espectros sonoros, Haas utiliza este octeto de trombones para construir todo un entramado en cuartos, sextos y octavos de tono: intervalos que -afirma- requieren la más precisa entonación. Emplazados en cercanía, los ocho trombones crean una masa intensamente homofónica en la que los trazos melódicos se producen por reverberación de los microintervalos. En los pasajes más abigarrados y tumultuosos, los acordes generados (articulados en esa de-gradación microtonal) producen la sensación de estar contemplando una imagen muy curiosa: la de escuchar el acorde y su sombra al tiempo, cual si un movimiento musical se hubiese congelado en el espacio y lo visualizásemos en sus diversos estratos de desarrollo, como una estela. A pesar de no estar concebida como una textura polifónica, los intervalos resultantes de las ocho fuentes sonoras crean capas suficientes como para darnos la sensación, en momentos puntuales -aliados con la estrecha espacialización y el manejo de los reguladores de velocidad-, de una estructura que trasciende la homofonía para desplegarse en diversos estratos interactivos. La impronta del maestro italiano, por otro lado, es audible, llegándose a vislumbrar un eco scelsiano de corte atávico, cual danza ceremonial procedente de tiempos y espacios remotos. No es, ni mucho menos, la pieza más ambiciosa de Georg Friedrich Haas, pero si algo muestra, es la capacidad del austriaco para adentrarse en las más refinadas partículas sonoras, aun con una plantilla que no pareciera ayudar en exceso, diversificando en ella timbres y colores.

Tampoco la orquestal Sérac (2014-15), del alemán Johannes Boris Borowski (Hof, 1979), me ha impactado mayormente. Se trata de una partitura orquestal de casi 25 minutos de duración, pero que da la sensación de una mayor extensión temporal, algo que Borowski parece pretender, pues una de sus indagaciones en Sérac es la del comportamiento de materiales musicales diversos en una cohabitación a largo plazo: cómo la relación se establece y profundiza por la convivencia mantenida (aunque para una exploración realmente consecuente tendríamos que irnos a unas duraciones más propias del último Feldman). Sérac tiene como referencia la ascensión, en 2008, de once montañeros al K2, muertos todos ellos en un cuello de botella entre dos séracs de un glaciar. Borowski no tiene interés en una descripción programática o moral de esa ascensión y muerte, sino en adentrarse en cómo toda una cadena de causalidades desemboca en ese momento fatal en el que el ser humano se topa con el colapso de una pared de hielo que convierte lo que era reto y desafío en helada tumba: líneas de existencia, por tanto, condenadas a entrecruzarse desde diferentes orígenes, no tanto por una supuesta 'casualidad' como por esas cadenas sucesivas de causalidades. A pesar de no resultar estrictamente programática, el movimiento continuo que pone en marcha la partitura, su avance entrecortado pero de clara direccionalidad, nos remite a una ascensión trabada por dificultades y puntuales momentos de mayor interés instrumental; aunque, en conjunto, resulta un trabajo algo anodino.

El belga Stefan Prins (Kortrijk, 1979), uno de los enfants terribles de la música europea, vuelve a las Donaueschinger Musiktage de la mano de su ensemble de referencia, el Nadar, con Mirror Box Extensions (2014-15), partitura para ensemble, electrónica y vídeo (que en esta edición NEOS ha omitido: una pena, pues pensábamos que, tras la inclusión del formato DVD en la edición de las Donaueschinger Musiktage 2014, se podría abrir una vía más que pertinente para propuestas audiovisuales como las de Prins: habitual alquimista de música e imágenes). Como su título indica, Mirror Box Extensions es una extensión temática y conceptual de la previa Mirror Box (Flesh+Prosthesis #3) (2014), en la que Stefan Prins indagaba en la extensión/sustitución del cuerpo humano con prótesis tecnológicas que creasen una poética musical trasunto de la fisicidad del cuerpo. Esa caja-en-espejo serviría aquí para aliviar la sensación de ausencia de un miembro amputado, creada la ilusión de su existencia por medio de reflejos musicales. Ahora bien, existe un contexto, un recuerdo, el marco en el cual esos movimientos se producían, con una sustancia física de fondo, no como una simple simetría provocada por el reflejo; de ahí que Mirror Box Extensions no sea simplemente una inversión desdoblada de temas, sino toda una arquitectura a modo de holograma musical para crear una realidad acústica virtual, algo en lo que ensemble y electrónica colaboran para sintetizar las masas híbridas tan típicas en Prins, ya conocidas en nuestro diario por medio de obras como Fremdkörper #1 (2008), Generation Kill (2012), o I'm your body (2014). Como en todas ellas: prolija exploración de técnicas extendidas, los típicos traqueteos prinsianos que tanto nos remiten a una ráfaga de metralleta como a una desaforada máquina de escribir eléctrica, desdoblamientos acústico-electrónicos de sustancia híbrida prácticamente irreconocible, etc.; todo ello con una sonoridad muy actual, aunque con una poética dura y asfixiante. Además, en sus notas se remite el compositor belga a la 'Ley mordaza' del Partido Popular; en concreto, a la manifestación en su contra celebrada en Madrid el 12 de abril de 2015 frente al Parlamento, acto que, según la nefanda Ley Orgánica de protección de la seguridad ciudadana ('Ley para la autoprotección atrincherada del gobernante', deberíamos rebautizarla), podría ser constitutivo de delito al carecer de autorización por parte de papá-Estado («¡La calle es mía!», afirmaba otro personaje de ingrato recuerdo en épocas que parece querer resucitar su prole política). Es por ello que Prins quiere que su música sirva, igualmente, de cuerpo hologramizado para que la ausencia de fisicidades concretas -legalmente imputables- sustituya la manifestación física por una proyección sonora contra un poder opresor de tales ínfulas totalitarias. Aunque dichos presupuestos nos coloquen en puertas de lo ya avanzado por la ciencia ficción: con manifestaciones de individuos-holograma resistiendo ante un poder saturnal (ilústrese al gusto, tanto con Rubens como Goya), quizás sean tales los tiempos hacia los que nos encaminamos. Agradecer desde España, por tanto, la sensibilidad y el posicionamiento de Stefan Prins en nuestras luchas político-sociales con los -así- herederos de regímenes totalitarios que creíamos, en parte, superados.

Ya en el segundo SACD, nos encontramos con el francés Mark Andre (París, 1964), a quien tengo entre los compositores más sólidos y sustanciales del siglo XXI: uno de esos artistas a los que podemos llamar maestros. "über" (2015) es un buen ejemplo de ello, de ahí que esta pieza para clarinete, orquesta y electrónica se erija, en mi opinión, como lo más destacado de esta edición en cuanto a unir modernidad estética y musicalidad. Estamos ante una obra prácticamente susurrada, extremadamente frágil, en la que los crescendi que en otras partituras serían convencionales elevaciones sonoras adquieren el volumen de un verdadero tsunami. «Sombras de desapariciones» es una de las imágenes a las que recurre el propio Andre para que visualicemos una música tan sutil, que el francés afirma se decide en los intersticios de lo que entendemos por composición: en sus huecos y pequeños trazos. El título se extrae del Libro de los Números, lo que vuelve a conectar la obra del parisino con la Biblia, por medio de esa mirada de Dios que bendice y cuida del hombre desde lo alto, una mirada que da paz y bendice nuestra existencia (según el capítulo 6 del Libro de los Números)...

...Mark Andre se adentra en su obra en el intersticio entre quien bendice y los bendecidos; es decir, en la relación entre Dios y el ser humano: temática recurrente en un compositor con tan arraigada fe cristiana. El hombre es visto por Andre como una criatura en proceso de desaparición, lo que señala en él un estado de fragilidad en cuyos intersticios metafísicos desarrolla sonoridades entre las rugosidades ruidistas y las alturas que desarrollan, transforman y hacen desaparecer materiales en tiempos y espacios que generan estructuras y sonoridades mínimas. La fragilidad de esos espacios intersticiales hace que las fronteras de lo determinado se quiebren, dejando paso a compases abiertos en el clarinete, algo que en esta versión del estreno mundial se beneficia de los recursos técnicos, la creatividad y la sabiduría en la improvisación del clarinetista y compositor alemán Jörg Widmann. Parte de esos pasajes indeterminados son analizados por el sistema informático del mítico EXPERIMENTALSTUDIO des SWR para desdoblar los materiales del clarinete y crear nuevos intersticios aún más complejos, dada la proximidad de unos materiales que parecen continuidad de un mismo trazo. Las estructuras creadas por clarinete y electrónica alimentan el tejido orquestal, lo que multiplica aún más los campos en reverberación, los intersticios y la fragilidad de un entramado de reflejos en el que un sólo cambio desestabilizaría la cadena de espejeos: de ahí que Mark Andre hable de "über" como de una «comunión sónica», participando cada miembro de la grey de un cuerpo (sonoro) que los hermana. Mark Andre espera que en los pasajes más desolados de su partitura, aquellos en los que el hombre apela a su creador («vox clamantis in deserto», escribe en sus notas), se pueda experimentar la experiencia metafísica de la tierna presencia del Espíritu Santo... Espero no ser tachado de hereje, pero la edición de este estreno en SACD no da para tanto, aunque no por ello dejamos de refrendar que "über" es la página de mayor enjundia y calado de estas Donaueschinger Musiktage 2015 (al menos, en lo que NEOS ha recogido en disco compacto).

Al italiano Francesco Filidei (Pisa, 1973) parece que se le quedaba corto aquello tan freudiano de matar al padre, pues se ha decidido a matar al patriarca de la música (uno de ellos) en su orquestal Killing Bach (2015). Más, aún, si pensamos que el propio Filidei afirma que Bach es el creador de lo más perfecto que puede imaginar sobre la Tierra: una música que ataca inmisericordemente con todo tipo de sonoridades agresivas que pueden ir desde disparos de armas a golpeos wagnerianos, entre cuyos impactos resuena la insondable belleza del preludio de un Tristan und Isolde (1855-65) que, como Bach, cambió la faz del planeta musical. Todo ello diseminado a lo largo de una partitura entre lo cómico y lo grotesco, que vuelve a enfrentar a Francesco Filidei con la historia: ese momento iniciático que parece profesión de vida en tantos artistas italianos, abrumados por el peso de un pasado tan a flor de piel en su país. Filidei, además de compositor, es organista, de ahí que, en la reflexión sobre su papel como creador, se haya propuesto una 'confrontación' musical en cinco piezas orquestales con cinco compositores históricos para indagar quién es él por medio de su mirada al otro, desvelando, así, la posible existencia de una voz propia (o el medirse con el coro de los maestros, que decía otro escrutador de la historia, como Luigi Nono). Fiori di Fiori (2012) fue la primera pieza de este ciclo, dedicada (y confrontada) a un tótem de la música italiana, como Girolamo Frescobaldi. En Killing Bach, Filidei pretende renovar el sentido sagrado de la música a través de su violencia inherente, de sus pulsiones. Afirma que hubiese podido escribir una música 'bella', pero que ha optado por una partitura perturbadora que puede parecer divertida, pero que no lo es, pues pone el dedo en la llaga de una situación política que se está volviendo peligrosa para todos, no sólo para el mundo de la cultura y la música. Hace unos días, escuchábamos en Madrid al cineasta lituano Jonas Mekas expresarse en términos semejantes: él, que conoció el horror de la Segunda Guerra Mundial y la deportación, y que afirmaba que se está produciendo una deshumanización de dimensiones planetarias realmente preocupante. Quizás a ello contraponga Filidei, como Stefan Prins en Mirror Box Extensions, la manifestación, los gritos y los petardos que escuchamos en el final de un Killing Bach en cuyos últimos compases resuena en soledad un metrónomo que podría ser el pulso de la historia, un péndulo que nos muestra que, por más música comercial y ráfagas que se lancen contra Bach, es su belleza, su espiritualidad y su perfección, la que finalmente permanece como brújula frente a una debacle como la que vivimos, marcada por la trivialización de cuanto debería ser referencia, a pesar de las 'blasfemias' -reconoce Filidei- por él realizadas en sus ataques inmisericordes a una roca bachiana cuya consistencia lo resiste todo; uniéndose el italiano a una larga nómina de homenajes al kantor de Leipzig que ya había tenido un precedente no alejado de este Killing Bach en la Sankt-Bach-Passion (1981-85), obra de alguien que tantas veces se adentró en la historia de la música aunando humor y respeto, como Mauricio Kagel.

Por último, el israelí Yoav Pasovsky (Haifa, 1980) nos presenta, también en estreno, otra pieza orquestal: Pulsus alternans (2015). Se trata de una partitura que nos recuerda, de algún modo, al mejor Steve Reich, pues se adentra en el estudio de los procesos musicales de convergencia y divergencia, a través de una abigarrada red de motivos armónicos que emergen y se disuelven buscando puntos de encuentro entre dos grupos orquestales, cada uno de ellos con un director (aquí, Péter Eötvös y Gregor Mayrhofer) y tempi dispares. Aunque bastante convencional en cuanto a sonoridades, el resultado final es de una gran potencia expresiva y atractivo, oscilando entre repeticiones claramente discernibles como procesos mecánicos y unas sonoridades que Pasovsky dice continuas: masas texturales móviles que abarcan a ambos grupos orquestales, subyugantes por un halo mágico cercano en su mistérica belleza a algunos pasajes de esa película tan hermosa que es Der Himmel über Berlin (1987), de Wim Wenders, con banda sonora original de Jürgen Knieper. Como en el caso de las obras precedentes, nos encontramos con primeras grabaciones mundiales, siendo todas ellas estrenos absolutos excepto el octeto de Georg Friedrich Haas. El nivel interpretativo es mayúsculo, por lo que el impacto de los sucesivos alumbramientos está garantizado, tanto en lo humorístico como en lo más moderno y/o refinado, pues aunque algunas de las partituras no nos hayan causado una especial impresión, cierto es que la maestría de sus autores en el manejo de los medios instrumentales es más que evidente.

Las tomas de sonido, como es habitual en las Donaueschinger Musiktage, corren a cargo de la SWR, siendo la excelencia de las mismas la ya conocida tanto en los registros de la radio alemana como en las ediciones del sello NEOS. Al acortarse considerablemente esta edición de las jornadas a tan sólo dos SACDs, el libreto es menos generoso que en la edición de 2014 (entonces, 126 páginas; ahora, 43); pero, de nuevo, aporta ensayos muy sustanciosos a cargo de los compositores. Fotografías de cada uno de ellos completan una edición que no por escueta deja de ser intensa y repleta de invitaciones a conocer las rutas de la música actual más viva; además, con el mérito de una heterogeneidad de lo más variopinto.

Estos discos han sido enviados para su recensión por NEOS.

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