España - Cataluña

Publicidad engañosa

Jorge Binaghi
lunes, 24 de julio de 2017
Barcelona, lunes, 17 de julio de 2017. Gran Teatre del Liceu. Il Trovatore, Roma, Teatro Apollo, 19 de enero de 1853. Libreto de S. Cammarano con agregados de L. E. Bardare y música de G. Verdi sobre la obra teatral homónima de A. García Gutiérrez. Dirección escénica y concepto escenográfico: Joan Anton Rechi. Vestuario: Mercé Paloma. Video: Project 2 (Sergio Gracia)- Luces: Albert Faura. Intérpretes: Artur Rucinski/ George Petean (Conde de Luna), Marco Berti/Piero Pretti (Manrico), Kristin Lewis/Tamara Wilson (Leonora), Marianne Cornetti (Azucena), Carlo Colombara/Marco Spotti (Ferrando), María Miró (Inés), Albert Casals (Ruiz), Carles Canut (Goya), y otros. Orquesta y coro del Teatro (maestra de coro: Conxita García). Director: Daniele Callegari. Representaciones de los días lunes 17 y martes 18 se julio.
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Me temo que esta crítica será algo larga, no sólo porque, en contra de lo que suelo, escribiré sobre los dos repartos para las nueve funciones (ya un progreso sobre las veintidós de la última vez), una en transmisión directa el 21. Hablemos primero de algo ‘externo’ pero ‘relacionado con’. Nada se puede hacer si un señor se abanica con furia visto el calor reinante y no entiende que el rumor impide oír bien, o si una señora tiene un ataque de tos justo en un momento crucial y luego procede a rebuscar en su bolso hasta encontrar el caramelo de sus sueños que tiene un envoltorio especialmente ruidoso e interminable. Pero sorprende que en las dos funciones ingrese un número importante de espectadores rezagados (en un caso tras la primera escena, y aún; pero en el segundo cuando empezaba el aria de Leonora en el primer acto).

Tampoco es habitual en otros grandes teatros (París, Viena, Milán, Berlín, Londres) que los carteles publicitarios lleven frases de reclamo un tanto ‘vistosas’ y claramente superficiales. No tengo nada contra las fotos (hasta ahora eran de versiones anteriores del Liceu o de los teatros de donde provenían las producciones). Pero ahora, con la seminueva producción ‘local’ (en coproducción con Oviedo), levantada sobre las ruinas de la anterior (que se lo tiene merecido) de la que apenas queda la caja escénica, tenemos, primero las fotos de tres cantantes del primer reparto, en estilo cartel publicitario de un film de Hollywood años cincuenta, impresión que se refuerza más cuando se ve escrito lo siguiente: ‘Una cuestión pendiente. Dos hombres enfrentados. Guerra, pasión y venganza en el Liceu.” El caso es que los repartos son dos y los protagonistas cuatro. No suelo ser ‘políticamente correcto’, pero dejar fuera al personaje más novedoso y mejor caracterizado por Verdi, Azucena, imagino que no será porque es mezzosoprano y gitana no muy joven. Y como ‘resumen’ de la improbable historia es pobre. Menos mal que no se agregó ‘sexo’, que a lo mejor tenía más tirón.

Luego se cita a Goya (ya hablaremos ahora), se dice que la trilogía de Verdi cambió la historia de la música (soy el primero a quien gustaría creerlo, y si más modestamente se hablara de la ópera estaría muy de acuerdo), y se termina citando a cantantes de cinco estrellas, y mencionando a cuatro: de cinco no hay ninguno, pero de los citados sólo una es de, digamos, cuatro; a los restantes mejor no se me pregunte cuántas estrellas les pondría. En las dos primeras funciones el teatro estaba lleno, como pasa con un Verdi tan popular, pero había localidades libres.

Todas las funciones han sido dedicadas a Joaquim Molins, recientemente fallecido, y hasta hace muy poco presidente del Liceu, cargo al que renunció precisamente por sus problemas de salud.

La nueva producción nos proyecta sobre el fondo imágenes de ‘Los desastres de la guerra’ de Goya, y, con más frecuencia aún, varias de las frases que los definen y cuya adecuación al momento dramático es opinable. Que al empezar el sublime canto de Leonora al amor como consuelo se proyecte Amarga presencia (luego seguido de otras como Con razón o sin ella) lo deja a uno perplejo. En cuanto al personaje de Goya, que Canut representa bien pero al parecer entre escéptico y agobiado las más de las veces se limita a pasear y mirar pensativamente a los personajes que en general o lo ignoran o lo miran perplejos, y dos veces con el sombrero lleno de luces (no he tenido paciencia para leer la larga parte que el programa dedica a las explicaciones del director de escena; no creo que haya, nunca, necesidad de las mismas para entender, y si hacen falta, mala cosa). Pero al principio parece tener más participación.

El relato de Ferrando es ‘animado’ por la presencia de una vivandera o sirvienta bella y rubia a la que se manosea y termina con la cara cortada por Ferrando, que al parecer, en el ardor de la narración, la toma como representante de la vieja gitana bruja; allí Goya reaparece para ayudar a la muchacha, furiosa y dolorida, a volver por donde ha llegado (nadie me pregunte qué tiene que ver esto con el tal relato). También cuando entra Leonora y entonces se reproducen imágenes de bellas damas de corte Goya la está pintando, pero algo ocurre entre ellos porque la soprano le da la carta, que luego le exige Inés por orden del Conde (de paso, hay una relación muy ambigua entre estos dos personajes) y cuando las cosas se complican Inés le ordena retirarse (no parece que don Francisco quede muy bien parado; curiosamente no parecen interesarle los gitanos porque en el inicio del segundo acto es la única escena en la que no se lo ve deambular). Con lo cual se ha conseguido arruinar la entrada del Conde (Verdi y su libretista calculaban bien ese efecto) antes de tiempo, Leonora lo ve antes de modo que es más tonta que de por sí al confundirlo.

Olvidaba decir que llevan todos siempre los mismos trajes pese al paso del tiempo (se ve que había crisis también entonces) y ni siquiera cambia de sitio o desaparece la flor entre manola y Carmen que lleva la noble dama de la reina. Azucena es afecta al trago y utiliza además la botella para expresarse; Manrico quiere quitársela, pero su supuesta y autoritaria madre sólo se la da cuando quiere reparar lo que se ha escapado de su boca (en dos semanas he visto a dos personajes bien complejos ‘explicados’ con su alcoholismo). Si el coro de hombres tiene que ‘irse y ocultarse’ para luego raptar a Leonora, aquí se quedan sentaditos en la iglesia con capuchas sin que nadie, salvo la astuta Inés, los reconozca. Por cierto, las sillas juegan un gran papel: hasta se convierten en pira, y especialmente el Conde, pero no sólo él, cada vez que puede se sienta (por ejemplo en el primer acto; será por lo inquieto y celoso que está). Si llegan refuerzos en el tercer acto ni se los ve y todo el coro canta mientras limpia sus armas en el fondo de la escena. Azucena pide venganza al viejo gitano con el que tampoco sabemos qué tiene que ver (es claro que en el libreto se lo dice a Manrico y así lo había yo visto hasta ahora, pero siempre se puede aprender). Luego de que Leonora acceda a entregarse al Conde para liberar a Manrico, el de Luna, sometido a una gran abstinencia sexual, intenta meterle mano mientras suenan las frases de introducción del último cuadro (es verdad que fue más ardoroso y llegó a más el día del primer reparto).

Callegari dirigió con eficacia y sin imaginación, con tiempos muy rápidos y sonoridades a veces muy densas, con lo que en algún momento algunos pasaron apuros; los coros (en especial el de los gitanos y el del tercer acto tuvieron acentos bandísticos). La orquesta estuvo bien; el coro muy bien. No voy a repetir lo de la necesidad de los cuatro mejores cantantes porque para mí en realidad son cinco (si alguien cree que Ferrando es un rol comprimario puede escuchar en youtube, si no la conoce ya, la versión de un tal Ezio Pinza). Lo que sucede es que nunca ha sido fácil reunirlos y menos con dos repartos. Tal vez con el barítono y el bajo dela primero y los otros tres del segundo habríamos conseguido algo más equilibrado y cercano a una buena función.

La carrera de Lewis ha sido para mí siempre un misterio, pero nunca la había escuchado en forma tan deficiente como aquí. Pasemos por su irregular italiano, su confusión en la letra de ‘Tacea la notte’, algún otro olvido. No sabe ‘girar’ la voz, no hay forma de que haga un trino o de que ligue bien los sonidos, el grave es inexistente a menos que recura a una especie de voz natural distinta por color y volumen al resto, los recitativos son o exagerados o inertes, las ‘messe di voce’ (cuando las hay) un remedo no siempre feliz de lo que deben ser; sólo el agudo (si no hay que sostenerlo) tiene eficacia. Lo peor de todo lo tuvimos en las dos cabalettas de sus arias y en la del dúo con el barítono. Si se nos quería hacer conocer a una soprano de nombre el Liceu –supongo- habrá tomado nota de que Angela Meade ha debutado, con gran éxito, en partes muy difíciles en Bilbao, Sevilla y Madrid (y me parece que me estoy dejando alguna otra plaza). Aquí no la hemos visto.
Wilson en cambio lo hizo muy bien, con algo menos de volumen que antes y un agudo a veces un punto metálico, pero nunca recurrió a trucos y demostró saber cantar y tener medios, estilo y técnica. La mejor de lejos, pero auque realizó todos los trinos, los de ‘D’amor sull’ali’ no fueron siempre precisos.

Rucinski es una voz más bien mediana pero bien proyectada y bonita, de buena extensión y fue siempre un aristócrata. Petean tiene más caudal, voz más fea y anónima, poca o ninguna distinción en la escena y en el canto (dio el agudo no escrito al final de su gran recitativo ‘Leonora è mia!’ pero es justo la zona aguda la que ahora aparece menos estable y con menos color), y no hablemos de sus recitativos absolutamente triviales.

Pienso que cuando se repite un cantante en un título es porque o se trata del mejor o porque lo ha hecho muy bien la vez anterior. No hay muchos Manricos en circulación, y Berti ha tenido siempre –y conserva- una voz grande, de color tenoril, pero canta cada vez más como si recitara la lista de la compra, abusa de su extensión y fuerza, y si a fuerza de volumen puede dar en general la parte ‘guerrera’ del personaje, la más íntima se le ha escapado antes y se le escapa más ahora. Creo que nunca he escuchado una página tan lírica y poética como ‘Ah, sí, ben mio’ (para colmo cantada al público mientras Leonora va y viene por detrás) ejecutada con tanta indiferencia. Francesco Meli no ha cantado nunca en este teatro; habría sido un buen vehículo para su debut (y no lo considero del todo ideal). El segundo Manrico tendría que haber sido Yonghon Lee, pero problemas familiares lo obligaron a cancelar. Hubo suerte en poder conseguir a Pretti, un tenor lírico de buen color de voz, de fraseo correcto aunque genérico, con un centro más bien débil y un agudo justo pero capaz de hacer frente a las exigencias de la parte. No un grande, pero sí muy efectivo. Si sólo escuchara más la lección de Bergonzi.

Ekaterina Gubanova decidió por razones personales no cantar Azucena (imagino que una razón puede haber sido no sentirse cómoda con el rol, pero es una suposición). Sólo una función la cubrirá la mezzo Larisa Kostyuk; las demás, a cargo de Cornetti. Todo un ‘tour de force’. La mezzo tiene buen volumen, el timbre desgastado e hiriente en el agudo (el creciente ‘s’alza al ciel’ de ‘Stride la vampa’ fue solucionado, como algún otro momento, de aquella manera), los graves son siempre de pecho, y tiende a exagerar la caracterización (en la segunda función le lanzó un ‘Bastardo!’ a Ferrando como conclusión del acto que esperemos que no haga escuela). Colombara no está pasando por un buen momento y el timbre parece resentido y el agudo no es siempre firme, pero en conjunto es superior al monótono Spotti que conserva todo su calor (oscuro,pero no bello) junto con una tendencia a la monotonía en canto y recitativos que termina por cansar. Casals fue un buen Ruiz y Miró una excelente Inés (el primer día parecía más interesante su voz que la de la soprano debutante).

Bien, si alguien ha llegado aquí, no podré asistir a la versión en concierto de una selección de La viuda alegre porque ya no estaré en Barcelona el 27, única función, por lo cual, felices vacaciones y será, tal vez, hasta la próxima temporada.

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