Francia

El libérrimo libertino liberado

Jesús Aguado
viernes, 28 de julio de 2017
Aix-en-Provence, viernes, 7 de julio de 2017. Grand Théâtre de L'Archevêché. Igor Stravinski. The Rake’s Progress. Libreto de Wystan Hugh Auden y Chester Simon Kallman, basado en una serie de grabados de Willam Hogarth. Simon y Gerard McBurney, dirección escénica. Intérpretes: Julia Bullock, Anne Trulove. Paul Appleby, Tom Rakewell. Kyle Ketelsen, Nick Shadow. David Pittsinger, Father Trulove. Evan Hughes, Nick Shadow 2, Keeper of the Madhouse. Hillary Summers, Mother Goose. Andrew Watts, Baba the Turk. Allan Oke, Sellem, an auctioneer. Coro English Voices, Tim Brown, director. Orchestre de Paris. Dirección musical, Eivind Gullberg Jensen
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Tras asistir el día anterior a la Carmen de Tcherniakov, en la que tuve la sensación de estar siendo examinado para medir mi índice de moderno intelectual abierto a las nuevas tendencias, la explosión de pura magia teatral que supuso The Rake’s Progress fue un soplo, casi un vendaval de aire fresco verdaderamente revitalizante. Es evidente que la obra de Stravinski no acumula el peso de tantas tradiciones de las que pueda o deba ser despojada, pero la imaginación, la energía desbordante y la sabiduría teatral desplegada por todo el equipo creativo capitaneado por los hermanos Simon y Gerard McBurney fue tan apabullante y tan cargada de belleza, ironía y verdad, que la experiencia resultó inolvidable y probablemente mucho más catártica que otras propuestas más sesudas y supuestamente provocadoras.

Comienza la ópera, aún de día (el Théâtre de L'Archevêché está al aire libre) con el telón bajado. Antes de comenzar la música, entra Anne, vestida de negro, con un ramo de flores que deposita en el centro del escenario. Comienza la música y el telón se alza, descubriendo una escena completamente blanca, una especie de gran caja en uno de cuyos rincones vemos a Tom, en una imagen que anticipa su final, en la celda de un manicomio. Cuando comienza la acción, Anne, despojada ya de su negro vestido, entra en el blanquísimo escenario, que se ilumina con la proyección de un paisaje en el que se desarrolla la primera escena. Un fondo blanco y proyecciones, qué cosa más antigua, se podría pensar. Pero de pronto, cuando aparece por primera vez Nick Shadow, empezamos a ver que aquello no tiene nada de antiguo: entra en escena rompiendo el papel blanco, abriendo un agujero que permanecerá ahí hasta el final de la función. Y de pronto, la proyección empieza a moverse siguiendo a los personajes, y cualquier reticencia queda aniquilada ante la brillantez teatral conseguida. Las proyecciones continúan, pero son dinámicas, se mueven, se acercan, se alejan, se multiplican, crean mil efectos diferentes, pero siempre al servicio de la historia. Londres nos ofrece imágenes de lujo, glamour y alta tecnología, pero también de pobreza y sordidez, y a medida que todo va ocurriendo, los personajes y elementos nuevos que aparecen lo hacen rompiendo también el blanco papel del fondo, de manera que esa especie de caja blanca del principio se va llenando de agujeros y va por lo tanto siendo destruida al mismo tiempo y al mismo ritmo que la vida de Tom, ese libertino al que acompañamos en su viaje inevitable hacia la pobreza y la locura.

'The Rake’s Progress' de Igor Stravinski. Dirección musical, Eivind Gullberg Jensen. Simon McBurney, dirección escénica. Aix-en-Provence, Grand Théâtre de L'Archevêché, julio de 2017 'The Rake’s Progress' de Igor Stravinski. Dirección musical, Eivind Gullberg Jensen. Simon McBurney, dirección escénica. Aix-en-Provence, Grand Théâtre de L'Archevêché, julio de 2017 © Patrick Berger / artcompress, 2017

Resulta difícil describir la riqueza de imágenes empleada, pero algunos momentos fueron absolutamente sublimes, como la primera referencia a Baba la Turque, en que pasamos de unas enormes fotografías del personaje a un mosaico de miles de pequeñas imágenes en un deslizamiento vertiginoso. Toda la escena en la casa de Tom y Baba es impresionante, con jirafas, colmillos de elefante y sarcófagos egipcios rompiendo nuevamente el fondo blanco, paredes y techo floreciendo con los más estrambóticos objetos y personajes, figurantes y coro moviéndose entre todos aquel disparatado y gigantesco bric-à-brac. Y la escena en que Nick es derrotado y condena a Tom a la locura antes de hundirse en el infierno, con imágenes de cruces de cementerio que literalmente se hunden en uno de los rincones del escenario mientras Nick es arrastrado por una horda de almas en pena en un momento realmente impresionante e inolvidable. La producción va a ser emitida por un canal de televisión franco-alemán, y les recomiendo vivamente que intenten verla, no será lo mismo que verla en directo, pero realmente es un espectáculo que merece la pena.

'The Rake’s Progress' de Igor Stravinski. Dirección musical, Eivind Gullberg Jensen. Simon McBurney, dirección escénica. Aix-en-Provence, Grand Théâtre de L'Archevêché, julio de 2017 'The Rake’s Progress' de Igor Stravinski. Dirección musical, Eivind Gullberg Jensen. Simon McBurney, dirección escénica. Aix-en-Provence, Grand Théâtre de L'Archevêché, julio de 2017 © Patrick Berger / artcompress, 2017

Paul Appleby era Tom Rakewell, el libertino cuya trayectoria se nos narra. Estuvo espléndido. Una voz elegante y potente con un agudo poderoso y una exquisita media voz que administró con sabiduría. Fue un libertino inocente y tontorrón al principio, pletórico en los excesos de las escenas de Londres y verdaderamente conmovedor en su triste final, pobre y enloquecido. Espléndido. Julia Bullock fue una Anne Trulove deliciosa, de voz cristalina y agudo fácil y etéreo. Tal vez se le pudiera pedir un punto más de potencia, pero probablemente sería a costa del hermoso timbre, y en cualquier caso resultó magnífica en su papel, consiguiendo algunos de los momentos más conmovedores de la noche. Fantástico Kyle Ketelsen como Nick Shadow, voz espléndida en todo el registro, de timbre hermoso y enorme presencia vocal y escénica. Fue un diablo más encantador que siniestro hasta su última escena, en que revela su naturaleza demoníaca e intenta conseguir el alma del pobre Tom, condenándole a la locura al ver frustrados sus planes. Su hundimiento en el infierno es una de las escenas más potentes que he visto en mucho tiempo.

'The Rake’s Progress' de Igor Stravinski. Dirección musical, Eivind Gullberg Jensen. Simon McBurney, dirección escénica. Aix-en-Provence, Grand Théâtre de L'Archevêché, julio de 2017 'The Rake’s Progress' de Igor Stravinski. Dirección musical, Eivind Gullberg Jensen. Simon McBurney, dirección escénica. Aix-en-Provence, Grand Théâtre de L'Archevêché, julio de 2017 © Patrick Berger / artcompress, 2017

David Pittsinger estuvo muy correcto como Trulove, el padre de Anne, con una agradable voz de bajo. Para el papel de Baba la Turque se contó en este caso con un contratenor, Andrew Watts, en vez de la mezzo habitual. Acertadísima decisión desde el punto de vista escénico, pues resultó una pura explosión de locura en tan histriónico personaje, pero lo cierto es que desde el punto de vista vocal estuvo más irregular. La voz tiene zonas muy hermosas, pero el continuo cambio de registro en otros momentos hacía que fuera difícil de escuchar. Hilary Summers fue una Mother Goose de imponente presencia escénica pero poco más que correcto desempeño vocal. Muy bien Alan Oke en su breve papel de subastador, y también muy bien Evan Hugues, que interpretaba al guarda del manicomio y también doblaba a Kyle Ketelsen en algunos momentos en que, cantando desde detrás del blanco fondo del escenario, se quería (y se conseguía) dar la impresión de que Nick estaba en varios lugares a la vez, en un efecto conseguidísimo.

Eivind Gullberg Jensen sustituía a Daniel Harding, que no pudo asumir la dirección por un problema en la muñeca. Realizó una dirección milimétrica, exacta, de una precisión extraordinaria, atento a los cantantes incluso cuando los tenía a sus espaldas, pues había una plataforma que rodeaba el foso por la que a veces se movían los personajes, y en general cuajó una magnífica actuación al frente de la estupenda Orquesta de París. Fantástico el coro English Voices, dirigido por Tim Brown.

Ya he mencionado la magnífica puesta en escena, llena de imaginación y de soluciones escénicas realmente sorprendentes, por lo que no me resisto a mencionar el nombre de todos sus responsables: al frente de todo el equipo, los hermanos Simon y Gerard McBurney, decorado de Michael Levine, espléndido vestuario de Christina Cunningham, acertadísima iluminación de Paul Anderson, deslumbrantes proyecciones en vídeo a cargo de Will Duke y brillante coreografía de Leah Hausman. Teatro, puro teatro, y del mejor, no se la pierdan si tienen ocasión, es un buen consejo.

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