DVD - Reseñas

Sentido artístico y sentido comercial

Raúl González Arévalo
martes, 15 de agosto de 2017
Jacques Offenbach: Les Contes d’Hoffmann. John Schlesinger, director de escena. Maria Björnson, vestuario. William Dudley, escenografía. Vittorio Grigolo (Hoffmann), Thomas Hampson (Lindorf, Coppélius, Dappertutto, Miracle), Sofia Fomina (Olympia), Christine Rice (Giulietta), Sonya Yoncheva (Antonia), Kate Lindsey (Niklausse/Muse), Christophe Mortagne (Spalanzani), Eric Halfvarson (Crespel), Vincent Ordonneau, Catherine Carby (espíritu de la madre de Antonia), David Junghoon Kim (Nathanaël), Charles Rice (Hermann), Yuriy Yurchuk (Schlémil), Jeremy White (Luther), Olga Sabadoch (Stella). Royal Opera Chorus. Orchestra of the Royal Opera House. William Spaulding, director del coro. Evelino Pidò, director. Jonathan Haswell, director de vídeo. Subtítulos en francés, inglés, alemán, italiano. Formato audio: LPCM Stereo, DTS 5.1. Formato vídeo: NTSC 16:9. 2 DVD de 225 minutos de duración. Grabado en el Covent Garden, Royal Opera House de Londres (Reino Unido) el 15 de noviembre de 2016. SONY 88985376619. Distribuidor en España: Sony Classical España
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Lo primero que me pregunto cuando me llega un lanzamiento para reseña es qué sentido tiene. En el caso de la música clásica en general se puede distinguir claramente entre sentido artístico y sentido comercial. El primero justifica el interés de una grabación desde el punto de vista musical: primicias, recuperación de patrimonio, interpretaciones novedosas o excepcionales. El segundo no siempre concuerda con el primero. De hecho, el mercado del disco no se habría saturado, acabando con la gallina de los huevos de oro, si muchas grabaciones perfectamente prescindibles no se hubieran materializado, pese a la previsible imposibilidad de recuperación de inversión.

Estos nuevos Cuentos de Hoffmann ¿se justifican desde el punto de vista artístico? Difícilmente: la puesta en escena, maravillosa, tiene más de tres décadas y ya era conocida gracias a la grabación de 1981 con protagonistas de altura: Domingo, Serra, Baltsa y Cotrubas dirigidos por George Prêtre (Kultur). Desde el punto de vista musicológico, menos aún: en la segunda década del siglo XXI la edición Choudens de la obra póstuma de Offenbach es inadmisible. No solo porque los recitativos no son del compositor, sino de Guiraud (qué también musicó los de Carmen para sustituir el diálogo original). Ni siquiera por incluir música espuria, como el aria “Scintille diamant” -del compositor, pero no de la ópera- y el llamado “sexteto con coro” montado sobre el tema de la barcarola. Si no, sobre todo, porque no incluye una cantidad ingente de música que ha ido apareciendo con posterioridad a la edición de 1907. Además, la alteración del orden original de los actos, con el de Giulietta precediendo al de Antonia, tiene poco sentido desde el punto de vista dramático. Por último, la edición de Choudens dificulta en la práctica que una misma soprano cante los personajes femeninos principales. En esta ocasión, al menos, los cuatro villanos son encarnados por un mismo cantante, a diferencia de lo que ocurrió en 1981.

En consecuencia, la justificación artística solo tendría salida en interpretaciones excepcionales. Está claro que Sony fía el reclamo de su lanzamiento en sus dos estrellas más mediáticas: Vittorio Grigòlo y Sonya Yoncheva. Tal vez también en el prestigio de Thomas Hampson. Ciertamente los dos primeros constituyen prácticamente el único interés del DVD. Lo cual es un problema en una obra con un reparto tan extenso, en el que flaquea la tercera columna apenas nombrada, y los demás se mueven entre la corrección y el buen desempeño profesional.

No me voy a detener en la producción firmada en 1980 por John Schlesinger, que tiene el encanto de una belleza algo marchita. Escenografía lujosa y bien diferenciada, vestuario y caracterización cuidados hasta el último detalle. Movimiento de masas fluido y manejo del espacio escénico intachable desde el punto de vista dramático.

Desde el punto de vista musical, el peso recae sobre el tenor. Como le ocurrió previamente a Marc Lahò y a Eric Cutler, Vittorio Grigòlo tiene una voz demasiado clara para el poeta. Aunque otros intérpretes como Alfredo Kraus supieron plasmar un retrato inolvidable con sus medios. Sin llegar al dominio estilístico del canario, el italiano supera en este punto a un Plácido Domingo cuyo recuerdo en la misma producción y edición musical -la comparación es casi obligada en consecuencia-, con un timbre más broncíneo y aterciopelado, es una constante. Grigòlo no sigue la vía de la caracterización psicológica atormentada al estilo de un Schicoff, por el contrario, opta por la vía del canto apasionado, casi exuberante, explotando la belleza indiscutible del timbre y el encanto juvenil del intérprete. En definitiva, en un papel con una tradición tan variada -como el de Werther- la satisfacción del espectador dependerá del aspecto que valore más. En cualquier caso, se trata de un buen Hoffmann, aunque no sea memorable.

El caso de Thomas Hampson es más complicado. Le avala una trayectoria artística sobresaliente, pero el americano nunca ha sido el bajo-barítono que requieren los cuatro villanos. Antes bien, conforme ha pasado el tiempo su voz se ha ido incluso aclarando. En consecuencia, desde el punto de vista vocal, carece del peso específico necesario -por no hablar de la debilidad de los graves- para convencer con el mero canto. Sin embargo, siempre ha sido un artista inteligente que ha convencido a través de la palabra. El magisterio en la intención que imprime a la frase, gracias a la claridad de la dicción, permanece inalterado, e incluso muestra una paleta de colores más variada de lo habitual, lo que resulta un punto decisivo a su favor, a condición de que no comparemos con otros grandes cantantes-actores del pasado y el presente (Bacquier, Van Dam, Naouri). Muy bien como cantante y actor el cómico Vincent Ordonneau con los cuatro sirvientes.
 
Entre las mujeres el plantel está dominado por la estupenda Antonia de Sonya Yoncheva. La búlgara, estrella emergente entre las sopranos, es una gran voz, bella y matizada, y logra conmover con su desdichado personaje. Por el contrario, Sofia Fomina es una Olympia de mecanismo imperfecto como muñeca mecánica, corta en el agudo, seco el timbre y tacaña en las variaciones. Mucho mejor la cortesana de Christine Rice, que puede hacer frente a esta Giulietta porque no tiene la virtuosa aria “L’amour lui dit: la belle”. Imprime una oscura sensualidad en el dúo con Hoffmann. Kate Lindsey tiene poco que cantar en esta versión como Niklausse/La Musa, pero probablemente sea mejor así dada la medianía vocal de la intérprete, mejor como actriz. La larga lista de secundarios que sigue no se destaca particularmente, salvo excepciones como Halfvarson, imponente Crespel.

Evelino Pidò es un buen director, pero nunca ha sido genial. Dirige con más oficio que maestría una orquesta y una producción que se guían solas, aunque hay que reconocer que sabe acompañar voces y apoyarlas para cubrir sus necesidades y resaltar sus puntos fuertes. La Orquesta y el Coro del Covent Garden se desempeñan rutinarios, con un buen nivel, pero sin la brillantez que ofrecen siempre con su director titular, Antonio Pappano. En definitiva, para fans de Grigolo y Yoncheva.

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