Bélgica

Un torero frente a seis victorinos

Ruth Prieto
lunes, 9 de octubre de 2017
Bruselas, domingo, 24 de septiembre de 2017. Teatro de La Monnaie . Mitten war in Lebed send/Bach 6 Cello suite. Ane Teresa De Keersmaeker, Jean-Guihen Queyras/Rosas. Coreografìa Anne Teresa De Keersmaeker. Cello Jean-Guihen Queyras. Creado e interpretado por Boštjan Antončič, Anne Teresa De Keersmaeker, Marie Goudot, Julien Monty, Michaël Pomero. Producción Rosas . Co-produccion La Monnaie / De Munt, Ruhrtriennale, Concertgebouw Brugge, Le Théâtre De La Ville Avec Le Festival D’automne À Paris, Sadler’s Wells (London), Les Théâtres De La Ville De Luxembourg, Opéra De Lille, Ludwigsburger Schlossfestspiele, Elbphilharmonie (Hamburg), Montpellier Danse 2018. Co-presentación Kaaitheater, Bozar Music.
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Un musicólogo experto en Bach hablaba un día de las Suites de cello como del triunfo de la mente sobre la materia. Otro musicólogo me explicaba estos días que hay una teoría un poco osada de otro musicólogo australiano que sostiene la posibilidad de que fuera Anna Magdalena, segunda esposa de J.J. Bach y madre de sus 13 hijos, que ya tiene mérito, la autora original de ese conjunto de piezas (¡cómo se enteren las asociaciones de mujeres en la música!).

Escritas entre 1717 y 1723 y compuestas cada una de 6 movimientos, las Suites de Bach para violoncelo solo, representan una obra en su conjunto que es una de las agrupaciones de piezas más bellas jamás escritas para este instrumento, y diría yo que para cualquier instrumento.

Pero vayamos a la obra en cuestión. El elemento principal de esta producción son las Suites de cello de Johann Sebastian Bach, consideradas un hito, piedra angular de la historia de la música occidental. Una vez más nos sigue fascinando esta música maravillosa por sus connotaciones intelectuales, por su sublime arquitectura musical, por su dinamismo rítmico, por su complejidad melódica, por su relación entre los elementos individuales-los elementos propios de cada suite- con los que son comunes a todas, y sin duda 300 años después, por su vanguardismo, que mantiene intacta su esencia contemporánea.

Otro de los elementos de esta creación es el encargado de dar vida a la música, el violoncellista Jean-Guihen Queyras, que interpreta las suites una tras otra, cambiando de posición, de espaldas, de lado, en diagonal, fuera del escenario, en la boca del escenario, en la chácena con una naturalidad y virtuosismo difíciles de alcanzar. Todo esto ya sería como un torero enfrentándose en solitario a 6 victorinos de estampa y trapío. Pero es que además tiene que convivir en el escenario con bailarines que a veces dibujan sus movimientos tan cerca de él que uno se pregunta cómo podía el cellista concentrarse y que aun así aguanta el tirón magistralmente –la proyección del sonido al tocar de espaldas al público no tanto-, y claro uno piensa, bueno es que es Queyras, si le ponen boca abajo también lo hubiera bordado. Impresionante. Simplemente hoy en día en su mejor momento. El mejor.

Seguimos desgranando. Por otro lado y muy al gusto de la coreógrafa belga Anne Teresa De Keersmaeker, un escenario vacío, una puesta en escena minimalista de una gran austeridad, vestuario que parecía ropa de andar por casa, la iluminación perfecta. Un continente casi vacío sin distracciones para llenarlo de música y coreografía con 5 bailarines, incluida Anne Therese, entre los que hay que destacar el increíble dinamismo de Marie Goutot. Fantástica. Ambas en la tercera suite de cello dibujan uno de los momentos más intensos y poéticos de la creación, con De Keersmaeker bailando con Marie Goudot. Cada suite combina la personalidad de un bailarín con el elemento común de la coreógrafa que también hace de nexo al principio de cada suite y con un gesto: una línea (en la suite 1), dos líneas paralelas (en la suite 2), un triángulo (en la suite 3), un cuadrado (en la suite 4), un círculo (en la suite 5) y un rectángulo (en la suite 6) anunciando cada vez donde estamos.

Y lo cierto es que llegado a este punto tengo que decir que nunca he sido muy fan de interpretar a Bach fuera de un instrumento de música. Las suites son de tal belleza en mi opinión, que me sobra todo, la música no necesita de nada más, se basta y se sobra. Y aunque he seguido el trabajo de la coreógrafa y sé de su afinidad con Bach, presente en varias creaciones anteriores, una cosa es una pieza en un conjunto de músicas y otra las 6 Suites de Bach. Tenía mis dudas, muchas dudas, incluso tratándose de Anne Therese. Pero De Keersmaeker persiste en la idea de perseguir una coreografía que capture la esencia de la música de Bach, desde hace tiempo. Difícil empeño. Pero por momentos, sin forzarlo y casi sin que te des cuenta lo consigue y es tan natural que parece que siempre fue así. Hay momentos impresionantes, desafiantes.

No es coincidencia que los cinco bailarines se unan con el violonchelista en el escenario durante la sexta suite 5+1. En esta producción, la partitura de Bach, interpretada por Jean-Guihen Queyras es interpretada, pensada, explorada, acompañada, soñada, gritada y susurrada a través de una coreografía para tres bailarines y dos bailarinas, la propia De Keersmaeker una de ellas, que componen una simbiosis de la música y la danza sorprendente, templando y con una despaciosidad por momentos que es pura alquimia.

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