España - Galicia

Bel maestro

Alfredo López-Vivié Palencia
jueves, 12 de octubre de 2017
Santiago de Compostela, viernes, 6 de octubre de 2017. Auditorio de Galicia. Vincenzo Bellini: La Sonnambula, ópera en dos actos, libreto de Felice Romani (versión de concierto). Marina Monzó (Amina), Jesús León (Elvino), Felipe Bou (Conde Rodolfo), Eva Tenorio (Lisa), Pedro Martínez Tapia (Alessio), Nuria Lorenzo (Teresa), Pablo Carballido (Notario). Coro Gaos (Fernando Briones, director). Real Filharmonía de Galicia. Manuel Coves, director. Asistencia: 100%.
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Quienes de ustedes tienen la santa paciencia de leerme saben que un servidor es proclive al repertorio procedente de la margen derecha del Rhin. De hecho, cuando vi que la temporada de la Real Filharmonía de Galicia comenzaba con este título, confieso que mi primera reacción fue dejarlo pasar; la segunda, asistir sólo al primer acto; y la tercera, quedarme hasta el final porque el primer acto me había entusiasmado. Y como el segundo acto también me gustó (como a todo el público, que aplaudió a rabiar), pues no he querido desaprovechar la ocasión de contárselo.

Además la función era en versión de concierto, de manera que se ahorra uno el tener que comentar aspectos que en una obra como esta resultan completamente supérfluos. Al fin y al cabo, La Sonnambula es la enésima ópera que trata del conflicto irresoluble entre el pecado más típicamente masculino -dejarse querer- y el más típicamente femenino -no querer ver-; y a esos efectos los cantantes actuaron lo suficiente (es decir, muy poco) como para dejar claro cómo transcurría la cosa, y de ese modo facilitar la concentración en la belleza de la música por sí misma.

Dicen que el Bel canto consiste en eso, en cantar bonito. Y a fe que esta noche se cantó mucho y muy bonito. Apunten el nombre de la valenciana Marina Monzó. Lo cantó todo, lo cantó bien, dio sus acrobacias con seguridad, y encima exhibió una voz preciosa y se notó que había estudiado el papel a fondo. Lo mejor estuvo en su segunda aparición sonámbula, previa a la conclusión: pura elegancia y pura sabiduría; lo no tan bueno fue esa célebre conclusión, en la que quiso soltarse la melena y se descontroló un poco. Y de pronto, al sobrevolar el programa de mano, leo que esta mujer tiene sólo 23 años.

El mexicano Jesús León tiene la voz ideal para este repertorio, fina y bien educada, aunque a él sí le falta seguridad en la parte más alta de la tesitura, y la afinación sufre. Pero se llevó una buena ovación tras su aria del segundo acto, actuada sin aspavientos innecesarios. La pareja cómica cumplió de sobras, Eva Tenorio con su instrumento bien coloreado, y Pedro Martínez Tapia dejándome con ganas de escucharle en recital. También Nuria Lorenzo y Pablo Carballido en sus breves cometidos. No tanto Felipe Bou, a quien su veteranía no llegó a valerle el grado. Discreto el coro, pero tampoco hacía falta pedirle más.

Todo esto no habría servido de nada si la orquesta no hubiera cantado igualmente bien. Lo hizo, con una cuerda sedosa y con el conjunto de los instrumentos de viento -estupendo el cuarteto de trompas que lidera Jordi Ortega- demostrando por qué en Alemania se le llama Harmoniemusik. Y si la orquesta cantó, fue porque al frente tenía a un maestro que sabe cantar. El jienense Manuel Coves también es joven (un director cuarentón lo es), pero esta noche hizo gala de la madurez que se requiere para acompañar con mimo, para frasear con buen gusto, para respirar los silencios, y para administrar el final de cada número con esas casi imperceptibles retenciones del tiempo orquestal que sirven para prolongar la belleza del canto cuando la voz se calla.

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