España - Cataluña

Veintitrés melodías vascas

Silvia Pujalte
miércoles, 25 de octubre de 2017
Barcelona, viernes, 20 de octubre de 2017. Capilla de Santa Ágata. Miren Urbieta Vega, soprano, Rubén Fernández Aguirre, piano, y Jordi Bosch, actor. Canciones de Jesús Guridi, Andrés Isasi, Pablo Sorozábal, Manuel García Morante, Antón García Abril y Félix Lavilla. Lied Festival Victoria de los Ángeles 2017
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Tras cinco ediciones ya hablamos con naturalidad en Barcelona del LIFE Victoria, a veces sencillamente del LIFE, abreviando el nombre con que se dio a conocer el Lied Festival Victoria de los Ángeles, impulsado en sus orígenes por el barítono Enric Martínez Castignani y organizado por la fundación dedicada a conservar el legado de la soprano. En este quinto año, el festival alarga su duración respecto a los años previos (del 20 de septiembre al 30 de noviembre) manteniendo la estructura que ha defendido desde el primero, que se basa en tres líneas: los recitales de lied, la formación y la promoción de jóvenes intérpretes. Para este año 2017 se han programado once recitales principales con artistas consagrados, mientras que los más jóvenes participan bien con conciertos más breves (que buscan también atraer a un público más joven) o como teloneros en los conciertos principales. La formación se dirige tanto específicamente a los músicos jóvenes, con dos programas de masterclasses como al público en general (estudiantes de música incluídos), con conferencias, coloquios, etc.

Otra característica del LIFE Victoria es que evita las (escasas) salas de cámara de la ciudad y programa sus conciertos en espacios alternativos, asumiendo que tienen peor acústica a cambio de disfrutar de la singularidad del entorno. Hemos vivido recitales en lugares tan hermosos como la Pedrera, el Recinte Modernista de Sant Pau, concebido, como el Palau de la Música Catalana por Domènec i Montaner (que funcionó hasta el año 2009 como uno de los grandes hospitales de Catalunya) o la Capilla de Santa Àgata, un edificio gótico construído en 1302 que en la actualidad forma parte del Museo de Historia de la ciudad.

Miren Urbieta Vega,  Rubén Fernández Aguirre y Jordi Bosch Miren Urbieta Vega, Rubén Fernández Aguirre y Jordi Bosch © 2017 by Josep Vicens

En esta capilla es donde disfrutamos de un recital centrado en la canción vasca con un programa tan bien construido que vale la pena detenerse en comentarlo. Las canciones de Guridi nos devolvieron las "versiones originales" de sus bien conocidas Diez melodías vascas; esta obra orquestal parte de canciones populares, de las que escuchamos cuatro, armonizadas por el compositor. De Isasi escuchamos otras cuatro canciones, en este caso escritas a partir de sus propios poemas, y la primera parte acababa con cuatro canciones más de Sorozábal, una selección de sus Siete lieder sobre textos de Heine. como bien sabemos, uno de los poetas más importantes en el lied. Tres compositores, tres maneras de acercarse a la poesía. La segunda parte del concierto estaba cargada de implicaciones emocionales: cuatro canciones de Félix Lavilla, profesor de Rubén Fernández Aguirre; cuatro canciones de García Morante dedicadas a Lavilla, que además se estrenaban en este concierto (excepto para un preestreno que tuvimos ocasión de vivir la tarde anterior), en ambos casos armonizaciones del rico patrimonio popular vasco, y tres canciones de García abril, Tres nombres de mujer, dedicadas a García Aguirre, con poemas de Blas de Otero, Bernardo Atxaga y Angela Figuera Aymerich.

La voz de Miren Urbieta Vega llenó la capilla, segura, bella y bien proyectada ya desde la primera nota, expresiva. Se echó de menos en algunas piezas una mayor claridad en los textos en español (difícilmente podría opinar sobre la dicción en las canciones en euskera); dado que un actor con tanta experiencia como Jordi Bosch también pecó en ocasiones de dicción poco clara, quizás podemos atribuir esta circunstancia a un "mal entendimiento" con la acústica de la sala; en cambio, el diálogo de Fernández Aguirre con la sala fue más fluido que el de sus compañeros. En conjunto, el recital tuvo un muy buen nivel, cantante y pianista se entendieron perfectamente y Jordi Bosch, con su solvencia habitual, contribuyó a subrayar las palabras de los diferentes poetas.

Es inevitable destacar Ala Baita entre las canciones de Guridi, la preciosa segunda Amorosa de las mencionadas Melodías, aunque esta cronista hubiera preferido una versión menos expansiva. O el encanto tan especial de las canciones de Isasi, por ejemplo Canto a la Virgen, interpretada, ahora sí, con recogimiento, o Diligencia en el camino, con el sonido agridulce de los cascabeles. Las canciones de Sorozábal nos proponían un ejercicio siempre interesante: escuchar una lectura infrecuente de poemas de Heine célebres por las versiones de Schumann, teniendo en cuenta además que Sorozábal parte de la traducción de José Arregui al euskera; en este "experimento" merece una mención especial la interpretación de Lotoren Lorak, (Die Lotosblume). Encantadoras también, por su sabor popular pero a la vez refinado, las armonizaciones de García Morante y Félix Lavilla; tanto, por ejemplo, la divertida Adizan Gabriela del primero, interpretada con intención, como las delicadas Anderegeya (el acompañamiento evocaba por momentos un cuadro puntillista) y Loa-Loa del segundo,donde Miren Urbieta lució medias voces. Las tres canciones de García Abril mostraban otra cara de la canción, sofisticada y de concepción concertística, con papel muy protagonista para el piano; Ainhoa fue una preciosa muestra de esta otra manera de entender el género.

El concierto comenzó como había terminado, con Guridi, ya que la propina fue la Romanza de Mirentxu (Goizeko eguzki Argiak) del idilio vasco del mismo nombre, pero había tenido una previa muy pianística la tarde anterior,  el coloquio "El piano en el lied", con Manuel García Morante, Rubén Fernández Aguirre y Francisco Poyato. Ya que uno de los puntos que se trató es el poco caso que hacemos todos (programadores, conservatorios, público, crítica... ¡incluso los cantantes!) al piano, no está de más dedicarle unas líneas al debate.

Nos detenemos en una idea que apareció varias veces durante la charla: la necesidad de entender el lied como música de cámara, empezando por los propios intérpretes. Por una parte, los pianistas; Francisco Poyato recordaba con humor como en sus tiempos de estudiante, cuando acompañaba a cantantes, "el texto le molestaba mucho", porque se acercaba a las piezas desde una visión puramente musical. Su relación con los textos cambió durante su formación en Austria, y eso cambió también su relación con los cantantes: "lo que nos diferencia es lo que nos complementa". Por su parte, Fernández Aguirre, que por su implicación con el mundo coral desde pequeño ha vivido con naturalidad una relación estrecha entre voz y piano, explicaba que todavía hay muchos cantantes que tienen problemas para asociarse con los pianistas, manteniéndose en un plano de superioridad que dificulta el trabajo en común (o, directamente, hace que la relación profesional termine). Y esto, ¿por qué? quizás porque los conservatorios, tradicionalmente, han orientado a los estudiantes de piano hacia el concierto como solista, dando a entender de manera subliminal que esta es la única opción posible para un buen pianista. Igualmente estuvieron de acuerdo los tres pianistas en que el lied es una excelente escuela para cantantes y pianistas y que los enriquece como profesionales también cuando se dedican a otros géneros musicales. No faltó el optimismo, las cosas cambian aunque sea despacio, así que nos quedamos con este espíritu positivo.

Y ya que hablamos de pianos: el recital en la Capilla de Santa Ágata "reestrenó" el piano de Victoria de los Ángeles, una vez restaurado después de tantos años en desuso.

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