España - Madrid

Elegancia y seguridad

Nuria Delgada
martes, 7 de noviembre de 2017
Madrid, domingo, 24 de septiembre de 2017. Auditorio Nacional Sala Sinfónica. Manuel Blanco, trompeta. Bertrand Chamayou, piano. Orquesta Nacional de España. Semyon Bychkov, director. Dimitri Shostakovich: Concierto para piano y trompeta nº 1 en do menor, opus 35. Piotr I. Chaicovsky: Sinfonía n.º1 en sol menor, opus 1, “Sueños de Invierno”.
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A punto estaba de comenzar el concierto cuando una voz en off nos comunica que la primera obra, “Oresteia Overture” de Sergey I. Taneyev, se omitía sin dar explicaciones al respecto dejando al público en un interrogante que desapareció tras la aparición del trompetista Manuel Blanco, dando paso a la segunda y más relevante obra del programa previamente anunciado, Concierto para piano y trompeta en do menor  op 35 de Dimitri Shostakovich. La cosa iba para largo ya que se trataba de cuatro movimientos: Allegretto, Lento, Moderato, y Allegro con brio.

Resultó acertada la colocación de la reducida orquesta alrededor de un piano y de una tarima con una silla, un atril y una especie de mesilla donde el trompetista colocaba sus enseres como un paño y varias sordinas.  La seguridad con la que entró Manuel Blanco en el primer movimiento nos dejó claro que el concierto no iba a dejar rescoldos en nuestros deseos de escuchar a un buen solista en el manejo de su instrumento. Así transcurrió la obra, con elegancia y seguridad. El pianista, Bertrand Chamayou, no solo estuvo a la altura, sino por momentos desafiaba el virtuosismo de su compañero. Los movimientos trascurrían como un acontecimiento difícil, o complejo llevados por una destreza fácil de percibir.

La maestría de Semyon Bychkov, hizo que este proyecto musical fuera posible en todas sus dimensiones. Sus manos, sus ojos, los ojos de Manuel, los silencios, fueron contribuyentes para una compenetración tan aguda que sin este prodigio a la batuta no sé si hubiera sido posible que se llevara a cabo un proyecto con tanto esmero. Al término de la obra los intérpretes solistas nos sorprendieron con dos propinas colmando los deseos de un público afable, recíproco, y muy agradecido.

En la segunda parte del concierto pudimos disfrutar de la plantilla completa de la orquesta para que tuviera lugar la Sinfonía n.º 1 en sol menor op 13, “Sueños de invierno” de Piotr Ilich Chaicovsky. La incorporación de la tuba, trompetas, y el resto de instrumentos daban rienda libre a que la imaginación se mezclara con la del compositor adentrándonos en los campos más abruptos y embrujadoramente mágicos de su folclor natal. La interpretación de la orquesta bajo la batuta de éste invitado director, nos hizo dar un viaje que llevaríamos más allá de que finalizara el concierto. Poco tengo que decir al respecto de alguien que haya escuchado una de las orquestas más maduras y profesionales del mundo.

Me decepcionó comprobar la paridad de la orquesta, una de las más punteras y competitivas de España, no había ni una sola mujer en los vientos y percusión. Razón por la cual la Nacional me pareció una de las orquestas más rancias de España.

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