Discos

Un siglo de revoluciones

Paco Yáñez
lunes, 6 de noviembre de 2017
Nikolái Obujov: Four Balmont Songs; Deux pièces; Conversion; Icône; Création de l'Or; Invocation; Aimons-nous les uns les autres; Adorons Christ; La paix pour les réconciliés - vers la source avec le calice; Le Temple est mesuré, l'Esprit est incarné. Ivan Wyschnegradsky: Deux Préludes pour Piano opus 2; Etude sur le Carré Magique Sonore opus 40. Serguéi Protopopov: Sonata Nº1 opus 1; Sonata Nº2 opus 5; Sonata Nº3 opus 6. Arthur Vincent Lourié: Cinq Préludes fragiles opus 1; Deux Poèmes opus 8; Quatre Poèmes opus 10; Synthèses opus 16; Formes en l'air; Dnevnoj uzor. Aleksandr Mosólov: Sonata para piano Nº1 en do menor opus 3; Sonata para piano Nº2 en si menor opus 4; Sonata para piano Nº4 opus 11; Sonata para piano Nº5 en re menor opus 12; Dos nocturnos para piano opus 15. Aleksandr Scriabin: Deux Morceaux opus 57; Sonata para piano Nº7 "Misa blanca" opus 64; Deux Danses opus 73; Cinq Préludes opus 74. Ígor Stravinski: Piano-Rag-Music. Nikolái Róslavets: Prélude à la Memoire d'Arkady Abaza; Deux Compositions; Cinq Préludes. Thomas Günther, piano. Frank Kämpfer e Ingo Schmidt-Lucas, productores. Ingo Schmidt-Lucas, ingeniero de sonido. Cuatro SACDs DDD de 284:36 minutos de duración grabados en la Deutschlandfunk Kammermusiksaal de Colonia (Alemania), en noviembre de 2008, febrero de 2010, marzo de 2012 y marzo de 2014. Cybele 4S161405
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Debido al uso a principios del siglo XX en el Imperio ruso del calendario juliano, asociamos la Revolución bolchevique con el mes de octubre, si bien para quienes seguimos el calendario gregoriano la Revolución rusa se completó en noviembre, con los sucesos acontecidos en Petrogrado entre los días 6 y 8 de dicho mes de 1917, de los que conmemoramos esta semana, precisamente, su primer centenario...

...y nada mejor para hacerlo, que traer a nuestra sección discográfica la soberbia edición que, con el título Klavierwerke um den Russischen Futurismus, el sello alemán Cybele ha publicado agrupando obras de compositores rusos escritas entre 1908 y 1957, con una especial presencia de partituras creadas en torno a los años de la Revolución de octubre (noviembre): ese periodo de efervescencia política y social en una Petrogrado (como se denominó a San Petersburgo entre 1914 y 1924) que concentraba lo más granado del arte y la cultura rusa a principios del siglo XX, tal y como la música, la pintura, el cine, el teatro, el ballet o la literatura han dejado constancia. Ahora bien, la edición de Cybele pretende, asimismo, mostrar los vínculos entre los movimientos artísticos de vanguardia en Rusia y la tradición que surge y se enraíza en el siglo XIX, de la que es puente Alexander Scriabin (1872-1915), presente en este álbum de cuatro SACDs.

Abre el primero de ellos Nikolái Obujov (Kursk, 1892 - París, 1954), con dos colecciones de pequeñas piezas para piano escritas, el primer grupo, en los años anteriores a la Revolución de octubre, en 1915 y 1916, mientras que el segundo lo escribe ya en Francia, país al que emigró huyendo de la Revolución bolchevique, entre 1942 y 1952. Estamos en la estela más directa de Scriabin, tanto por su estructura armónica como por su amplia paleta cromática -audible en aforismos como Création de l'Or (1916)-, además de por su misticismo y por las implicaciones astrales y espirituales de una música que nos sitúa en la antesala de Olivier Messiaen, con sus tonalidades suspendidas y resonantes, así como en línea con el impresionismo de Claude Debussy. Se mantiene la explícita declaración de fe cristiana en el Obujov tardío, expresada aquí en sus tensas construcciones de acordes hacia un final victorioso en partituras como Adorons Christ (1945) o Le Temple est mesuré, l'Esprit est incarné (1952), repletas de color y simbolismo religioso. El recorrido como compositor de Ivan Wyschnegradsky (San Petersburgo, 1893 - París, 1979) es similar, pues escuchamos una pieza temprana compuesta en Rusia, Deux Préludes pour Piano opus 2 (1916), junto con una partitura de su etapa tardía, también francesa, Etude sur le Carré Magique Sonore opus 40 (1957). De nuevo, en su música podemos trazar rutas que nos conducen al Messiaen más lírico y paisajista, así como a Scriabin, por su exaltado uso del color en alianza con lo melódico. Pero si un pasaje de Wyschnegradsky nos habla de un ambiente tumultuoso (¿prerrevolucionario?), ése sería el 'Allegro irato' del opus 2, con su rabiosa polirritmia, en los albores de sus trabajos atonales. Mientras, su opus 40, con influencias de Scriabin y cierto arcaísmo soterrado, se vincula con la música de la posguerra, incluso con un Boulez o un Stockhausen -sostiene en sus notas el pianista Thomas Günther-, con su individualización de los dedos en los ataques y una construcción que se multiplica en los ejes horizontal, vertical y diagonal, condensando los estudios microtonales característicos de Wyschnegradsky, repletos de colorido e iridiscencias. También en el primer compacto, de Serguéi Protopopov (Moscú, 1893-1954) escuchamos su Sonata Nº2 opus 5 (1924), pieza de raudos procesos armónicos que se expanden aliados con un ritmo muy vivo, en la senda de Scriabin, mientras que por virtuosismo, apunta a Serguéi Prokofiev.

Ya en el segundo SACD, Arthur Vincent Lourié (San Petersburgo, 1892 - Princeton, 1966) vuelve a mostrarnos el clásico ejemplo de entusiasmo inicial con el estallido revolucionario y su utopía, seguido de una casi inmediata desafección, proscripción de su obra y exilio, primero a París y después a los Estados Unidos. La obra de Lourié que aquí escuchamos es previa a su partida, y anterior también a la Revolución, comprendiendo piezas como Cinq Préludes fragiles opus 1 (1908-10), Deux Poèmes opus 8 (1912), Quatre Poèmes opus 10 (1912), Synthèses opus 16 (1914), Formes en l'air (1915) y Dnevnoj uzor (1915). Todas ellas nos muestran el precoz talento de un Lourié repleto de delicadeza en sus primeras partituras para piano, aún con ecos del romanticismo ruso y del impresionismo coetáneo; así como -según Thomas Günther- de un Robert Schumann desposeído de su carácter Sturm und Drang, algo que lo dota de una firmeza técnica inmaculada, pero con mayor distancia y luminosidad. En su opus 8, este cromatismo es ya audible, así como la mayor inventiva rítmica y ecos (de nuevo, cómo no) de Scriabin. Alcanzado el opus 16, Günther se pregunta si Lourié no estaría al tanto de los Drei Klavierstücke opus 11 (1909) de Arnold Schönberg, por la cercanía de la vanguardia rusa en la que Lourié se injerta, con una música más abstracta y formalizada, alcanzando un cromatismo total y una suerte de «poesía concreta». Los vínculos entre pintura y música, tan potentes en la San Petersburgo prerrevolucionaria, se amplían geográficamente y se hacen de nuevo evidentes en Formes en l'air, con su dedicatoria a Pablo Picasso (que Günther en sus notas dice, erróneamente, «pintor catalán») y su inspiración gráfica en la partitura, de una enorme modernidad sólo alcanzada en la segunda posguerra. Todo ello da como resultado una yuxtaposición de elementos tonales y disonantes para alcanzar un efecto prácticamente posmoderno. Mientras, piezas coetáneas como Dnevnoj uzor podemos entenderlas como un guiño al nuevo gusto soviético: un anticipo de los derroteros que tomaría el realismo socialista, por lo que su estructura, arquitectura tonal y estilo son más convencionales, arcaicos y accesibles. Completa el segundo disco Serguéi Protopopov, ofreciéndonos un notable contraste con su Sonata Nº3 opus 6 (1924-28). Si Lourié nos tiende un piano de pequeñas gemas, delicadas y sensibles, Protopopov nos lanza una monolítica sonata en un solo movimiento cuyas reminiscencias nos llevarán a Franz Liszt, del que es directo heredero, con su aguerrido piano, sus formas en crecimiento, su monumentalidad y su virtuosismo; de forma que el contraste no podría ser más interesante.

El tercer SACD está íntegramente dedicado a Aleksandr Mosólov (Kiev, 1900 - Moscú, 1973), otro ejemplo de conflicto entre los compositores rusos y el régimen soviético. A pesar de que, por sus piezas de sonoridades mecánicas, pudiera ser visto como un glorificador del régimen y su loa al trabajo industrial, Mosólov también fue arrestado por actividades antisoviéticas y condenado a trabajos forzados, no siendo rehabilitado completamente: auténtica losa para el desarrollo de su carrera musical. Previas a ese arresto en 1937, son las partituras por Thomas Günther aquí interpretadas, todas ellas escritas en la década de los años veinte, momento en el que Mosólov compone su pieza más conocida, la orquestal Zavod: muzyka mashin (1926-27), conocida en castellano como La fundición de acero. Parte de ese poderío se adueña ya de las piezas más antiguas de este compacto, de la Sonata para piano Nº1 en do menor opus 3 (1924) y de la Sonata para piano Nº2 en si menor opus 4 (1923-24), ambas en un nuevo contraste con las más delicadas piezas de Lourié en el anterior disco, lo que amplía nuestra profundización en la prolija heterogeneidad de la vanguardia rusa. Un ejemplo lo sería la menor influencia en Mosólov de Scriabin o del piano romántico germánico, que deja lugar a un diálogo directo con el cine y la pintura soviéticas coetáneas: más tensas, aristadas y contundentes, casi al modo de un 'suprematismo musical', igualmente vinculable con la danza, ahora más desafiante y musculada. Es por ello que tendremos que pensar en el Prokófiev pianístico, o en el Stravinski de los grandes ballets, por su arrebato atávico, aquí más mecanizado. Ahora bien, las lecturas de Thomas Günther tienen el valor, tanto en las dos primeras sonatas como en la Sonata para piano Nº4 opus 11 (1925) o en la Sonata para piano Nº5 en re menor opus 12 (1925), de poner de relieve no sólo el titanismo mosoloviano, sino sus matices, gradaciones de color y asomos de dulzura, que los hay, aunque en la mayor parte de sus compases podamos pensar que escuchamos una obra de verdadera 'ingeniería musical'. El tan exhaustivo estudio que Günther dedica a estas sonatas en el libreto del tercer SACD, conectándolas desde Schumann, Liszt y Chopin con el canto ortodoxo ruso, demuestra su amor y conocimiento por unas piezas que encuentran en este compacto algunas de sus interpretaciones más destacadas. Completan el disco dedicado a Aleksandr Mosólov los Dos nocturnos para piano opus 15 (1926), partituras en las que el musicólogo Mijaíl Druskin destaca su carácter urbano, algo que las emparentaría, saltando a otro continente, con la orquestal Central Park in the Dark (1906), de Charles Ives. Ambas, efectivamente, nos muestran un nocturno muy distinto al romántico por antonomasia, el chopiniano, cargándose de irrupciones que bien pueden ser las de las urbes del siglo XX y su ciclo de vida ininterrumpida; de ahí, su mayor motilidad y colores, que difícilmente casan con el título de la obra (si nos aferramos al concepto canónico).

Por último, en el cuarto SACD nos encontramos con esa presencia transversal a tantas de las partituras antes presentadas: la de un Aleksandr Scriabin (Moscú, 1872-1915) del que escuchamos sus Deux Morceaux opus 57 (1909), la Sonata para piano Nº7 "Misa blanca" opus 64 (1911), las Deux Danses opus 73 (1914) y los Cinq Préludes opus 74 (1914). El Scriabin de Thomas Günther es de una gran belleza poética, muy atento al color y a la sinestesia (sin perder un ápice en lo técnico). No resulta tan directo y aguerrido como los de Vladimir Ashkenazy (Decca 452 961-2) o Roberto Szidon (Deutsche Grammophon 431 747-2), siendo más cercano al lirismo de Ruth Laredo (Nonesuch 7559-73035-2), con un piano más delicado y amable. No podía faltar Ígor Stravinski (Oranienbaum, 1882 - Nueva York, 1971) en una edición dedicada a las vanguardias rusas, aunque buena parte de lo más sustancial de su carrera en esos años la desarrollara en Francia. Su Piano-Rag-Music (1919) bebe de influencias transatlánticas para dejarnos un piano febril en lo rítmico, con asomos del jazz y una organización métrica tan virtuosística, que por momentos parece escrito para ser ejecutado a cuatro manos. Gran lectura, la de Thomas Günther. Nikolái Róslavets (Surazh, 1881 - Moscú, 1944) ofrece un contraste total con su Prélude à la Memoire d'Arkady Abaza (1915), obra suspendida, de una enorme espiritualidad, marcada por su carácter elegíaco. Su pianismo es de corte decimonónico, algo que se escucha igualmente en sus Deux Compositions (1915) y en los Cinq Préludes (1919-22), aquí magníficamente tocados, como el resto del disco, que completan dos conocidos de compactos anteriores: Serguéi Protopopov, con su Sonata Nº1 opus 1 (1920-22), en otro contraste estilístico, por su garra y poderío; y Nikolái Obujov, del que escuchamos una versión alternativa de Adorons Christ, partitura presente en el primer disco de una estupenda selección en la que, por supuesto, echamos de menos algunos nombres de la Rusia revolucionaria, como Serguéi Prokófiev, pero que arroja luz sobre compositores no tan grabados como lo son el propio Prokófiev, Scriabin o Stravinsky, mostrando la heterogeneidad de un periodo histórico apasionante.

Como es habitual en un sello tan exquisito como Cybele, la edición de estos cuatro compactos es de auténtico lujo, comenzando por unas grabaciones portentosas que se ofrecen en SACD, tanto estéreo como 5.0 multicanal, además de en DSD. La calidad de sonido es, por tanto, uno de los puntos fuertes de esta edición, en la que parece que tengamos al propio Thomas Günther en el salón de casa. Además, cada uno de los compactos presenta un generoso libreto, sumando un total de 220 páginas repletas de información sobre el contexto general de las vanguardias rusas, el desarrollo en el marco del nuevo Estado soviético de los compositores y un estudio detallado de cada partitura, con ensayos de Mark Ziegler y Thomas Günther. Numerosísimas fotografías de gran valor documental, ejemplos de partituras y una muy detallada información técnica de cada SACD, completan una edición altamente recomendable para conocer en lo musical el momento revolucionario en torno a 1917, precisamente en la semana en la que conmemoramos su primer centenario, tanto en lo político como en lo artístico-musical.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Cybele

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