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Cuando una señorita me dice que es romántica…

Jesús Aguado
lunes, 13 de noviembre de 2017
Bilbao, sábado, 21 de octubre de 2017. Palacio Euskalduna. Giuseppe Verdi. I Masnadieri. Libreto de Andrea Maffei, basado Die Räuber, de Friedrich von Schiller. Dirección de escena, Leo Muscato. Federica Parolini, escenografía. Alessandro Verazzi, iluminación. Silvia Aymonino, vestuario. Aquiles Machado, Carlo. Marta Torbidoni, Amalia. Vladimir Stoyanov, Francesco. Mika Kares, Massimiliano. Juan Antonio Sanabria, Arminio. Petros Magoulas, Moser. Alberto Núñez, Rolla. Leo Muscato, Coro de Ópera de Bilbao, Boris Dujin, director. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección musical, Miguel Ángel Gómez Martínez
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Comienza ABAO su temporada anual sumando un título más a su hercúleo proyecto Tutto Verdi con uno de los títulos menos representados del genio de Busseto, I Masnadieri. Estrenado en Londres con gran éxito ante la mismísima Reina Victoria, las razones por las que no forma parte del repertorio más habitual de los teatros resultan evidentes: por un lado, si bien desde el punto de vista musical tiene momentos inspirados, en general la música resulta bastante conservadora, belcantista y cabalettista (discúlpese el neologismo), y por otro, el libreto de Maffei es una especie de antología del disparate romántico al que cuesta encontrar sentido. Basado en Die Räuber, la primera obra dramática de Schiller, queda reducido a una sucesión de inverosímiles truculencias de escaso aliento poético. Verdi, amigo personal de Maffei, no quiso interferir apenas en el proceso de escritura, como sí tenía por costumbre hacer con Piave, su libretista habitual de la época. Los personajes resultan planos e increíbles, sin que la romántica y juvenil rebeldía ante las convenciones sociales, motivación última del drama de Schiller, aparezca por ningún lado. No es que la verosimilitud o la lógica escénica sean requisitos imprescindibles para que una ópera se represente constantemente en los principales teatros, pero realmente I Masnadieri llega a unos extremos de romanticonería (discúlpese también el neologismo) que la hacen difícilmente digerible. 

En cualquier caso, las consideraciones anteriores sobre la obra, que creo necesarias al ser un título tan desconocido, no tienen nada que ver con lo que a partir de este momento me ocupa, que es la representación del pasado sábado 21 de octubre en el Palacio Euskalduna, aunque tal vez sea necesaria una última referencia a lo dicho anteriormente, y es el hecho de que la escasa presencia de la obra en los teatros debe hacer especialmente difícil el casting, ya que probablemente no demasiados cantantes la tengan en su repertorio, sobre todo los protagonistas, que tienen una presencia musical de bastante calado. El reparto original de ABAO ha sufrido varias alteraciones desde su anuncio, e imagino que si difícil es encontrar un protagonista, más difícil aún es encontrarle un sustituto o sustituta, o incluso dos, como ha sido el caso en alguno de los roles.

El papel de Carlo, el hijo rebelde transformado en bandido de buen corazón, tanto que acabará asesinando a Amalia, su amor, por considerarse indigno de ella, lo encarnaba Aquiles Machado. Quiero pensar que el tenor sufría esa noche de algún tipo de indisposición que no se anunció, pues su actuación estuvo muy lejos del nivel que se supone en un teatro como el Euskalduna. La voz sonó abierta, el timbre resultaba extraño y las subidas al agudo fueron franca y manifiestamente peligrosas. Alguna frase aislada de buen canto no consiguió enderezar una impresión francamente pobre, que estoy seguro que el venezolano, de amplia carrera, enderezará en futuros compromisos. A su lado, la joven Marta Torbidoni resultó infinitamente más sólida. El papel de Amalia, la enamorada de Carlo que le es fiel en la adversidad para acabar apuñalada por él mismo en el extrañísimo final de la obra, es casi donizettiano en su uso del bel canto, no en vano fue estrenado por la sueca Jenny Lind, una de las más destacadas estrellas belcantistas del momento. La voz de Torbidoni es robusta y ágil a la vez, con un característico timbre un tanto oscuro que sorprende, sin embargo, por la facilidad con la que sube al agudo y la exactitud con la que resuelve todas las coloraturas. Únicamente en el registro más sobreagudo se pudo apreciar alguna tirantez que no empañó la grata impresión que dejó en toda su actuación.

Momento de la representación de 'I Masnadieri' de Verdi. Dirección musical, Miguel Ángel Gómez Martínez. Leo Muscato, dirección de escena. Bilbao, Palacio Euskalduna, octubre de 2017Momento de la representación de 'I Masnadieri' de Verdi. Dirección musical, Miguel Ángel Gómez Martínez. Leo Muscato, dirección de escena. Bilbao, Palacio Euskalduna, octubre de 2017 © E. Moreno Esquibel, 2017

El barítono Vladimir Stoyanov era Francesco, el malo malísimo hermano traidor que consigue que el intento de Carlo de reconciliarse con su padre fracase, que el propio padre se muera del disgusto (o finja morirse), que intentará casarse con Amalia en contra de su voluntad, y que acabará, cómo no, consumido por los remordimientos y suplicando el perdón de un dios en el que nunca ha creído. Qué sería de las óperas de Verdi sin los barítonos, e I Masnadieri no es una excepción: si bien desde el punto de vista dramático el personaje es un despropósito, musicalmente no cuesta relacionarlo con otros papeles verdianos para la cuerda, y aunque aún falten muchos años para el Iago de Otello, el despliegue de maldad ya está ahí. Stoyanov estuvo sólido, cantando sus arias con convicción y elegancia, dictando un curso intensivo de barítono verdiano que al menos consiguió que un papel tan excesivo como el de Francesco se escuchara con agrado. Lo mismo se puede decir del cuarto protagonista: Mika Kares era Massimiliano, el padre de semejante familia disfuncional, que añora a su hijo bandido, que está a punto de morirse de la impresión ante la falsa noticia de la muerte del retoño (inventada por su otro hijo, ríanse ustedes de telenovelas sudamericanas), y que desde ese momento se oculta en una tumba, supongo que porque un bajo romántico no puede ocultarse en otro sitio, para acabar suplicando realmente la muerte ante el trágico desenlace del enloquecido libreto. Obviando el disparate dramático, Kares fue un bajo de manual, con una voz hermosa y rotunda que supo sacar partido a las muy bellas líneas que Verdi le escribió al personaje.

Juan Antonio Sanabria estuvo muy bien como Arminio, el extraño sirviente que ayuda a Francesco a hacer creer que su hermano ha muerto para arrepentirse inmediatamente y ayudar desde ese momento a Massimiliano a fingir su muerte, sin revelarle, eso sí, que su hijo está vivo. No es un papel muy extenso, pero el tenor canario lo cantó mucho más que convincentemente con una voz que hace desear escucharle en papeles de más enjundia. El papel de Moser, el sacerdote al que Francesco acaba suplicando perdón sin obtenerlo, es bastante breve y requiere un bajo con voz rotunda que llene el teatro, que es exactamente lo que hizo Petros Magoulas. Tal vez exageró un tanto la tosquedad del personaje, pero realmente tampoco es que el papel tenga mucho más. Y por último, también muy bien Alberto Núñez en el breve papel de Rolla, uno de los bandidos. 

Momento de la representación de 'I Masnadieri' de Verdi. Dirección musical, Miguel Ángel Gómez Martínez. Leo Muscato, dirección de escena. Bilbao, Palacio Euskalduna, octubre de 2017Momento de la representación de 'I Masnadieri' de Verdi. Dirección musical, Miguel Ángel Gómez Martínez. Leo Muscato, dirección de escena. Bilbao, Palacio Euskalduna, octubre de 2017 © E. Moreno Esquibel, 2017

Destacadísima la intervención del Coro de Ópera de Bilbao, dirigido, como siempre, por Boris Dujin. Con tanto trasiego de bandidos, el coro se pasa la mitad de la obra en escena, con lo que la formación tuvo ocasión de lucir músculo y empaste, con una sonoridad plena y robusta que tan bien se adecuaba a la obra.

No es I Masnadieri ópera de grandes lucimientos orquestales, pero la Orquesta Sinfónica de Bilbao estuvo tan bien como siempre, eficaz y empastada. La dirigía Miguel Ángel Gómez Martínez, y si bien la obertura, que es básicamente un solo de violoncello, resultó demasiado lenta y sin garra, el resto de la obra el pulso fue firme, con tempi justos y un gran equilibrio sonoro. Insisto, no es una obra para que el director salga a hombros, pero Gómez Martínez supo sacarle todo el partido posible. 

La producción, del Teatro Regio de Parma, con dirección de Leo Muscato, escenografía de Federica Parolini, iluminación (tal vez el elemento más destacable) de Alessandro Verazzi y vestuario de Silvia Aymonino, era un poco moderna pero no mucho, un tanto minimalista pero no demasiado, y en general resultó eficaz sin un gran despliegue de medios. Una especie de gran pasarela central servía de refugio de bandidos, palacio de Massimiliano y cementerio, con la ayuda de algunos elementos de atrezzo (y un constante desfile de candelabros) enmarcó la acción sin molestar pero tampoco sin entusiasmar demasiado.

Momento de la representación de 'I Masnadieri' de Verdi. Dirección musical, Miguel Ángel Gómez Martínez. Leo Muscato, dirección de escena. Bilbao, Palacio Euskalduna, octubre de 2017 Momento de la representación de 'I Masnadieri' de Verdi. Dirección musical, Miguel Ángel Gómez Martínez. Leo Muscato, dirección de escena. Bilbao, Palacio Euskalduna, octubre de 2017 © E. Moreno Esquibel, 2017

En resumen, una buena noche de ópera con una ópera no demasiado buena, lo que, si se piensa, es todo un triunfo. I Masnadieri seguirá, probablemente, sin ser un título habitual del repertorio, pero ABAO nos ha dado la oportunidad de conocerlo de primera mano, algo de agradecer.

Por cierto, el título de la presente crónica es una cita de mi admirado Enrique Jardiel Poncela: “...y desde entonces, cuando una señorita me dice que es muy romántica, me apresuro a comprarle un libro de poesía y tomo un taxi, procurando que ella se quede en la acera”.

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