Alemania

Aclamada la soprano Adela Zaharia con Lucia di Lammermoor en Düsseldorf

Juan Carlos Tellechea
martes, 14 de noviembre de 2017
Düsserldorf, martes, 31 de octubre de 2017. Ópera de Düsseldorf (Deutsche Oper am Rhein). Lucia di Lammermoor, dramma tragico in due parti, ópera en dos partes y tres actos de Gaetano Donizetti, con libreto de Salvatore Cammarano, basado en la novela The Bride of Lammermoor, de Sir Walter Scott, estrenada el 26 de septiembre de 1835 en el Teatro San Carlo, de Nápoles. Régie Cristof Loy. Escenografía y vestuario Herbert Murauer. Intérpretes: Adela Zaharia (Lucia), Ovidiu Purcel (Edgardo), Laimonas Pautienius (Enrico), Bryan López González (Arturo), Bogdan Taloş (Raimondo), Maria Boiko (Alisa), Martin Koch (Normanno). Coro de la Deutsche Oper am Rhein, preparado por Christoph Kurig. Extras de la Deutsche Oper am Rhein. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Solistas Ruth Legelli (flauta), Sophie Schwödiauer (arpa). Dirección musical Antonino Fogliani (invitado). 100% del aforo.
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No sé cómo el edificio de la Deutsche Oper am Rhein, de Düsseldorf, no se ha venido abajo esta tarde. Jamás he visto aquí tanta emoción y tan estruendoso fervor del público como en la representación de Lucia di Lammermoor con la soprano rumana Adela Zaharia en el papel protagonista. Desde el principio al fin, durante las tres horas de duración del espectáculo, Zaharia fue aclamada con incontables e incontenibles gritos de ¡brava!!! ¡bravissima!!! Me parecía estar en medio de un millar de italianos, quizás en el mismísimo Teatro San Carlo, de Nápoles, donde este dramma tragico in due parti de Gaetano Donizetti, con libreto de Salvatore Cammarano, fue estrenado con gran éxito el 26 de septiembre de 1835.

La versión, del regisseur Christof Loy, con escenografía y vestuario de Herbert Murauer, estrenada el 30 de abril de 1999 en el Teatro de Duisburgo, fue repuesta ahora en la Ópera de Düsseldorf (ambas casas cooperan conjuntamente) con atronador éxito bajo la batuta del italiano Antonino Fogliani (principal director invitado de la Deutsche Oper am Rhein).

Adela ZahariaAdela Zaharia © 2017 by Hans Jörg Michel

Adela Zaharia, apabullante triunfadora hace unos días en Astaná/Kazajistán de la edición 2017 del renombrado Premio Operalia y del Premio Pepita Embil de Zarzuela, encarna a una Lucia plena de emotividad, con un virtuosismo vocal y dramático verdaderamente excepcionales. Zaharia, recorriendo todos los matices a su alcance, desde el delicado espressivo, hasta la explosividad trágica, hace una interpretación muy sólida, propia, peculiar, muy suya del personaje desdichado, infortunado, funesto de Donizetti, como si ella misma hubiera gestado ese papel. El aria Il dolce suono es magistral (vibrante la intervención solística de Ruth Legelli desde el foso) y con la soltura de una primadonna assoluta. Oímos por aquí que todo lo que hace Zaharia es sobresaliente y que en 2018 la veremos en La flauta mágica, El rapto del serallo, Rigoletto, así como en el estreno de una nueva producción de El niño y los sortilegios, de Maurice Ravel.

Adela Zaharia y Maria BoikoAdela Zaharia y Maria Boiko © 2017 by Hans Jörg Michel

El elenco entero reunido para esta reposición es asimismo brillante: el Edgardo del tenor (también rumano) Ovidiu Purcel (vitoreado por el público), el Enrico del barítono lituano Laimonas Pautienius, el Arturo del tenor cubano Bryan López González, el Raimondo del bajo rumano Bogdan Taloş, la Alisa de la mezzosoprano rusa Maria Boiko y el capitán Normanno del tenor alemán Martin Koch. Todos, incluido el coro de la Deutsche Oper am Rhein (compitiendo en el ritmo con la orquesta), preparado por Christoph Kurig, ofrecieron una velada de enorme placer, de hedonismo acústico puro.

El público disfrutó enormemente con esta extraordinaria constelación de artistas jóvenes de primer nivel belcantista (y subrayo belcantista, no comercial). En el romántico dúo de Lucia y Edgardo, Purcel deja en principio la primacía a Zaharia, y poco a poco pasa de la reserva y lírica inicial para exponer todo su temperamento, todo el color de su registro con agudos excepcionales. Mientras, Pautienius, en su Lord Enrico Ashton, se muestra enérgico, brillante, seguro, pero frío, exacto en su calculado papel.

La Düsseldorfer Symphoniker, con los solistas Sophie Schwödiauer (arpa, sobresaliente) y Ruth Legelli (flauta) tuvo momentos apoteósicos bajo la dirección de Fogliani (Messina, 1976), un fogueado especialista del Belcanto, muy escrupuloso en el cuidado del nivel sonoro de la orquesta para que no supere al de los cantantes, y un maestro en mantener unido a todo el conjunto. 

Lucia de Lamenmoor, producción de Cristof LoyLucia de Lammenmoor, producción de Cristof Loy © 2017 by Hans Jörg Michel

La puesta de Loy y la escenografía de Murauer no han perdido ni un ápice de frescura; recrean la atmósfera de pasión, amor, luchas por el poder e intrigas para la preparación de ese disfrute. Los colores de los decorados son más mortecinos para los ambientes exteriores y más fuertes para los interiores; pomposos los momentos de la firma del matrimonio; luces más intensas y concentradas en el célebre sexteto del segundo acto.

Todo lo que pasa sobre el escenario a partir de la simple fábula de la rivalidad entre las familias Ravenswood y Ashton, el concierto del vestuario, la acción y el suspense sirven en bandeja de plata las intervenciones de la primadonna assoluta; sus exquisitas arias, sus magníficos duos, tríos, el sexteto, refinadamente orquestados y dosificados a lo largo de la pieza. Los contrastes van en imparable ascenso y los intervalos en la tensión no saturan; todo lo contrario, despiertan aún más el apetito de los espectadores.

Lucia de Lammenmoor, producción de Cristof LoyLucia de Lammenmoor, producción de Cristof Loy © 2017 by Hans Jörg Michel

El concepto de Cammarano y Donizetti sobre el amor y las pasiones destructivas --ingredientes básicos sin los cuales una ópera sería solamente un discurso de pecho frío-- se ha manifiestado como una receta infalible desde un comienzo; el éxito fue imparable en los siguientes cinco años después del estreno, tanto en Italia como en todos los teatros europeos, y su carrera siempre ascendente se mantiene hasta hoy. El libretista descuidó a sabiendas el contexto histórico y político de la novela romántica de Sir Walter Scott para condensar la acción en un círculo más íntimo con el triángulo entre los dos enamorados y Enrico.

En este clásico de la era de oro del belcantismo, prima la coreografía de libro de la ópera italiana; la escalada de los afectos se corresponde con la desaceleración sobre la rampa, los gestos y la mímica se entumecen hasta quedarse en los clichés, y la escena se convierte en un podio en el que el clímax triunfal de la orquesta es sofocado por los frenéticos aplausos y bravos de la platea; un equilibrio nada facil de lograr, pero Fogliani cuenta para ello con una más que aquilatada experiencia. Las ovaciones al final de la representación se prolongaron por más de 20 minutos, con varias aperturas y cierres del telón. Los espectadores no querían abandonar la sala de la Deutsche Oper am Rhein, de Düsseldorf, hubo que expulsarlos prácticamente con un cierre definitivo del pesado cortinaje rojo del escenario.

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