Artes visuales y exposiciones

Bestandsaufnahme Gurlitt. La exposición más espectacular de la temporada alemana

Juan Carlos Tellechea
jueves, 23 de noviembre de 2017
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Es con toda seguridad la exposición binacional más espectacular del año. Por primera vez se muestra hasta el 4 de marzo en Suiza y hasta el 11 de marzo de 2018 en Alemania parte de la misteriosa colección de arte de Cornelius Gurlitt (hijo del marchante alemán Hildebrand Gurlitt, uno de los cuatro comerciantes de arte de Adolf Hitler), descubierta por pura casualidad en 2010. La exhibición tiene lugar simultáneamente en el Museo de Arte de Berna y en el Centro alemán de Arte y Exposiciones, en Bonn, dirigidos, respectivamente, por los historiadores de arte Nina Zimmer (Múnich, 1973) y Rein Wolfs (Hoorn/Holanda septentrional, Países Bajos, 1960). El catálogo de 344 páginas es de la editorial Hirmer Verlag/Múnich.

Se trata en muchos casos de obras conseguidas por métodos capciosos o por astucia en la época nazi, pero que nos cuentan exhaustivamente sobre las tragedias personales y el tratamiento de los temas relativos a la responsabilidad de Alemania en las catástrofes ocurridas en Europa en la primera mitad del siglo XX.

En las muestras, ambas tituladas Bestandsaufnahme Gurlitt (Inventario Gurlitt), cooperan muy estrechamente las dos instituciones con el objetivo de presentar el estado actual de las investigaciones sobre el sensacional hallazgo de obras que permanecieron ocultas durante más de 70 años y de cuya procedencia se está a oscuras o sabe muy poco.

Exposición Bestandsaufnahme GurlittExposición Bestandsaufnahme Gurlitt © 2017 by David Ertl

Cornelius Gurlitt (Hamburgo, 1932-Múnich, 2014), restaurador de profesión, vivía absolutamente retirado, prácticamente incomunicado y almacenaba, ocultas en dos viviendas de su propiedad, una en Múnich y otra en Salzburgo, más de 1.500 obras de arte heredadas de su padre, entre óleos, esculturas, acuarelas, pasteles, gouaches, dibujos, grabados y bocetos.

El régimen nazi (1933-1945) saqueó en Alemania y en los países que ocupó durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) millares de obras de arte, principalmente de artistas, coleccionistas y comerciantes de arte judíos. Algunas de ellas fueron a parar a manos del historiador de arte Hildebrand Gurlitt (Dresde, 1895-Oberhausen, 1956), un admirador de la vanguardia y de sus precursores (finales del siglo XIX hasta comienzos del XX), quien había dirigido sucesivamente dos museos entre 1925 y 1933, en Zwickau/Sajonia y en Hamburgo.

Una vez encaramados los nazis en el poder (1933) perdió su trabajo y (junto con otros tres conocidos marchantes) se vió obligado a colaborar con ellos (pese a tener una abuela judía) vendiendo en el exterior las obras que calificaban de entartete Kunst (arte degenerado), proscritas y confiscadas en los museos alemanes, para ingresar divisas fuertes al país (en la antesala de la Guerra).

Hildebrand Gurlitt llevaba una doble vida. Por un  lado vendía y compraba oficialmente; por otro, trataba de preservar obras modernas de su destrucción y pérdida definitiva, vendiéndolas de estraperlo a museos extranjeros (verbigracia, Destinos de los animales, pintado por Franz Marc en 1913, al Museo de Arte de Basilea/Suiza). Hildebrand Gurlitt tenía varios buenos clientes en Suiza y Nueva York para esas ventas encubiertas.

Durante la Guerra fue además uno de los principales compradores de obras para el planeado Hitlermuseum, de Linz (Austria) y participó en el saqueo de pinacotecas, colecciones privadas, comerciantes y galeristas de arte perpetrado por los nazis, principalmente en Francia, pero también en Bélgica y los Países Bajos.

Camille Pissarro. Calle al atardecer
Camille Pissarro. Calle al atardecer © 2017 by David Ertl

Entre estas obras figuraba Mujer sentada (1921), óleo de Henri Matisse, que fue restituido en 2015 a su legítima propietaria, la periodista francesa Anne Sinclair (ex mujer del ex director gerente del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Kahn), nieta por parte materna del comerciante de arte y galerista de origen judío Paul Rosenberg. Rosenberg fue víctima de los despojos perpetrados por los nazis durante la ocupación y perdió entonces más de 400 cuadros, de los cuales 60 siguen todavía desaparecidos.

Sobre el tema de las expoliaciones perpetradas por el régimen genocida nazi hay muchas cuestiones todavía pendientes. Las piezas presentadas, 200 en Berna y 250 en Bonn, son objeto aún de investigación sobre su procedencia. El primer grupo consta mayormente de cuadros que los nazis difamaron y proscribieron como arte degenerado. El segundo, de obras que los nazis robaron en el curso de acciones que cínicamente denominaron de higiene racial y de las que no está fehaciente ni definitivamente comprobado cómo quedaron en posesión de los Gurlitt.

Claude Monet, Waterloo Bridge (1903)Claude Monet, Waterloo Bridge (1903) © 2017 by David Ertl

Es sumamente importante que este capítulo de la historia alemana y europea no pase al olvido, afirmó el director general (intendente) del Centro de Arte y Exposiciones de Alemania y comisario de la muestra, el neerlandés Rein Wolfs, en la conferencia de prensa previa a la inauguración el 2 de noviembre último. El robo de obras de arte perpetrado por el nazismo no ha sido aún esclarecido ni mucho menos y debe ser ineludiblemente considerado en su contexto histórico general, agregó.

Esto comprende, las persecuciones racistas, la privación de los derechos de las víctimas de estas graves conculcaciones, la enajenación de sus bienes, y en definitiva, el genocidio, el Holocausto. Wolfs anunció que el conjunto de 450 obras, así como, probablemente, algunas otras del total de más de 1.500 descubiertas en las residencias de Gurlitt, serán expuestas hacia finales del año próximo en el centro de exposiciones Gropius Bau, de Berlín.

Conrad Felixmüller, Pareja ante un paisaje (1921)Conrad Felixmüller, Pareja ante un paisaje (1921) © 2017 by David Ertl

La historia del hallazgo de este tesoro artístico comienza el 22 de septiembre de 2010 cuando durante un control aduanero rutinario en un tren que circulaba de Zúrich a Múnich fueron revisados los documentos y pertenencias de Cornelius Gurlitt, quien no pudo aclarar debidamente de dónde procedían unos 9.000 euros (permitidos son hasta 10.000 euros sin obligación de declarar su origen) que llevaba en uno de los bolsillos de su chaqueta.

El hombre, que se mostraba muy nervioso y sorprendido por la inspección, relató a los funcionarios que había vendido en Suiza un cuadro heredado de su padre y que éste había sido comerciante de arte durante el régimen nazi. De no haber hecho esta declaración el asunto, tal vez, no hubiera pasado a mayores. Pero, la mera mención del nombre de Gurlitt en relación con el comercio de obras de arte de la época nazi hizo sonar las alarmas en el Servicio de Aduanas de Alemania.

Un año y medio después, y con una orden judicial, por sospecha de evasión de impuestos, los aduaneros realizaron un registro en el domicilio de Cornelius Gurlitt en Múnich entre el 28 de febrero y el 2 de marzo de 2012. Hasta entonces éste había pasado desapercibido para el Estado alemán. Era un fantasma: tenía la nacionalidad austríaca; no estaba casado ni tenía hijos; poseía una gran fortuna en una cuenta bancaria, pero no comerciaba con obras de arte (solo vendía alguna que otra pieza de vez en cuando, de forma privada) ni necesitaba mucho para vivir; además, carecía de seguro médico, pagaba de su propio pecunio la atención de facultativos y la compra de medicamentos. Es decir, no representaba mayor carga para la sociedad.  

Los agentes no salían de su asombro cuando se encontraron allí 1.280 cuadros, depositados en una de las habitaciones del apartamento, que decomisaron de inmediato. Más tarde registraron asimismo la otra residencia en Salzburgo y en total reunieron más de 1.500 cuadros y otros objetos artísticos de incalculable valor. Algunos meses antes del registro, Cornelius Gurlitt había ofrecido Domador de leones (1930), gouache y pastel sobre vitela, de Max Beckmann a la casa de subastas Lempertz, de Colonia) (precio de salida 300.000 euros) que fue vendido finalmente por 871.200 euros el 30 de noviembre de 2011.

El cuadro provenía del galerista judío Alfred Flechtheim, de Berlín (1931), perseguido por los nazis, y había pasado a manos de la esposa de Hildebrand Gurlitt, Helene, madre de Cornelius, en 1934. El monto obtenido ahora fue repartido entre el subastador (60%) y los herederos de Flechtheim (40%), quedando así liquidadas todas las reclamaciones de restitución. Un filme documental realizado por la emisora de televisión suiza SRF y transmitido por el canal alemán 3Sat resume la historia.

Las autoridades judiciales y fiscales alemana trabajaban con absoluto sigilo, sin informar a la prensa sobre el descubrimiento, hasta que se filtró una infidencia al exterior y el semanario alemán Focus publicó los primeros datos de las investigaciones el 3 de noviembre de 2013, bajo un impactante título en su portada: Der Nazi Schatz (El tesoro nazi).

Ante la presión de la opinión pública las instancias oficiales crearon prestamente una comisión investigadora que inició su labor el 11 de noviembre de 2013 con el objetivo de establecer el origen de las piezas y tratar de devolverlas a sus legítimos dueños y herederos en el caso de que hubieran sido robadas por el régimen nazi, como se sospechaba. La comisión, cuyos gastos presupuestarios superan ya los 3 millones de euros, concluirá su labor el 31 de diciembre de este año sin poder aclarar definitivamente el origen de todas las piezas. Pero los herederos de las víctimas de esos saqueos podrán reclamar siempre la devolución de las obras, demostrando su legítima propiedad.

Entretanto Cornelius Gurlitt (Hamburgo, 1932-Múnich, 2014), cuyo estado de salud se había agravado (estaba ya deteriorado desde antes de estos hechos), tuvo que ser internado en un hospital e intervenido quirúrgicamente por problemas cardiovasculares. Antes de ser operado aprovechó para dictar su testamento ante un notario en el que expresaba su voluntad de legar todos sus bienes (colección de arte, inmuebles y dinero) al Museo de Arte de Berna. Así impedía que el tesoro pasara a manos del estado federado de Baviera que, con dientes largos y afilados ya, aspiraba a quedarse con todo. Su hermana, Benita Renate, la única posible heredera directa, había fallecido en 2012.

Sin tomar los servicios de ningún abogado, Cornelius Gurlitt había acordado previamente con el gobierno federal de Alemania y el gobierno bávaro que el origen de las obras de arte fuera investigado y que las piezas robadas por los nazis fueran restituidas a sus propietarios, de acuerdo con la Declaración de Washington en tal sentido. Así se han distribuido las tareas entre suizos y alemanes. Los helvéticos reciben de inmediato las piezas sobre las que no pesa ninguna sospecha de haber sido usurpadas por los nazis; y los alemanes, mientras tanto, investigan la procedencia de las que no se sabe cómo llegaron a manos de los Gurlitt.

Cornelius Gurlitt falleció el 6 de mayo de 2014, a la edad de 81 años, y al día siguiente la Fundación del Museo de Arte de Berna dió a conocer que éste la había declarado heredera universal  en su testamento. El legado fue aceptado por el Museo de Berna el 24 de noviembre de ese mismo año, con la condición de que la procedencia de las obras quedara absolutamente aclarado. Por supuesto, familiares lejanos (primos y sobrinos en segundo y tercer grado) de Gurlitt reclamaron la herencia, alegando que éste no estaba en condiciones de testar y que en lugar de ir a parar las obras a Berna ellas deberían pasar a sus legítimos herederos. Pero todos sus intentos judiciales fueron infructuosos. La Audiencia Territorial de Múnich rechazó la demanda el 15 de diciembre de 2016 y confirmó que el Museo de Arte de Berna es el único heredero de Gurlitt.

Entretanto, la comisión investigadora restituyó ya (además del óleo de Matisse a Sinclair) otros varios cuadros a los herederos de sus dueños originales: Dos jinetes en la playa (1901), de Max Liebermann, fue entregado a dos familiares (uno en Londres, de 92 años, y otro en Nueva York, de 89) del ex fabricante de azúcar y coleccionista David Friedmann, de Breslau (hoy Wroclaw/Polonia); el dibujo a lápiz Interior de una iglesia gótica (1874), de Adolph Menzel, fue devuelto a los descendientes de la coleccionista de arte Elsa Helene Cohen, de Hamburgo. Antes de huir de los nazis a Estados Unidos, junto con sus hijos, Cohen vendió a Hildebrand Gurlitt (según anotaciones contables internas de éste), en el apremio, una serie de 10 dibujos de Menzel, entre ellos esa obra, por una suma muy inferior al precio real (150 Deutsche Reichsmark), sin que haya ningún comprobante de que la dama hubiera recibido el dinero.  

Un caso interesante: el agujero en la blusa del Retrato de una joven (1850 - 1855), de Thomas Couture, permitió a los expertos seguir la pista de la procedencia de este cuadro y constatar que fue robado por los nazis. El óleo pertenecía a la colección del entonces ministro del Interior (entre el 18 de mayo y el 16 de junio de 1940) de Francia, Georges Mandel (bajo el gobierno de Paul Reynaud), antes de que el mariscal Philippe Pétain instalara el régimen de Vichy y firmara el armisticio con los alemanes.

Mandel, decidido antinazi y antifascista, se pasó a la Resistencia y tras ser detenido e internado en los campos de concentración de Oranienburg y Buchenwald fue asesinado el 7 de abril de 1944 en el bosque de Fontainebleau por la milicia colaboracionista francesa liderada por Joseph Darnand, esbirro de las SS. El cuadro había desaparecido tras 1940, pero la mujer de Mandel denunció después de la Guerra la pérdida de la obra y señaló un rasgo distintivo sobre la tela: un agujero en medio del pecho; reparación visible. Así fue como confirmaron los especialistas que esta tela en poder de los Gurlitt había sido saqueada por los nazis en Francia. Ahora se trata de establecer quiénes son sus herederos.  

Entre los cuadros más valiosos (desde el punto de vista meramente comercial) de todo el legado figuran la versión de Montagne Sainte-Victoire, pintada por Paul Cézanne en 1897 (exhibida en estos meses en Berna); y una versión del Puente de Waterloo, tiempo gris, realizada por Claude Monet en Londres en 1903 que puede admirarse en Bonn. El precio de cada uno se estima actualmente en una cifra superior a los 10 millones de euros. Las dos pinturas fueron halladas en la casa de Gurlitt en Salzburgo cubiertas de moho y tuvieron que ser restauradas; no habían sido debidamente protegidas contra la humedad del inmueble. Ambas piezas pertenecían a la familia Gurlitt y, al parecer, no recae sobre ellas ninguna sospecha de que hayan sido usurpadas por los nazis.

Como si nada hubiera ocurrido, en la postguerra y después de pasar el proceso de desnazificación, las autoridades de las fuerzas de ocupación estadounidenses devolvieron íntegramente la colección de obras a Hildebrand Gurlitt, quien a partir de 1948 dirigió hasta su muerte (en un accidente de tránsito en Oberhausen en 1956) el Kunstverein für die Rheinlande und Westfalen, la colección de obras de arte moderno de más larga data de Alemania, antecesora de la actual Kunsthalle de Düsseldorf. Fue él quien contribuyó esencialmente al establecimiento del arte vanguardista y el de sus precursores en Alemania. Una calle de esta ciudad lleva su nombre desde 1965.

Hay críticos de los procedimientos llevados adelante por las autoridades judiciales y fiscales alemanas para decomisar las obras de Cornelius Gurlitt. Este es el caso del escritor y realizador cinematográfico Maurice Philip Remy (Múnich, 1962). En un libro publicado puntualmente con la presentación de la muestra y titulado Der Fall Gurlitt (El caso Gurlitt), por la editorial Europa Verlag, de Múnich (Remy acusa a las instancias gubernamentales y judiciales de este país de haberse metido en un callejón sin salida en las investigaciones; de haber avasallado a un hombre anciano, enfermo y sin defensa jurídica para decomisar las obras ilegalmente;  así como de haber construido la sospecha de evasión de impuestos para crear una base legal que les permitiera justificar el registro de las viviendas de Gurlitt en Múnich y Salzburgo. Por supuesto, como era de aguardar, no podía haber ni hubo ninguna declaración en la rueda de prensa sobre los cuestionados mecanismos utilizados por las autoridades alemanas. 

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