Discos

Mandar con una sonrisa

Alfredo López-Vivié Palencia
martes, 12 de diciembre de 2017
Ludwig van Beethoven: Las nueve sinfonías. Simona Saturová, soprano; Mihoko Fujimura, mezzosoprano; Christian Elsner, tenor; Christian Gerhaher, barítono. MDR Rundfunkchor; GewandhausChor; GewandhausKinderchor. Gewandhausorchester Leipzig. Herbert Blomstedt, director. Productor: Paul Smaczny; ingeniero de sonido: Robert Baldowski. Cinco discos compactos de 330 minutos de duración, grabados en vivo en la Gewandhaus de Leipzig entre mayo de 2014 y marzo de 2017. Accentus Music ACC 80322.
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Cuando hace unos meses les comenté el DVD de la Gewandhaus y Herbert Blomstedt haciendo la Sexta y la Séptima Sinfonía de Beethoven, terminaba la reseña así: “Este DVD es un adelanto de la integral de las sinfonías beethovenianas que Blomstedt ha grabado con la Gewandhaus, y que Accentus editará en disco compacto este mes de junio. Si las demás son tan buenas como éstas (y nada hace pensar que no lo vayan a ser), la colección se convertirá en una apuesta ganadora.” Hoy estoy encantado de haber acertado el vaticinio.

Me remito a lo que allí dije sobre el estilo interpretativo que ha adoptado Blomstedt (quien en su día firmó un ciclo estupendo con la Staatskapelle de Dresde, pero a la manera en que se hacía esto en los años setenta) y que la Gewandhaus ha incorporado como modo de hacer este repertorio (ya había dado muestra reciente de ello en su integral con Riccardo Chailly), y que viene a resumirse en el hecho de que, por fin, las orquestas “de toda la vida” han superado la etapa de parálisis inducida por la revolución historicista y han sabido renovarse para aprovechar lo mejor de ambos mundos. Se puede –y se debe- tocar Beethoven con ocho contrabajos y sin avergonzarse por usar el vibrato, y a la vez honrar la edición Bärenreiter dando todas las repeticiones y prefiriendo tiempos ligeros.

A lo largo de la escucha de los cinco discos (cuya toma de sonido es perfecta), seguramente lo más importante es la sensación de coherencia, de continuidad, de fidelidad –con un par de borrones, como veremos enseguida- al concepto que transmite Blomstedt y su maravillosa orquesta. Podrá estar uno más o menos de acuerdo en determinadas cuestiones –los dichosos metrónomos beethovenianos, por ejemplo-, pero aquí no cabe duda de que hay alguien al mando, que las órdenes son más compartidas que obedecidas, y que eso se traduce en una inmensa alegría por el redescubrimiento de estas sinfonías. Al comentar aquel DVD ya les hablé de la sonrisa de Blomstedt; ahora esa sonrisa se escucha 

Blomstedt arranca la Primera Sinfonía con espíritu curioso y aventurero, a ver qué pasa; y una vez descorrida la cortina se deja llevar con bonhomía haydniana. Quizás la repetición en el primer tiempo de la Segunda Sinfonía hace que quede algo descompensada, pero hay que ver la facilidad para mantener el pulso de su introducción, y el carácter de sus dos últimos movimientos. La Octava Sinfonía empieza frenéticamente –espectacular el crescendo al inicio del desarrollo (4’10’’)- mientras el Allegretto es un prodigio de delicadeza; en el Minueto Blomstedt demuestra que se pueden traspasar con naturalidad las barras de los compases hasta convertirlo casi en un vals; y el Finale sale alegre, decidido, en una fiesta sonora en la que todo se oye.

Sorprendentemente, la interpretación de la Cuarta Sinfonía no alcanza esas excelencias conceptuales: la introducción es un drama y no salta la chispa en el primer movimiento, como el segundo no llega a volar; y en el último Blomstedt acelera el tiempo de tal manera que al pobre fagotista no le dan los labios para hacer su pequeña –pero siempre dificilísima- cadencia (3’55’’). Tampoco me convence Blomstedt en la Eroica: le falta carácter al primer movimiento –las terribles disonancias hacia la mitad (8’10’’) suenan débiles-, y le sigue faltando a la marcha fúnebre, aunque sólo hasta el episodio fugado (6’40’’) en el que al fin levanta cabeza y la levanta con orgullo; da gloria escuchar las trompas cazadoras del Scherzo, y el Finale tiene grandeza y nobleza en su cima (7’15’’).

Vuelo a remitirme a lo ya comentado en el DVD sobre la Pastoral (que es la cima de este ciclo) y la Séptima Sinfonía. La Quinta está al mismo y altísimo nivel: los golpes del destino le resuenan a uno en la caja torácica y ese primer movimiento ruge de verdad; el Andante sale firme y serio con un clímax que es plena satisfacción; la cuerda grave de la Gewandhaus hace valer su poderío en el tercer movimiento, y después Blomstedt cede el protagonismo –y de qué forma- al timbal en la transición al Do mayor, que se alcanza con efusividad (sin olvidar que ahí está el piccolo, símbolo de la alegría beethoveniana).

Siempre he pensado que el primer movimiento de la Novena Sinfonía es en sí mismo una obra completa, llámese obertura o incluso poema sinfónico; y la interpretación de Blomstedt me confirma esa impresión, llena de espíritu luchador y con un clímax (9’20’’) grandioso pero no aplastante. En el segundo movimiento –pocas veces he escuchado todo tan claro- Blomstedt mantiene el mismo tiempo también para el intermedio; el sublime Adagio se da a tiempo casi de Andante, con finura rossiniana en los pizzicati, lo cual le resta algo de trascedencia pero no falta recogimiento. Y el célebre Finale es espléndido: desde la introducción -los violines suenan a esperanza- hasta el estallido del coro –compacto, contundente-, pasando por la llamada del barítono –Gerhaher sí está hablando “a sus amigos”- y por la fuga orquestal –qué maravilla de articulación- que sigue al solo de tenor (por cierto, el tenor es la única mancha de esta versión).  

Además del DVD ya reseñado, Accentus ha editado otros dos que recogen el testimonio visual de estos conciertos (ambos igualmente muy bien filmados por Ute Feudel): uno con la Quinta Sinfonía y el Triple Concierto (ACC 20411) –la intervención de Isabelle Faust (violín), Jean-Guihen Queyras (violonchelo) y Martin Helmchen (piano) demuestra que han comprendido la obra porque tocan como trío y no como tres solistas-; y otro con la Novena Sinfonía (ACC 20381) que sirve para comprobar cómo el público de Leipzig, a pesar de la euforia sonora (y de que es la noche de San Silvestre de 2015) es capaz de aguantarse la ovación durante diez segundos hasta que Blomstedt baja los brazos.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Accentus Music

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