España - Andalucía

Quel jour de fête!

Pedro Coco
martes, 12 de diciembre de 2017
Sevilla, domingo, 26 de noviembre de 2017. Teatro de la Maestranza. Gaetano Donizetti: La fille du régiment. Ópera en dos actos con libreto de Jean François Bayard y J. H. Vernoy de Saint-Georges. Laurent Pelly, dirección escénica y vestuario. Chantal Thomas, escenografía. Joël Adam, iluminación. Agthe Mélinand, dramaturgia y nuevos diálogos. Pretty Yende (Marie), John Osborn (Tonio), Carlos Daza (Sulpice), Marina Pinchuk (duquesa de Crackentorp), David Lagares (Hortensius), Vicky Peña (marquesa de Berkenfield), Alberto Arrabal (caporal), Juan Carrillo (notario), Moisés Molina (campesino). Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director: Santiago Serrate. Producción del Gran Teatre del Liceu de Barcelona, reproducida de la coproducción del Metropolitan de Nueva York, el Covent Garden de Londres y la Staatsoper de Viena.
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Desde que el mítico Alfredo Kraus presentara –a muchos por primera vez– la famosa aria de Tonio en la irrepetible Gala Lírica de 1991 hasta que el público del Teatro de la Maestranza haya podido disfrutar de La fille du régiment en una producción completa han pasado veintiséis años. La espera, como suele decirse, ha valido la pena, ya que se ha hecho con algunos de los mejores intérpretes imaginables para estos roles y una producción que, a estas alturas, no tiene rival en los teatros de ópera.

Debutaba en Sevilla el rol de Marie la soprano Pretty Yende, que en el último lustro se ha venido perfilando como una de las lírico-ligeras más interesantes del panorama actual. Encandiló desde cualquier vertiente canora, ya que, además de no temer a la escritura más endiablada o las notas más agudas, posee un exquisito gusto para colorear las escenas melancólicas con un fraseo y canto ligado de primera. Esperamos que –también parece ser su deseo– vuelva a visitarnos con alguna heroína belliniana.

A su lado, John Osborn sacó sus armas para deslumbrar a la par, con una asombrosa facilidad para cubrir no solo los famosos nueve Dos –que aquí se convirtieron en once– sino para llegar a varios Res en la célebre “Ah! mes amis”. Por otra parte, su conocimiento del repertorio y su gran dominio técnico le permitieron otros alardes dignos de mención, como las estupendas messe di voce del aria del segundo acto. Para cerrar el trío protagonista, el barítono Carlos Daza, irreprochable musicalmente, encarnó a un encantador Sulpice, cuya vertiente cómica supo con creces explotar desde la primera aparición con gran desenvoltura escénica; al igual que Marina Pinchuk, que presentó a una marquesa más humana de lo habitual y unos medios más que suficientes. El equipo de comprimarios, muy bien elegido, supo mantenerse al nivel de los protagonistas.

Santiago Serrate se enfrentó con frescura a una partitura que supo dominar en casi todo momento con un buen contraste dinámico, al frente de una brillante Sinfónica de Sevilla muy implicada y siempre flexible. El coro, especialmente las voces masculinas –con mayor presencia en este caso– volvió a demostrar su buen hacer y continúa ese camino ascendente al que últimamente nos tiene acostumbrados.

Para finalizar, pensamos que no debería quedar ningún aficionado a la ópera sin ver esta producción de Laurent Pelly, que, como ha ocurrido con otras belcantistas de Ponnelle –pensamos en La Cenerentola o L’Italiana in Algeri– o mozartianas de Strehler, forman parte ya de la historia de la ópera. Desde su estreno en el Covent Garden hace exactamente diez años, esta Fille du régiment se ha paseado por medio mundo, y ha divertido a todo tipo de públicos; no nos extraña lo más mínimo si atendemos a la calidad de la misma, ya no solo desde el punto de vista de la escenografía –ingeniosa y detallista­– sino desde la construcción de cada uno de los personajes, a los que se dota de miles de detalles. Que se actualice la trama en este caso no desvirtúa lo más mínimo la historia, pues Pelly ha sabido sacar la esencia del libreto para llevarlo a un público que no puede quitar los ojos de la escena en ningún momento.

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