España - Cataluña

Gala final del concurso Viñas 2018

Jorge Binaghi
martes, 23 de enero de 2018
Freddie de Tomaso © 2018 by Antonio Bofill Freddie de Tomaso © 2018 by Antonio Bofill
Barcelona, domingo, 21 de enero de 2018. Gran Teatre del Liceu. Concierto de los premiados. Orquesta sinfónica del Liceu. Dirección: Sergio Alapont. Pianistas acompañantes: Marta Pujol y Anna Creixells.
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Vuelvo a repetirme antes de entrar en consideraciones más particulares relativas a esta edición del Viñas: “El concierto final en el que el jurado en pleno repartió, luego de la pausa, todos los premios (oficiales, especiales y extraordinarios) que ustedes habrán visto en mundoclasico.com, contó con nueve cantantes en total acompañados por la orquesta del Teatro”. Es decir que hubo un premiado más que el año anterior. Ha pasado, por lo visto, la costumbre de declarar desierto un premio oficial o de no conceder alguno de los especiales. Y me parece erróneo. Sobre todo aquellos que llevan nombre de un compositor o de un intérprete concretos deberían ser para quienes verdaderamente puedan hacerles honor. No sé si todos los miembros del jurado tienen presente este pequeño detalle.

El director de la orquesta del Teatro fue esta vez también alguien nuevo. No hay mucho más tiempo en la preparación que para una buena lectura. No hubo errores materiales en la ejecución, pero hubo momentos de exceso de volumen (en especial en los fragmentos de zarzuelas y en los finales de arias que parecían todos del Berlioz más frenético. El fraseo del dúo de Rigoletto entre Gilda y el Duque, en especial en el principio ‘Signor nè principe ‘ fue el más solfeado, metronómico y mecánico que haya escuchado nunca). Sería interesante saber las razones por las que un aria de concierto de Mozart o una de oratorio de Bach se ejecutan sólo con acompañamiento de piano. Otra característica fue que pocos fueron los números nuevos elegidos por los premiados con respecto a la prueba final.

Abrió la tarde la soprano española Inés Ballesteros (premio extraordinario Ferrer-Salat) que repitió su ‘Canción del ruiseñor’ de Doña Francisquita. La orquesta, que además no la ayudó, permitió comprobar su exiguo volumen: sólo se oían los agudos extremos, por lo que la versión quedó por debajo de la que realizó dos días antes.

La siguió Serena Sáenz, también soprano y española, que acumuló unos cuantos premios, y en concreto el Mozart, por lo que repitió su versión anterior de ‘Vorrei spiegarvi, o Dio’, menos inteligible, y con las mismas notas fijas que entonces, además de un grave más escaso. Hay bastante por recorrer aún.

Tommaso Barea (premio especial Mercedes Viñas), bajobarítono italiano que en realidad confirmó que es un barítono con un buen grave, hizo en cambio un excelente ‘Non più andrai’ de Le nozze di Figaro, con menor desenvoltura escénica que en su Così del viernes, pero demostrando que ya tiene cabal idea de cómo cantar Mozart y el material y su técnica son ya suficientes aunque pueden aún ‘peinarse’.

Fue el turno luego del barítono estadounidense Andrew Manea, sexto premio oficial del Concurso, que volvió a impresionar con su Verdi (‘Eri tu’) y su Donizetti (escena completa de Enrico en el primer acto de Lucia, con la cabaletta ejecutada sólo una vez). El volumen pareció algo menor o la proyección menos fácil, pero el timbre, el aplomo, el acierto estilístico y expresivo y la soltura técnica me hacen seguir pensando que pudo lograr una mejor posición y algún premio más de los que en cambio inundaron tanto a otros.

Por ejemplo, el quinto premio oficial y el premio extraordinario de oratorio y lied, otorgados por la Fundación Victoria de los Ángeles, la Asociación Schubert y la Fundación La Caixa. Jungkwon Jang, contratenor coreano, repitió su ‘Der Tod und das Mädchen’ de Schubert y luego ofreció un fragmento nuevo: el aria del Oratorio de Navidad de Bach ‘Bereite dich Zion’. Fue musical y seguro técnicamente, pero el aspecto expresividad es ya otra cosa y no volveré a insistir en lo dicho en la ocasión anterior.

El cuarto premio, la soprano francesa Anaïs Constans, demostró que está evolucionando claramente hacia una soprano netamente lírica aunque aún puede con las agilidades (prudentes) y los agudos filados de ‘Non mi dir’ del Don Giovanni del que esta vez no hubo vacilaciones en el texto. Una novedad fue su ‘Je veux vivre’ de Roméo et Juliette, del que dio una buena versión aunque evitó los sobreagudos de las típicas líricoligeras por lo que hubiera sido mejor que eligiera la más larga y central aria del veneno de la misma ópera. Recibió muchos otros premios, entre ellos el de ópera francesa.

El tercer premio, el tenor coreano Sehoon Moon, que entre otros recibió también el del público asistente a la final y el de la Asociación liceíste de los pisos 4º y 5º, mejoró con respecto a su intervención del viernes, primero porque no cantó en francés, segundo porque su ‘A te o cara’ de I puritani exhibió más homogeneidad y aplomo. Luego pasó a ‘Che gelida manina’ de La Bohème, donde demostró, como si no se supiera, que frente a una orquesta el centro de un tenor que puede afrontar Bellini no es muy apto que digamos para Puccini. Intentó expresar pero se quedó a mitad de camino y lo mismo ocurrió en su dúo de Rigoletto con Bonilla (ver lo siguiente), que fue más adecuado, pero donde ella no sólo mantuvo más tiempo el agudo final (no suelo fijarme en esos detalles, pero fue evidente) sino que lo superó en administración de la respiración, fraseo y naturalidad.

El segundo premio fue, precisamente, la española Leonor Bonilla, que fue quien más premios acaparó, destacando desde mi punto vista el del público y, sobre todo, el de zarzuela. Aunque también ella, salvo en la novedad del dúo con Moon arriba mencionado, repitió las dos arias de la ocasión anterior, y pese a que ella también sufrió en ‘Me llaman la primorosa’ los embates de la orquesta contra su registro grave, superó su elevado nivel de esa oportunidad con una perfecta y magníficamente variada ‘O luce di quest’anima’ de Linda di Chamounix de Donizetti, y repitió su dominio de la escena (y del abanico), además de los riesgos vocales del aria aludida del Barbero de Sevilla de Giménez.

Cerró el concierto el primer premio, además del Verdi y el ‘Plácido Domingo’ entre otros, el tenor inglés Freddie De Tommaso, de 24 años y al parecer en su primer concurso. Me vuelvo a reafirmar en que, pese a la edad, tiene el timbre y las dimensiones de un lírico spinto por lo que, al repetir la escena de la tumba de Roméo et Juliette me hizo pensar que Franco Corelli era un líricoligero –cuando en realidad nunca me pareció un rol que le cayera demasiado bien. Aparte de que no logró –y bien hizo- apianar el sonido –y de eso se resintió la sección ‘O ma femme’- su expresividad y aproximación estilística parecieron más propias de la ‘giovane scuola’ italiana que del romanticismo francés. Me parece raro que no haya repetido su buena versión del aria de Macbeth habiendo recibido el Verdi, pero en su lugar añadió un fragmento nuevo, el ‘Lamento de Federico’, de L’Arlesiana de Cilèa. Con un excelente manejo del ‘singhiozzo’ nuevamente se echaron de menos las medias voces aunque aquí la expresividad y el estilo fueron muy adecuados, y su buena técnica lo salvó en un ascenso al agudo que podría haberle supuesto un problema.

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