Discos

Adentrarse en el pasado, conociendo el retorno

Paco Yáñez
lunes, 19 de febrero de 2018
Hans Zender: Dialog mit Haydn; Issei no kyō; Nanzen no kyō - Canto VII. Claron McFadden, soprano. Hermann Kretzschmar y Ueli Wiget, pianos. WDR Rundfunkchor Köln. Bundesjugendorchester. WDR Sinfonieorchester Köln. Johannes Kalitzke y Hans Zender, directores. Wolfgang Becker-Carsten y Harry Vogt, productores ejecutivos. Dirk Franken, Christoph Gronarz, Bardo Kox y Lothar Thomalla, ingenieros de sonido. Un CD DDD de 62:32 minutos de duración grabado en la Gewandhaus de Leipzig y en la Philharmonie de Colonia (Alemania), los días 17 de enero y 8 al 10 de junio de 1993, y 29 de septiembre de 2010. Wergo WER 7339 2
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La música alemana de la segunda posguerra, que tan habitualmente asociamos con una renovación de los lenguajes vinculada a lo experimental en el contexto de la avantgarde, fue también un periodo para la reconstrucción de los rizomas históricos cercenados o desvirtuados por el nazismo, ya por prohibición (Segunda Escuela de Viena y demás estilos englobados en la funesta etiqueta de «Entartete Musik»), ya por tergiversación (tradición medieval, barroca, clásica y romántica apropiada para la mitificación de la supremacía aria). De entre los numerosos creadores que en esa línea de revisión y filiación histórica (en muchas ocasiones, tan ética y política como musical) han trabajado (Bernd Alois Zimmermann, Peter Ruzicka, Helmut Lachenmann, Wolfgang Rihm y un largo etcétera) destaca sobremanera, por la explícita presencia y reivindicación de la tradición germánica despojada del sesgo nacionalsocialista en su catálogo, el compositor y director alemán Hans Zender (Wiesbaden, 1936). 

Son muchas (y bien conocidas, pues todas ellas han sido grabadas y se interpretan con frecuencia) las partituras de Hans Zender que miran al pasado para reconceptualizarlo: obras como el Schuberts "Winterreise". Eine komponierte interpretation (1993), a partir del Winterreise D 911 (1827) schubertiano; la Schumann-Phantasie (1997), que toma como punto de partida la Fantasía en do mayor opus 17 (1839) de Robert Schumann; o las 33 Veränderungen über 33 Veränderungen (2010-11), página para ensemble desarrollada desde las Diabelli-Variationen (1819-23) beethovenianas. La pieza que abre el compacto que hoy reseñamos las antecede temporalmente a todas ellas. Se trata de Dialog mit Haydn (1982), partitura de filiación estilística netamente lachenmanniana (Zender es uno de los mejores directores de las partituras del genio de Stuttgart) que se adentra en la música de Joseph Haydn para, desde ella, recorrer diversos vericuetos históricos que han apuntalado esa tradición germánica de la que Zender es arte y parte, pues entre los múltiples ecos que nos remiten -fundamentalmente- a Haydn y a Lachenmann, se cuelan reverberaciones más veladas y puntuales de compositores como Franz Schubert o Alban Berg que no harán sino compactar el frondoso árbol genealógico-musical en el que Zender se injerta tan conscientemente; además de dar forma concreta a una de las reflexiones más explícitas, al respecto, del compositor: uno ya no puede escribir una nota sin tener en cuenta sus orígenes históricos. 

Tal y como Rainer Peters explica en sus soberbias notas para este compacto, la «komponierte interpretation» zenderiana combina una declaración de amor hacia las fuentes reinterpretadas, así como un proceso dialéctico de apropiación tendido en múltiples direcciones (incluso antitéticas en una misma partitura: clarificación u ocultamiento; construcción o deconstrucción). En el caso de Dialog mit Haydn, es la Sinfonía Nº94 en sol mayor "Mit dem Paukenschlag" (1791) la página haydniana de referencia, la scriptio inferior desde la que Zender desarrolla toda una serie de capas musicales a partir de sus procesos de variación. La sinfonía clásica, también conocida como La sorpresa, hace honor a tal denominación al ir sucesivamente apareciendo entre un entramado netamente ruidista que nos recordará a piezas orquestales como Kontrakadenz (1970-71) o Tanzsuite mit Deutschlandlied (1979-80): páginas, ambas, en las que Lachenmann también reflexiona sobre la historia y sus vínculos con el presente; en el caso de Tanzsuite, igualmente a partir de Joseph Haydn, con su Cuarteto de cuerda Nº62 en do mayor "Emperor" opus 76, Nº3 (1797). Pero no sólo un entorno dominado por la música concreta instrumental y las irrupciones del clasicismo es lo que destaca en Dialog mit Haydn, pues, asimismo, es digna de mención en esta partitura su refinada escritura microtonal, basada en la diferente afinación de los tres grupos orquestales en los que Zender divide a la orquesta, así como en las diferentes tesituras en las que hace tocar a los dos pianos solistas, con sus auras espectrales. Todo ello crea un tenso arco armónico en cinco segmentos de lo más particular que enriquece (y enrarece) aún más una partitura de enorme atractivo y belleza, una de las más contundentes y refinadas en el catálogo de Hans Zender. 

Si en el sexto episodio de In Rehearsal (1998) -la serie documental del sello EuroArts que reseñamos hace una semana- Christoph von Dohnányi afirmaba en sus ensayos de la Sinfonía Nº88 en sol mayor (1787) que Joseph Haydn era un compositor capaz de soluciones extremadamente atrevidas para su contexto histórico, aventurándose fuera del canon tradicional pero sabiendo siempre encontrar la vía de retorno al modelo clásico; semejantes consideraciones podríamos realizar sobre Hans Zender en Dialog mit Haydn: una obra que, a la inversa, viaja hacia el pasado, pero que es capaz de reengancharse con el lenguaje de comienzos de los años ochenta con total lógica, coherencia y solidez, mostrando -con la dificultad que ello supone- cómo procesos análogos -destacadamente, la variación- espejean en 1982 sus antecedentes formales concebidos por Haydn en 1791. Es por ello que estamos ante una partitura textural y estructuralmente muy atractiva, asequible tanto de una forma más inmediata, por el impacto de sus soluciones tímbricas, como a través de un análisis más detallado, comprobando la gran sabiduría que Zender aplica a sus desarrollos; una partitura, sin duda, a (re)conocer. 

A lo largo de los últimos años, por la sección discográfica de Mundoclasico.com han pasado diversas grabaciones de los Cantos (1965-2009) de Hans Zender; las últimas de ellas, con los monumentales Shir Hashirim (Canto VIII) (1992-96), en registro de Sylvain Cambreling para el sello Kairos (0012612KAI), y Logos-Fragmente (Canto IX) (2006-09), por medio de la versión de Emilio Pomàrico para Wergo (WER 6765 2). Retrocedemos hoy en el tiempo hasta Nanzen no kyō - Canto VII (1992), partitura para coro y orquesta basada en un cuarteto del maestro Zen del siglo XV Ikkyū Sōjun en el que se refiere una anécdota muy popular en Japón: la disputa entre dos grupos de monjes del monasterio de Nanzen-ji por un mismo gato, con la salomónica amenaza por parte del maestro Nanzen de cortar el animal en dos si nadie esgrimía un argumento que aportase nueva luz al enquistado debate por el felino. Esa dialéctica de opuestos, así como la tensión de la damocliana espada de Nanzen sobrevolando tanto la discusión como al minino, es audible en la división en cuatro grupos que realiza Zender de orquesta y coro, lo que multiplica las tensiones y los enfrentamientos acústicos entrecruzados; posibilitando, a la par, rotaciones en las que las disputas superpuestas giran sobre sí mismas en bucles que arrastran al conjunto de orquesta(s) y coro(s) con gran energía y simbolismo dramatúrgico. 

De ahí proviene, en buena medida, la gran heterogeneidad de Nanzen no kyō a nivel estructural; algo que se refuerza con un trabajo de las texturas que comprende muchas de las técnicas vocales más interesantes de la segunda mitad del siglo XX: desde un denso cromatismo de corte micropolifónico (en línea con György Ligeti) a efectos guturales y ruidistas (deudores, de nuevo, de Helmut Lachenmann), pasando por una presencia del parlato y el canto armónicamente densificado que llega a Zender desde Arnold Schönberg vía Luigi Nono. De hecho, los pasajes más aguerridos y convulsos de este Canto VII portan ecos de las obras corales y operísticas más aguerridas del Nono de los años setenta, por lo que la calidad y el atractivo en lo vocal están asegurados. En lo instrumental, el juego de espacialización orquestal que Zender lleva a cabo, así como sus potentes sonoridades, destacadamente en los metales, también nos recordará al Nono intermedio; igualmente, por lo percusivo de su concepto musical: una percusividad que asimilan, incluso, las voces del coro en la primera de las seis secciones en las que se divide esta disputa tan bizantina en sus formas como musicalmente atractiva. 

Por último, y saltando a una nueva década en el catálogo zenderiano, escuchamos Issei no kyō (2009), partitura para soprano y orquesta más despojada en su comienzo que las más abigarradas Dialog mit Haydn y Nanzen no kyō; al punto de que Issei no kyō parece música de cámara en su primera sección, por lo más atomizado de sus intervenciones instrumentales, todas ellas íntimamente asociadas al canto de la solista: una voz de amplio registro, muy marcada por la sensualidad, así como por un expresionismo que nos remite a otra página del propio Zender, su Cabaret Voltaire (2001-02). Además, Issei no kyō vuelve a poner sobre la partitura la influencia fundamental en el pensamiento y en la música del compositor alemán de la cultura japonesa, aquí presente, como en el Canto VII, por medio de Ikkyū Sōjun. A partir de Ikkyū, Zender se adentra en el estudio de los conceptos de tiempo y ego: cómo la visión del yo cambia desde distintas perspectivas, ya no sólo exteriores, sino de la propia yoidad para consigo misma, algo que Zender liga con el concepto de sujeto como multiplicidad en la obra de Nietzsche, así como con el Orlando (1928) de Virginia Woolf (filtrado por la adaptación teatral de Robert Wilson). 

Esa idea de la inconsistencia del ego, entrevisto desde diferentes prismas, está en la base del plurilingüismo del texto cantado y recitado por la soprano: en alemán, chino, francés e inglés, con las connotaciones de juego, misterio y serenidad, teatralidad, y ritualidad mágica que Zender asocia, respectivamente, a cada uno de estos idiomas. Así, y a través de la lírica, el yo se desdobla mostrando su inconstancia en el transcurso del tiempo; si bien, estructuralmente, Zender dispone en los cuatro movimientos materiales que producen cierta cohesión dentro de este proceso de desdoblamiento, como bases de un yo acústico que unifica al sujeto psíquico. Por otra parte, algunos de los elementos que individualizan cada sección con sonoridades culturalmente referenciadas realizan un uso de los instrumentos europeos de modo que evocan sonoridades orientales, como la del shakuhachi en el flautín. Ello convoca otros ecos, haciendo que esa tradición germánica sólidamente actualizada en Zender se expanda desde un primer movimiento cantado en alemán a través de una internacionalización del yo y su cultura en las tres partes restantes, complejizadas al solaparse elementos unificadores y diferenciadores: perfecto epítome del mestizaje que vivimos en el globalizado siglo XXI. 

Por lo que a las interpretaciones se refiere, con Nanzen no kyō e Issei no kyō en primera grabación mundial, todas me han parecido soberbias, sin el más mínimo reparo, de una calidad técnica y expresiva excelente. Destacar, cómo no, a la soprano Claron McFadden, impresionante en las complejas tesituras vocales de Issei no kyō, con un punto sensual y expresionista muy teatral: línea en la que también incide un siempre acertado y afín a ese estilo interpretativo Johannes Kalitzke en la dirección. Las dos restantes páginas se benefician de la presencia del propio Zender sobre el podio, por lo que las garantías son totales, en piezas orquestales fulgurantes llenas de atractivos y detalles muy bien expuestos. También las tomas de sonido, provenientes de las radios alemanas MDR y WDR, son estupendas; en el caso de Issei no kyō, de verdadera audiofilia, con una diferenciación de voz y orquesta en un punto de realce idóneo. La edición del libreto es la habitual de la discográfica alemana: prolija en datos técnicos y biográficos, además de ofrecernos el ya mencionado y jugoso ensayo a cargo de Rainer Peters, redondeando una nueva y muy recomendable entrega de la fonografía de Hans Zender en el sello Wergo. 

Este disco ha sido enviado para su recensión por el sello Wergo

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