Discos

Herreweghe, en tres movimientos

Paco Yáñez
jueves, 15 de marzo de 2018
Johann Sebastian Bach: Cantata "Nimm von uns, Herr, du treuer Gott" BWV 101; Cantata "Ihr werdet weinen und heulen" BWV 103; Cantata "Mache dich, mein Geist, bereit" BWV 115. Carlo Gesualdo: Madrigali a cinque voci, Libro sesto. Ígor Stravinski: Anthem "The dove descending breaks the air"; Threni: id est lamentationes Jeremiae Prophetae; Requiem Canticles; Tres sacrae cantiones: "Da Pacem Domine". Dorothee Mields, soprano. Ewa Wolak, contralto. Damien Guillon, contratenor. Thomas Hobbs, tenor. Florian Boesch y Peter Kooij, bajos. Thomas Dunford, laúd. Collegium Vocale Gent. Royal Flemish Philharmonic. Philippe Herreweghe, director. Aliénor Mahy, productora. Martin Nagori y Andreas Neubronner, ingenieros de sonido. Tres CDs DDD de 62:26, 75:15 y 47:22 minutos de duración grabados en la Funkhaus de Berlín (Alemania), en la Chiesa San Francesco de Asciano (Italia) y en deSingel, Antwerp (Bélgica), del 13 al 15 de octubre de 2014, del 1 al 3 de agosto de 2015, y del 29 al 31 de enero de 2016. PHI LPH 020 (Stravinski), LPH 024 (Gesualdo) y LPH 027 (Bach). Distribuidor en España: Sémele Proyectos Musicales.
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A pesar de que en sus albores el sello PHI, la discográfica del director belga Philippe Herreweghe, se centró en la publicación de ediciones fonográficas protagonizadas, fundamentalmente, por esa maravilla que es el Collegium Vocale Gent, abordando los habituales repertorios que desde su fundación (en 1970) conocemos al conjunto flamenco, con el paso de los años su catálogo se ha ido diversificando, por abanico cronológico (desde Alfonso X "el Sabio" a Ígor Stravinski), por géneros musicales comprendidos (PHI dispone ya, además del grueso coral de sus registros, de un buen ramillete de grabaciones camerísticas), o por dar cabida a otros intérpretes y formaciones: tal es el caso del primero de los compactos que hoy reseñamos, que reúne al Collegium Vocale Gent con la Royal Flemish Philharmonic para abordar partituras de Ígor Stravinski (Oranienbaum, 1882 - Nueva York, 1971); de ahí, el título de esta reseña, que parafrasea la soberbia sinfonía compuesta (in tempore belli) por el ruso en 1945. Además de en los tres movimientos en los que hemos dividido esta reseña, nos adentraremos, igualmente, en tres momentos históricos bien diferenciados, todos ellos desgranados estilísticamente con maestría por Philippe Herreweghe y sus músicos, en tres compactos excelentes a todos los niveles; siendo, por tanto, de la máxima recomendación: tres discos que, como veremos, habitan la historia y tienden, por medio del diálogo entre Ígor Stravinski y Carlo Gesualdo (Venosa, 1566 - Gesualdo, 1613), uno de los múltiples puentes a través de los cuales la música no ha dejado de interpelarse y de florecer siglo tras siglo.

I. Marcia funebre (Ígor Stravinski)

El primer movimiento de esta reseña nos conduce al que diría disco más necesario de los tres hoy presentados; y lo es, porque el Stravinski tardío, especialmente el de las partituras (libremente) seriales compuestas de 1952 a 1966, es apenas conocido por los melómanos, incluso por muchos de los que disfrutan de las obras más populares del ruso: sus grandes ballets para Diáguilev. En el extremo contrario estarían piezas apenas interpretadas en concierto, además de muy raramente grabadas. El ejemplo más extremo lo constituyen los soberbios Threni: id est lamentationes Jeremiae Prophetae (1957-58), pieza veneciana desoladora y fúnebre, como lo será la otra gran partitura de este primer compacto, si bien Threni resulta más austera, desgarradora y carente de redención: puro lamento de gran potencia elegiaca y laconismo.

La histórica versión dirigida por el propio Stravinski (una de las dos que grabó; la anterior, en 1958) dentro de su integral para la CBS (que en la nueva edición ampliada (Sony 88875026162) goza de unos reprocesados que han mejorado notablemente su sonido) resulta, precisamente, más elegiaca y doliente, enfatizando su aura dramática. Se trata, aquélla de enero de 1959, de una gran interpretación, al frente de la Columbia Symphony Orchestra y de un notable elenco de solistas. Sin embargo, lo que nos propone ahora Philippe Herreweghe en PHI va más allá en lo que a perfección técnica se refiere, con una Royal Flemish Philharmonic y un coro del Collegium Vocale Gent superior en color y calidad a la Schola Cantorum de 1959. También los solistas me han gustado más en esta nueva (y hasta donde yo sé, tercera) grabación de Threni, con una mención muy especial para los bajos Florian Boesch y David Soar: ambos, impactantes, de una presencia fúnebre acongojante, oficiantes mayores de estas exequias musicales. Su canto es más grave y contemplativo que el expuesto en la versión dirigida por el compositor en 1959: más punzante y directa. En este nuevo registro, las voces adquieren cierto carácter litúrgico, al tiempo que nos revelan de forma más obvia los ecos arcaizantes que conectan a Stravinski con la música medieval que tanto lo apasionaba y de la que tanto aprendió en su vejez (como veremos en este primer movimiento y al final de esta reseña tripartita). Lectura, por tanto, no sólo necesaria dentro de tan exigua discografía, sino de una perfección apabullante, en unos Threni que no por sonar tan bellamente tocados y cantados nos redimen de su profunda tristeza, dolor y lamento.

En el caso de los Requiem Canticles (1965-66), y aunque estemos todavía muy lejos en cuanto a registros fonográficos de los grandes ballets o de las sinfonías, la cosa mejora notablemente con respecto a Threni. Pieza también funeraria, este réquiem tardío y panteísta, última gran partitura de un Stravinski, de nuevo, libérrimamente serial, goza de una discografía con al menos tres versiones de obligado conocimiento si se quiere profundizar en esta página: la dirigida en 1966 por Robert Craft (en la antes citada Edición Sony), la del año 1994 de Oliver Knussen (Deutsche Grammophon 447 068-2) y la comandada en 2007 por Michael Gielen (SWR Music SWR19023CD). La de Robert Craft, primera grabación mundial, fue también durante muchos años la única muestra fonográfica disponible de estos Requiem Canticles; pero diría que, con el tiempo, ha perdido algo de empaque al lado de la más moderna y detallada versión de Oliver Knussen con una estupenda London Sinfonietta, así como frente a la más sinfónica y obscura lectura de Michael Gielen, de gran poderío y tenebrismo. La que hoy presentamos, con Philippe Herreweghe al frente de la Royal Flemish Philharmonic, el Collegium Vocale Gent, y la contralto Ewa Wolak y el bajo Florian Boesch como inmensa pareja de solistas, me parece la más apolínea de estas cuatro versiones comparadas. De nuevo, y como lo hacía Herreweghe en Threni, estamos ante la lectura que mira a la muerte con mayor serenidad, casi queriendo brindar a la vida un último encuentro con su belleza, colores y carnalidad. Se trata de una versión reveladora, pues tímbricamente resulta, como Threni, hasta weberniana, por el mimo y el detalle con el que cada sonido dialoga con el silencio, ya desde el aguerrido comienzo en las cuerdas, pasando por cada una de las apariciones orquestales, aquí concebidas como apuntes de color y apoyo para un entramado coral polifónico, así, verticalizado y ampliado texturalmente. Además, la estupenda toma de sonido ayuda a dotar de mayor relieve tímbrico a la partitura, ya sea en esos detalles instrumentales tan sutiles y bellos, ya en lo referido al inmenso trabajo contrapuntístico desarrollado por Stravinski en su partitura, expuesto cuerda por cuerda en las voces del coro belga con una calidad técnica de auténtico lujo. Estamos, por tanto, ante otra referencia de primer orden para una página que merece ser más conocida, dentro de un Stravinski -cierto es- difícil y áspero, tanto por temperamento como por escritura, pero que tras esos (primeros) obstáculos brilla como el genio que siempre ha sido.

Las dos obras que completan el disco, abriéndolo y cerrándolo respectivamente, son sendas partituras corales igualmente cantadas de un modo ejemplar, de nuevo rescatando ecos de la polifonía renacentista, pues la segunda de ellas procede directamente de dicho periodo histórico. Se trata del himno "The dove descending breaks the air" (1962) y de "Da Pacem Domine", tercera de unas Tres sacrae cantiones (1957-59) que recomponen, a su vez, las Sacrae Cantiones (1603) de Carlo Gesualdo, lo que compacta aún más estos lanzamientos, así como, circularmente, esta reseña, pues en la música del italiano concluiremos este repaso a las novedades del sello PHI. Por el momento, esta Marcia fúnebre inicial nos ofrece uno de los lanzamientos stravinskianos más importantes de los últimos años, tanto por la necesidad del registro de unas partituras con tan poca presencia fonográfica, como por sus excelentes lecturas, lo cual no es poco. Abandonar el disco sumidos en la levedad, el refinamiento cromático y el extatismo de "Da Pacem Domine", supone todo un bálsamo espiritual para el oyente.

II. Soli Deo Gloria (Johann Sebastian Bach)

Prosiguiendo nuestro recorrido por la historia de la música, llegamos al que, por el momento, es el buque insignia de PHI: Johann Sebastian Bach (Eisenach, 1685 - Leipzig, 1750), compositor al que la discográfica de Philippe Herreweghe ha dedicado excelentes monográficos entre los que destacan sus grabaciones de los Motetes BWV 225-230 (LPH 002), de la Misa en si menor BWV 232 (LPH 004), o de las cantatas de Leipzig, con dos lanzamientos en los que se recogían, respectivamente, las cantatas BWV 44, BWV 48, BWV 73 y BWV 109 (LPH 012) y BWV 25, BWV 46, BWV, 105 y BWV 138 (LPH 006). Si aquellos compactos daban cabida a partituras compuestas por Bach en su primer ciclo litúrgico (1723-24) como Thomaskantor en Leipzig, el disco que hoy presentamos, tercer volumen en PHI de las cantatas de Leipzig, da cuenta de la composición bachiana en el segundo ciclo litúrgico en la ciudad sajona, con las cantatas "Nimm von uns, Herr, du treuer Gott" BWV 101 (1724), "Ihr werdet weinen und heulen" BWV 103 (1725) y "Mache dich, mein Geist, bereit" BWV 115 (1724).

Tal y como nos relata en sus notas Christoph Wolff (uno de los más reputados expertos bachianos), la Cantata "Nimm von uns, Herr, du treuer Gott" BWV 101 fue escrita para su estreno el 13 de agosto de 1724 y se caracteriza por su riqueza en cuanto a escritura para vientos, con flauta travesera, tres oboes y un cuarteto compuesto por corneta y tres trombones para dar apoyo y propiciar la diferenciación tímbrica del coro. Su fortaleza sonora, así como su firme carácter, se debe al hecho de tratarse de una cantata penitencial, con una melodía que proviene directamente de la prosodia del texto litúrgico escrito en 1584 por el poeta y místico alemán Martin Moller. Dicha melodía aparece en seis de las siete partes de esta cantata BWV 101, con sus tonalidades menores y crepusculares. La versión de Philippe Herreweghe no explota el lado más penitente de la página, y sí la luminosidad de sus coros, en los que imprime un estilo cercano al de los motetes. Además de la belleza coral, destaca sobremanera en esta lectura el dúo de soprano y contratenor en el aria "Gedenk an Jesu bittern Tod", con una Dorothee Mields y un Damien Guillon en estado de gracia, soberbiamente acompañados por unos vientos del Collegium Vocale Gent de gran lirismo y poética, marcando un punto de contraste y luminosidad en este BWV 101.

De nuevo siguiendo el ensayo de Christoph Wolff, la Cantata "Ihr werdet weinen und heulen" BWV 103 se habría estrenado el domingo 22 de abril de 1725, con texto de la poetisa alemana Christiana Mariana von Ziegler inspirado en el discurso de despedida de Jesucristo (recogido por San Juan en su Evangelio). El texto poético es traspuesto por Bach a su coro inicial acompañándolo de una gran intensidad en el efectivo orquestal y de una rica polifonía cromática en el coro. Ambos efectivos suenan, de nuevo, con una enorme riqueza a lo largo de toda esta versión de la cantata BWV 103, partitura en la que destaca poderosamente el bajo Peter Kooij dando voz a un Cristo de gran humanidad, por lo que su tesitura se acerca a la de barítono.

Por último, la Cantata "Mache dich, mein Geist, bereit" BWV 115, estrenada el domingo 5 de noviembre de 1724 a partir de un poema escrito en 1697 por el abogado y autor de himnos Johann Burchard Freystein. De dicho texto se deriva lo que Wolff define como más moderna melodía en sol mayor, que determinará la orientación armónica y el sentido de la cantata, si bien esta melodía apenas se enfatiza en los coros inicial y final, recayendo el peso y la mayor significatividad del BWV 115 en sus dos arias: la de contratenor, "Ach schläfrige Seele, wie ruhest du noch?"; y la de soprano, "Bete aber auch dabei". En ambas vuelven a estar soberbios Dorothee Mields y Damien Guillon, rubricando un cuarteto solista en las tres lecturas magnífico.

Excelentes, por tanto, las tres interpretaciones de esta tercera entrega de las cantatas de Leipzig en el sello PHI, sello en el que Herreweghe continúa cubriendo huecos en su catálogo de la cantatas bachianas, pues no había registrado estas partituras ni en su etapa discográfica en Virgin ni en la de Harmonia Mundi. Con un coro de cámara de tamaño medio, rehuyendo el minimalismo en cuanto a efectivos vocales que prima en muchas lecturas recientes (pensemos en estas tres cantatas en las versiones de Masaaki Suzuki en su integral para BIS), las partes corales se ven beneficiadas de una mayor robustez, primando el colorido y la amplitud de las fugas, por lo que resultan, en global, más disfrutables y hermosas que las más ascéticas (aunque maravillosamente tocadas) lecturas del director nipón.

III. Tempo sospeso (Carlo Gesualdo)

Terminar nuestro repaso a estos lanzamientos del sello PHI visitando la música del italiano Carlo Gesualdo tiende un puente de regreso a Ígor Stravinski, pues cuenta el compositor ruso en su catálogo, además de las Tres sacrae cantiones cuya última pieza antes reseñamos, con reflexiones sobre la obra del Príncipe de Venosa como Monumentum pro Gesualdo di Venosa ad CD Annum (1960): otro ejemplo de cómo la música renacentista inspiró poderosamente al Stravinski tardío. Y es que Gesualdo es uno de los compositores que más ha fascinado a los creadores del siglo XX, ya sea a compositores que han reescrito sus canciones y madrigales, como el propio Stravinski, Peter Maxwell Davies, Salvatore Sciarrino, o la mexicana Hilda Paredes, ya a cineastas como Werner Herzog, de cuya cinta biográfico-ficcional Gesualdo: Death for five voices (1995) dimos cuenta en su día en Mundoclasico.com con motivo de su edición en Blu-ray por el sello ArtHaus (109209).

Es obvio que Philippe Herreweghe no escapa a esta fascinación, aunque, en el caso del belga, más centrada en lo propiamente musical que en los sanguinarios episodios por los que se popularizó la vida del noble italiano. Dentro del catálogo del Príncipe de Venosa, y tras haber grabado para Harmonia Mundi (HMA 1951320) proyectos gesualdianos como el del Sabbato Sancto, el interés de Herreweghe en su nueva etapa en PHI parece especialmente dirigido a la producción tardía del trasalpino, algo de lo que constituyó una estupenda muestra su compacto con los Responsoria 1611 (LPH 010), una grabación de una belleza subyugante. No menos hermosa resulta la interpretación de otra colección igualmente fechada en 1611, la de los Madrigali a cinque voci, Libro sesto, piezas que integran monográficamente este nuevo disco de un Collegium Vocale Gent aquí formado por las sopranos Hana Blažíková y Barbora Kabátková, el contratenor Marnix De Cat, los tenores Thomas Hobbs y David Munderloh (este último presente en los madrigales decimoctavo y decimonoveno, pues cuentan ambos con dos tenores en su plantilla) y ese bajo tan grande como eterno que es Peter Kooij. A ellos se suma un muy comedido y sutil Thomas Dunford al laúd, cediendo todo el protagonismo al conjunto vocal flamenco, pero dejando apuntes de gran belleza y refinamiento en sus cuerdas, especialmente en los pasajes más danzables.

No estamos, en esta lectura belga de los Madrigali a cinque voci del Libro sesto, ante un Gesualdo enfático ni torturado, sino ante un muy interesante ejercicio de progresión espiritual desde la quietud tan extática, postrada y abrumada de los primeros madrigales hasta el más vital aliento que se respira en Quando ridente e bella, último de los madrigales aquí recogidos: nuevo brillo de luz en la vida de Gesualdo, aunque tan sólo sea como ensoñación y memoria, con los ecos de las danzas galantes que aporta el laúd y una polifonía mucho más dinámica y vibrante, que se reencuentra con la vida, en esta versión del Collegium Vocale Gent con menos sombras de duda, más lanzada al ensueño como plenitud. Ello confiere al conjunto grandes contrastes, especialmente si pensamos en madrigales previos como los soberbios O dolce mio tesoro y Deh come invan sospiro, con su invocación al poder de la muerte en el dialogo del príncipe con el recuerdo de la amada. Frente a las más luminosas páginas finales del Libro sesto, en estos madrigales intermedios que miran cara a cara a una muerte que se antoja redentora para expiar las culpas que atormentan la reclusión gesualdiana encontramos algunas de las partituras más modernas y definitorias de lo que el Príncipe de Venosa ha supuesto para tantos creadores actuales: un tiempo musical suspendido que revela una paralización existencial paralelamente implacable en la saña que infligen sus personales demonios. La tensa armonía de estos madrigales más dolientes refleja, en manos de Herreweghe, ese contradictorio mundo que busca la paz espiritual pero que aún sufre con saña, con sus disonancias soterradas y sus tesituras enfrentadas, de modo que lo que a primera vista parece un bello ejercicio contemplativo, encierra en su seno una desestabilización muy significativa: verdadero sismógrafo del alma gesualdiana.

El Collegium Vocale Gent se transforma, así pues, en un sismógrafo de una perfección técnica irreprochable, convirtiéndose en una referencia mayor para estas partituras, que cantan con un color bellísimo y una limpieza en la afinación y en el equilibrio de las estructuras de cada uno de los quintetos ejemplar. No estamos ante acercamientos a Gesualdo como los del Hilliard Ensemble, más arcaizantes, en los que cada cuerda adquiere más independencia y tensión dramática; y, sí, ante un momento de lirismo intemporal con una progresión interna muy interesante y pertinente, por lo que el disco, como los dos anteriores, se recomienda sin reservas.

Las tomas de sonido, como ya hemos adelantado al comentar algunos de los discos, son excelentes. Registradas en tres escenarios totalmente dispares, incluyendo la iglesia de San Francesco de Asciano, en el caso de Gesualdo, todas presentan una gran naturalidad, con unas voces cristalinas y una espacialización que supera a la mayoría de los registros conocidos para estas partituras, por lo cual en el apartado técnico encontramos otro factor positivo para la mayor recomendación de estos tres compactos. La edición de los mismos va en la misma dirección: estupenda, con ensayos de Stephen Walsh, para el disco de Stravinski; Jens Van Durme, para el de Gesualdo; y Christoph Wolff, para el bachiano. Además, biografías de los intérpretes, numerosas fotografías, ejemplos de partituras y portadas históricas de las ediciones originales, todo ello en los habituales bellos formatos de PHI, que añade así tres magníficos compactos con los que seguir diversificando su exquisito catálogo.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Sémele Proyectos Musicales.

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