Alemania

Primero fue el Verbo

Juan Carlos Tellechea
jueves, 22 de marzo de 2018
Francesca Berruto y Ledian Soto © 2018 by Costin Radu (HP1) Francesca Berruto y Ledian Soto © 2018 by Costin Radu (HP1)
Gelsenkirchen, sábado, 17 de febrero de 2018. Sala mayor del Musiktheater im Revier, de Gelsenkirchen (Cuenca del Ruhr). Romeo y Julieta, ballet en tres actos de Bridget Breiner, según motivo del clásico homónimo de William Shakespeare, con música de Serguéi Prokófiev (1891 – 1953). Puesta en escena y coreografía de Bridget Breiner. Decorados y figurines Jürgen Kirner. Diseño de iluminación Bonnie Beecker. Textcollage Benjamin Rimmer. Maestro de ballet Damiano Pettenella, Renato Paroni. Coaching de solistas Lynne Charles. Dramaturgia Anna Grundmeier. Intérpretes: Francesca Berruto (Julia), Ledian Soto (Romeo), Bridget Zehr (coro), Louiz Rodrigues (Mercutio), Valentin Juteau (Teobaldo), Tessa Vanheusden (la señora Capuleto), José Urrutia (el señor Capuleto), Rita Duclos (criada), Paul Calderone (padre Lorenzo), Carlos Contreras (Paris). Fiesta callejera, Chronos-Gruppe: Sarah-Lee Chapman, Hitomi Kuhara, Sara Zinna, Daniel Castillo (invitado). Orquesta Neue Philharmonie Westfalen. Director Rasmus Baumann. 100% del aforo.
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La estadounidense Bridget Breiner (Connecticut, 1974), directora del ballet del Musiktheater im Revier, de Gelsenkirchen (Cuenca del Ruhr), se atrevió por tercera vez consecutiva y con gran éxito a presentar una coreografía basada en William Shakespeare. Esta vez fue Romeo y Julieta, una pieza de más de dos horas de duración, con música de Serguéi Prokófiev, estrenada el sábado 17 de febrero de 2018. Tras el triunfo de su propia versión de La Isla de Próspero, en 2016, basada en La Tempestad, y de Hamlet, en la creación de Cathy Marston, en 2017, la compañía continúa consolidándose con interpretaciones de gran intensidad y en un hermoso lenguaje neoclásico.

Romeo y Julieta de Prokófiev sigue la marcha triunfal que emprendió desde su primer estreno en el Mahen-Theater, de Brno (República Checa), el 30 de diciembre de 1938. Aunque había sido encargada por el Teatro Kirov (hoy Mariinsky) de Leningrado (hoy San Petersburgo), la obra no gustó a los burócratas culturales soviéticos de entonces y fue postergada indefinidamente, hasta que por fin la montó la compañía de ballet de ese gran coliseo para presentarla el 11 de enero de 1940 con rotundo éxito. El estreno en el Bolshoi de Moscú tendría lugar en 1946.

Primero fue el verbo en esta versión de Breiner. Antes de dar cualquier paso sobre el escenario y de emitir alguna nota musical desde el foso, algunos de los textos de Shakespeare fueron susurrados (en inglés y otros idiomas) a través de altavoces cuadrafónicos a la platea para que se fuera formando ese ambiente mágico y misterioso propicio. Breiner se toma muy en serio aquello de los preceptos del drambalet (ballet dramatizado) del original y sin muchas rupturas ni atormentadoras actualizaciones consiguió una versión de alto nivel que fue ovacionada de pie durante largos minutos por el público.

Las imposiciones de austeridad resultaron ser providenciales para la puesta. La escenografía y el vestuario de Jürgen Kirner, así como el diseño de iluminación de Bonnie Beecher contribuyeron enormemente a realzar las escenas en las que se desplegaron los excelentes bailarines: la italiana Francesca Berruto, en el papel de Julieta, y el cubano Ledián Soto, en el de Romeo, así como Bridget Zehr (coro), el brasileño Louiz Rodrigues (Mercutio), Valentin Juteau (Teobaldo), Tessa Vanheusden (la señora Capuleto), el peruano José Urrutia (el señor Capuleto), Rita Duclos (la criada), Paul Calderone (padre Lorenzo), el venezolano Carlos Contreras (Paris) y los integrantes del grupo Chronos Sarah-Lee Chapman, Hitomi Kuhara, Sara Zinna y el mexicano Daniel Castillo, éste como bailarín invitado). Todos, sin excepción, cumplieron una labor sobresaliente en sus respectivos personajes.

En realidad, la compañía de ballet del Musiktheater im Revier es pequeña; tiene 14 integrantes, perocon su sobresaliente presencia sobre tablas dieron la sensación de ser un inmenso grupo. Así, con una coreografía que demandaba mucha acción y que aportaba gran tensión, con un lenguaje corporal y visual magnífico, lograron interpretar con gran solvencia artística y pocos elementos una de las piezas más aclamadas y populares hasta hoy en la historia de la danza y de la literatura mundial. ¡Enhorabuena Bridget Breiner !

Beecher logró con luces y sombras crear atmósferas muy íntimas y de gran fervor espiritual. Kirner, con sobrias estructuras livianas y espiraladas, parecidas a jaulas, construidas con listones de madera de tonos cálidos que podían desplazarse y volcarse fácil y dinámicamente sobre el escenario, consiguió un universo en el que las bailarinas y los bailarines siempre permanecían en el foco de atención e imaginación de la platea. Así presenciamos la maravillosa escena de amor de Julieta y Romeo bajo el balcón, bailada con tanta sensibilidad, entrega, pasión y amor por la pareja que más de un espectador se sintió conmovido hasta las lágrimas. Así también la dramática escena final con la muerte de ambos...tan impresionante, con tanta fuerza interior, psíquica, mística...un gran momento estelar para los protagonistas.

Una impresionante figura esquelética de madera, pintada de blanco, montada sobre una plataforma con ruedecillas es arrastrada sobre el escenario al principio y en medio de la obra. Es la parca funesta que recogerá del campo de batalla a los muertos en los inminentes cruentos enfrentamientos entre las familias y facciones políticas dominantes.

Los clanes rivales no luchan marcialmente aquí con sables o espadas, sino con estacas y atuendos de cuero negro, así como con máscaras y cascos protectores, amarillos para los Capuleto, azul para los Montesco (me venía a la mente aquella frase profética de Albert Einstein cuando se le preguntaba cómo se libraría la Tercera Guerra Mundial, y el genial científico respondía: la Tercera no sé, pero la Cuarta será con palos y piedras). Todo es muy primitivo aquí, pero también muy atlético, acrobático, con algo de street-dance en estas escenas de combate muy bien libradas por los varones.

El lenguaje corporal necesita asimismo indumentarias y telas apropiadas, como en el caso de estos combatientes, pero también históricas, como en el de los aristócratas de la historia. Lienzos que cubren o que descubren cuerpos y muebles ondean sobre la escena. Julieta danza con un atuendo blanco que primero es un traje de novia y finalmente se transforma en una mortaja. Berruto levita como una pluma con su estilizado cuerpo tratando de liberarse de las presiones sociales. A su lado danza un Romeo vigoroso, aguerrido y elegante, apasionado y muy romántico hasta el último instante de su existencia.

El maestro Rasmus Baumann con una entrega y un compromiso total extrajo de la orquesta Neue Philharmonie Westfalen coloridas tonalidades, con poéticas estrofas y tiernos pianíssimos en algunos momentos, mientras que en otros, como en las violentas refriegas entre los Capuleto y los Montesco, con cortantes y enérgicos fortissimos que subrayaban la vehemencia del irreconciliable conflicto, del que solo salió vencedor el amor eterno de los dos inocentes jóvenes. ¡Felicitaciones maestro Rasmus Baumann!

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