Reportajes

La obra para piano de Ernesto Lecuona

Alberto Joya
lunes, 29 de noviembre de 1999
0,0004614 El pianista cubano Huberal Herrera ha realizado una grabación conteniendo lo más importante de la obra pianística del célebre compositor también cubano Ernesto Lecuona. Aprovechando esta ocasión Mundoclasico.com les cuenta algo más acerca de Lecuona y les adelanta el contenido de dicha grabación.La música cubana cuenta con varios pilares que han sostenido durante años su bien merecida fama mundial. Cada uno de ellos ha contribuido en órdenes diversos a que de una manera u otra hayamos estado más presentes en la conciencia y el sentir de millones de personas en todo el mundo. Uno de esos pilares ha sido (y no decimos nada nuevo con ello) Ernesto Lecuona.Ernesto Lecuona nació en Guanabacoa, ciudad de La Habana, el 7 de agosto de 1895, y muere el 29 de Noviembre de 1963 en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias. Compositor, pianista y director de orquesta, estudió con Ernestina Lecuona, Carlos Alfredo Peyrellade, Joaquín Nin y Hubert de Blanck. Desde los cinco años se presentaba como pianista y a los doce años compuso sus primeras obras. Fue un notable virtuoso de su instrumento y difundió por Europa y América lo más destacado del repertorio lírico cubano, además de actuar en todas sus giras como concertista interpretando sus propias obras para piano y las de otros compositores. Su producción musical se manifiesta en obras para el teatro, canciones y obras para piano. Entre sus obras teatrales más conocidas se encuentran: María la O, Rosa la china, El Cafetal, Lola Cruz, Niña Rital, El Sombrero de Yarey, las cuales lo sitúan junto a Gonzalo Roig y Rodrigo Prats en la trilogía de compositores más importante del teatro lírico cubano.La obra para piano solo, ocupa otro lugar primordial en el catálogo genera de Ernesto Lecuona. El carácter de integral en dicha obra está sujeto a un riguroso análisis musical y pianístico, ubicándonos en el marco histórico y social en que fue compuesta. Analizando la obra pianística lecuoniana, se podrán detectar notables diferencias si comparamos algunas obras con otras, lo que nos recuerda que la música asume determinadas características y responde a exigencias diversas de acuerdo con la función para la que ha sido concebida.Algunas piezas fueron hechas para que los principiantes de cualquier conservatorio se presentaran con ellas en el acto de fin de curso y todavía unos meses más tarde, amenizaran las reuniones familiares (incluso el propio Lecuona realizó versiones simplificadas de sus obras de mayores requerimientos para que esto fuera posible). Otras basadas en la cultura musical popular se suman de forma coherente, como un aporte que el pueblo ha hecho suyo al integrarlo a su mundo, unas veces obviando y otras incorporando indisolublemente el nombre del autor al título de la pieza.Lecuona, sin embargo, tuvo muchos momentos de sinceridad. Sólo que, aunque parezca paradójico, el gran éxito comercial que tuvieron algunas de sus obras ligado a una situación de crisis económica general, se convirtieron en obstáculos para que su talla artística real fuera igualmente desarrollada y aquilatada.Lo cierto es que la difusión desbalanceada de la música de Lecuona ha hecho predominar lo que hay en su obra de comercial especialmente en canciones como Siboney, Siempre en mi Corazón, que fuera tema de la película Always in my heart. Hay una valiosa producción dentro de la literatura pianística de este compositor y su obra de voz y piano, que responden a otra forma de componer, en las que, sin dejar la espontaneidad y la naturaleza de su lenguaje musical, salen de ellas el genio y el talento de gran compositor, de auténtico creador que resiste y supera todas las críticas y la limitada imagen en que se le ha encasillado.Por lo tanto, a la hora de enfrentar la interpretación de la obra integral para piano de este autor, corresponde a un especialista conocedor del lenguaje musical del compositor de su estilo más característico hacer la selección de obras que considere reúnen las condiciones óptimas para dicho fin. Es necesario decantar las obras que, aún siendo compuestas por el propio autor, no constituyen lo más valioso de su producción, y en la mayoría de los casos hasta los propios compositores las retiran de su catálogo y, si pudieran, al pasar unos años, se arrepentirían de haberlas escrito. Sucede con obras de ocasión, moda o encargo en las que el autor no puso mucho ingenio o sencillamente no salió a la altura de lo que su talla podía dar en otro momento. Es complicado cuando un compositor de talento como Ernesto Lecuona nos ha legado más de ciento ochenta obras para piano (entre las que se encuentran mezcladas con las verdaderas joyas pianísticas, melodías de sus zarzuelas, muchas de sus canciones más populares, valsecitos de salón, marchas militares o para bandas, que han sido editadas en reducción para piano sólo para hacer más fácil su ejecución y difusión llegando más rápido al público y consiguiendo una mayor venta, lo cual equivalía a una mayor ganancia en términos económicos), pero no son realmente todas las que han sido pensadas para el piano de concierto, para el recital de piano.También encontramos grandes diferencias entre muchas obras editadas y las grabaciones hechas por el propio autor en discos, en las que en la mayoría de los casos al interpretarlas le imprime desde detalles de ritmo, agógicas, acentos, notas que enriquecen la armonía, soluciones más pianísticas a ciertos problemas que pueden ir desde un cambio de tonalidad total en una obra o un cambio de factura en el texto de ciertos pasajes y que ciertamente favorecen el discurso musical de la pieza. En otros casos existen obras inéditas, de las cuales sólo hay bocetos originales pero no desarrollados y obras de las cuales no aparece absolutamente nada escrito, pero teniendo como única referencia la grabación del autor, lo cual requiere un trabajo de transcripción para hacer una partitura de lo que se está escuchando. Otro trabajo que hay que hacer en su obra es el de ordenar por grupos coherentes las piezas que aparecen editadas sueltas y pueden formar o integrar un bloque coherente dada la poca duración de las mismas y los títulos que le han sido dados.Este trabajo en otros compositores nos ha llegado ya hecho en muchos de sus aspectos, en otros también el intérprete tiene que decidir sobre algún problema no resuelto y otro caso es el de la obra que ya nos da una versión definitiva y no nos ofrece ningún problema que no sea el de reflejar lo más fielmente posible el mensaje que el autor plasmó en la partitura y el pianista recrea en su interpretación de forma acertada, que ya es bastante.Huberal HerreraPianista cubano de excepcionales cualidades, técnica depurada y gran sentido del lenguaje pianístico musical, es un profundo conocedor de la obra de Ernesto Lecuona, a quien conoció personalmente en la década de los cincuenta y a partir de ese momento estrechó una gran amistad con el compositor del cual recibió valiosos consejos que le fueron muy útiles para comprender e interpretar mejor su música, además del obsequio de una colección de manuscritos, bocetos y apuntes de obras no publicadas. Sobre esta base, Huberal Herrera ha realizado una cuidadosa revisión de la obra para piano de este compositor y con criterio acertado y coherente, dada su experiencia y dominio en esta materia, ha hecho la selección justa de lo que debe llamarse la obra integral para piano solo de Ernesto Lecuona (a excepción de alguna obra inédita localizada en colecciones privadas que no han sido facilitadas al pianista) y obras de las cuales no se ha encontrado material alguno, sólo la referencia de haberlas interpretado su autor en alguna presentación pública.La interpretación de Lecuona por HerreraEn esta grabación de tres discos compactos de la obra para piano de Ernesto Lecuona que presentamos encontramos al intérprete más fiel a la tradición interpretativa de Lecuona, y la versión más exacta en el momento de reflejar la complejidad de la rítmica cubana, que es la base fundamental de sus Danzas Cubanas y Afrocubanas.Esta grabación ha sido esperada desde hace ya varios años, desde que en 1985 el propio Huberal Herrera comenzara a ofrecer en ciclos de tres conciertos todo este panorama como culminación de varios años de búsqueda, trabajo e investigación y como una década de preámbulo al centenario que hemos celebrado el pasado año.Gracias a la Sociedad General de Autores de España (SGAE), de la cual es miembro el citado compositor, ha salido a la luz esta interesante grabación que recomendamos muy especialmente, en el sello Autor y más recientemente su reedición por el sello Decca-Autor constituyendo el logro de todo un equipo que trabajó intensamente, desde la producción general a cargo de Enrique Rubio, la grabación realizada por Enrique Rielo, notas al programa a cargo del musicólogo Jesús Gómez Cairo, los diseños que hicieran Sonia Sánchez y Pep Carrió, la coordinación de Cristina Ward y la dirección artística y musical de Alberto Joya.Obras en este álbumSuite Andalucía, integrada por seis piezas compuestas entre 1911 y 1927 (Córdoba, Andalucía, Alhambra, Gitanerías, Guadalquivir y Malagueña), llenas todas de relevantes valores musicales y pianísticos, junto a una variedad de caracteres y recursos expresivos dados por progresiones armónicas de acordes paralelos y disonancias en juegos rítmico-tímbricos que conforman un lenguaje y un estilo muy personal del compositor.Siete Piezas Españolas, han sido agrupada en forma de suite, teniendo en cuenta su temática española en cuanto a nombres y contenido. Son obras que, aunque relativamente cortas, tienen una sólida factura estructural y un amplio despliegue de arsenal pianístico. Algunas responden al criterio de lo que se ha denominado música programática o de programa y, en ese sentido, sus títulos sugieren las referencias exactas que el autor tomó como objeto de inspiración, como en Ante el Escorial o San Francisco el Grande, ambas demostrativas de la profunda impresión que causaron al compositor estos fabulosos monumentos arquitectónicos. Completan esta serie Aragonesa, Granada, Zambra Gitana, Valencia Mora y Aragón.Diez danzas al estilo del siglo XIX. En la literatura pianística cubana la danza constituye un género que tiene su origen en el siglo XIX y como vía de expresión más fiel el piano como instrumento. Esta colección trata de recrear el mundo del salón habanero entre coloridos vitrales en un marco colonial.Seis Danzas Cubanas. En esta segunda colección de danzas se observan innovaciones en cuanto a forma y lenguaje en relación con la danza tradicional cubana, lo cual quiere decir que el género va evolucionando y es Lecuona precisamente quien lleva a la danza cubana de su mano.En ellas el tratamiento pianístico también ha ido por otros caminos, más abierto aprovechando toda la extensión del teclado logrando una gran riqueza sonora, una estremecedora fuerza dramática y un virtuosismo instrumental. Sus títulos vienen a ser casi la única conexión con la danza del XIX: No hables más, No puedo contigo, ¿Por qué te vas?, Ahí viene el chino, Lola está de fiesta y En tres por cuatro.En el grupo de Ocho Piezas Características, el pianista ha reunido piezas compuestas en fechas diversas y para ocasiones distintas, el hilo conductor de casi todo el ciclo es la terminología del género: Preludio en la noche, Quasi Bolero, Mazurka en glissado, La Habanera, Canto del Guajiro, Guajira y Zapateo, etc.Trece Valses. El vals en Ernesto Lecuona está lleno de elementos expresivos y recursos de elaboración propios de la música cubana, incorporados orgánicamente, lo que le da al vals un sabor especial, al que Eduardo Sánchez de Fuentes denominó Vals del país o Vals Tropical. A su vez muestran un pianismo amplio y brillante propio del estilo de su autor y muy procedente de la Danza Cubana ya en su forma de expresión establecida más desarrollada.Seis Danzas Afrocubanas. Fueron escritas en diferentes fechas y publicadas con este título en los años veinte. Por sus nombres aluden a una temática que se relaciona directamente con el folclore de antecedente africano en Cuba pero, sobre todo, y más que por una simple sugerencia literaria, se trata de las primeras obras que en este siglo abordan de manera consciente, por parte del autor, el tema afrocubano en la música de concierto. La Comparsa fue estrenada en 1912, cuando el compositor contaba sólo diecisiete años de edad. Todas estas danzas, de gran fuerza expresiva, plantean nuevos enfoques del tratamiento pianístico condicionados por la compleja integración de sus estructuras, en las que el factor rítmico específico constituye el elemento desencadenante de todos los componentes en las relaciones sintácticas del tejido sonoro, lo que revela un nuevo código expresivo sin precedentes en la música pianística de Cuba. La Conga de Medianoche se adentra más en los lenguajes de un vanguardismo que en nada envidia a los mejores exponentes de su época.La estética afrocubanista está presente en estas y otras obras de Ernesto Lecuona con una indiscutible autenticidad, y su sentido no es el resultado de reproducciones ni citas de carácter folclórico; ésta se expresa mediante la sublimación y estilización de esencias de lo popular traspasadas a los códigos de una música disímil por sus funciones, pero de igual sensibilidad.Diario de un Niño. Fue una de las ultimas publicaciones de Lecuona. Se trata de una Suite de piezas, sencillas para escuchar aunque complejas de interpretar. Dedicadas precisamente a la sensibilidad infantil, se caracterizan por una fina y delicada factura.Tres Miniaturas. De factura similar son obras hermosas, las tres de carácter descriptivo, con asuntos muy tratados en la literatura musical de nuestro siglo pero resueltas por Lecuona con extraordinaria originalidad, siendo sus títulos: Bell-Flower, Music Box y Polichinella.Dieciocho Danzas Cubanas. En esta serie aparecen las danzas más poco tocadas de Lecuona. Muchas de ellas permanecen inéditas, de algunas existen originales, de otras bocetos, de otras sólo la referencia discográfica del autor (por lo cual podríamos pensar que las reservó durante mucho tiempo para interpretarlas solamente en sus conciertos), algunas tienen su origen en danzas para voz y piano de las cuales el propio autor hizo la versión para piano solo y de todas ellas, el pianista Huberal Herrera ha hecho una revisión, transcripción y versión acorde con el estilo pianístico de Lecuona según corresponda en cada danza. Títulos como La 32, Mientras yo comía, maullaba un gato, El Miriñaque, Amorosa, Burlesca, Futurista, Mis tristezas, Ni tú, ni yo han sido deseadas por varias generaciones de pianistas, no estando al alcance de todos la posibilidad de interpretarlas dadas las dificultades anteriormente citadas.Completa este ciclo un conjunto de danzas escritas originalmente con letra, de las cuales Huberal Herrera ha realizado versiones para piano solo respetando e incorporando aspectos claves del lenguaje y estilo pianístico lecuoniano.Por último, la Rapsodia Negra, que cierra esta grabación, es una de las pocas obras escritas por Ernesto Lecuona para piano y orquesta. Si bien su orquestación es asunto polémico, pues existen versiones de diferentes músicos y ninguna original del autor, la interpretación de Huberal Herrera se basa en la partitura editada por Lecuona para piano solo ajustada por el intérprete, quien considera esta versión como su homenaje a Ernesto Lecuona, del que siempre ha sido deudor.Bibliografía:Recordando a Ernesto Lecuona. Notas al programa de su obra integral para piano solo en interpretación de Huberal Herrera. Jorge Fiallo. La Habana. 1985.Ernesto Lecuona: Investigación y reflexiones. Huberal Herrera. La Habana. 1995.Notas al álbum de CD La obra para piano de Ernesto Lecuona. Interpretada por Huberal Herrera. Jesús Gómez Cairo (Musicólogo). La Habana. 1995.Las partituras de Ernesto Lecuona para piano solo que se mencionan en este artículo y que podremos escuchar en esta grabación se pueden adquirir en: SEEMSA (Ediciones Quiroga). Sociedad Española de Ediciones Musicales, SA. Alcalá, 70. 28009 Madrid
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