Discos

La batuta musculosa

Paco Yáñez
lunes, 23 de abril de 2018
Béla Bartók: Suite de El príncipe de madera opus 13 / Sz. 60; Concierto para orquesta Sz. 116; Cuatro piezas orquestales opus 12 / Sz. 51; Concierto para violín y orquesta Nº1 Sz. 36; Música para cuerda, percusión y celesta Sz. 106; Suite de danzas Sz. 77; Concierto para piano y orquesta Nº2 Sz. 95; El mandarín maravilloso opus 19 / Sz. 73. Ígor Stravinski: Sinfonía en tres movimientos; Sinfonía en Do; Sinfonía de los Salmos; Le Roi des étoiles; Canticum Sacrum; Agon; Requiem Canticles; Variations; Pulcinella; Apollon Musagète; Scherzo à la russe. Edda Moser, soprano. Stella Doufexis, mezzosoprano. Christian Elsner y Werner Hollweg, tenores. Rudolf Rosen, barítono. Barry McDaniel, bajo. Robert Leonardy, piano. Christian Ostertag, violín. Anton-Webern-Chor Freiburg. SWR Vokalensemble Stuttgart. WDR Rundfunkchor Köln. Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR. Rundfunk-Sinfonieorchester Saarbrücken. SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. Michael Gielen, director. Sören Meyer-Eller, productor ejecutivo. Helmut David, Klaus-Dieter Hesse, Ute Hesse, Wolfgang Rein, Frank Richter y Norbert Vossen, ingenieros de sonido. Seis CDs ADD/DDD de 449:15 minutos de duración grabados en Friburgo, Saarbrücken y Stuttgart (Alemania), entre los años 1967 y 2014. SWR Music SWR19023CD
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Los años previos a su retirada por motivos de salud, anunciada el 30 de octubre de 2014, tras un último concierto en febrero de ese mismo año al frente de la NDR-Sinfonieorchester, fueron para el compositor y director austriaco (aunque nacido en Dresde) Michael Gielen de continuos premios y reconocimientos: los muy merecidos por una batuta clave en la segunda mitad del siglo XX, con su decisivo protagonismo en la renovación de los lenguajes musicales habida en la posguerra, tantos de cuyos estrenos fueron brindados por Gielen; destacadamente, en el proteico contexto de las orquestas radiofónicas del suroeste de Alemania: esa arcadia de la avantgarde

Con Michael Gielen ya retirado, la emisora alemana con cuya orquesta mantuvo un contacto más estrecho a lo largo de las últimas décadas ha querido homenajear al maestro, aprovechando, asimismo, la ocasión que ofrecía su nonagésimo aniversario, celebrado el pasado 20 de julio de 2017. Desde entonces, la SWR ha iniciado la publicación de los siete volúmenes que hasta ahora (pues siguen en progreso) conforman la Michael Gielen Edition, de los cuales damos hoy cuenta del quinto de ellos, dedicado a dos figuras clave en la composición del siglo XX: Béla Bartók (Nagyszentmiklós, 1881 - Nueva York, 1945) e Ígor Stravinski (Oranienbaum, 1882 - Nueva York, 1971). Se trata de un cofre de seis discos compactos interpretados en su mayor parte por la orquesta de la que Gielen fue titular de 1986 a 1999, la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg, formación con la que posteriormente siguió en estrecho contacto como principal director invitado y director honorario, hasta su última aparición sobre su podio, en enero de 2014 (antes de la polémica fusión, en 2016, de la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg con la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR: unión a la que Gielen se opuso enérgicamente, como dejaron constancia sus cartas en la prensa alemana). Se trata de registros, en su mayor parte, ya conocidos por su edición fonográfica previa en el sello Hänssler Classic (aunque hasta seis primicias en disco compacto encontraremos); grabaciones prácticamente todas ellas en estudio radiofónico a las que sumamos tomas que en el caso de este quinto volumen se remontan a finales de los años sesenta, ofreciendo un muy interesante contraste interpretativo con el último Gielen, como veremos a lo largo de esta reseña. 

Adentrándonos, pues, en este quinto cofre de la Michael Gielen Edition, en el primer disco de los tres dedicados a Béla Bartók nos encontramos con la suite del ballet A fából faragott királyfi opus 13 / Sz. 60 (El príncipe de madera, 1914-17), en una grabación de enero de 2006 con la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. A pesar del poderoso músculo imprimido por Gielen a sus lecturas en estos compactos, aquí el enfoque es prácticamente cinematográfico, menos tenso y más narrativo. Más que ante un ballet, pareciera que observásemos una película de cine mudo acompañada por la SWR, sin que por ello falte pulso rítmico o una dosificación muy bien paladeada de las tensiones cromáticas, como en un 'Preludio' convertido en un verdadero amanecer, muy fiel a su indicación de Molto moderato, y en el que Gielen va ampliando al espectro armónico de la orquesta y su volumen dinámico con total mimo, sin prisa alguna, detallando la partitura con primor. Pasajes como los del bosque, la canción del príncipe o el arroyo serían perfectos ejemplos de ese enfoque tan visual y cinematográfico (digno heredero de las bandas sonoras originales que de dicho periodo conservamos), con un sentido del movimiento que casi nos conduce al expresionismo alemán de los años veinte en la República de Weimar. El color de la SWR es soberbio, destacando sobremanera en este opus 13, como no podía ser de otro modo, las maderas y los rotundos coros de metales en unos clímax dosificados al milímetro, pues manda en Gielen la planificación de lo narrativo sobre lo emocional. Gran lectura, que sólo nos deja con la pena de que no se hubiese registrado el ballet al completo, pues habría figurado entre sus grabaciones referenciales. 

Completa el primer disco el Concierto para orquesta Sz. 116 (1943, rev. 1945), en una toma de diciembre de 2005, también con la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. Ya al escuchar la danza de El príncipe de madera tomábamos conciencia de que el Bartók de Gielen no resulta especialmente folclorista o idiomático, enfatizando más su modernidad que los ecos populares, que se escuchan, pero lo hace de un modo más acusado la impronta germánica y el pensamiento contrapuntístico que el melodismo rescatado por Bartók del acervo magiar. Es quizás por ello que estamos, también, ante una lectura más sinfónica y expandida de lo habitual (con sus 39:40 minutos de duración; lejos, en todo caso, de los 47:52 minutos en los que Celibidache transformaba, en marzo de 1995 (EMI 0 85606 2), el Concierto para orquesta en 'otra cosa'). Así, movimientos como 'Giuoco delle Coppie' suenan un poco decaídos, mostrando una batuta algo más pesada que habrá de reaparecer en algunas de las grabaciones efectuadas por Gielen ya en el siglo XXI (frente a las más vivas y tensas de los años sesenta). En movimientos como la 'Elegia', este tempo pausado permite ya no sólo una audición detalladísima de cada sección orquestal, sino ganar ese pulso denso y misterioso también presente en dos de las cumbres fonográficas del Sz. 116: las de Pierre Boulez con Berlín (EuroArts 2053078) y Riccardo Chailly con Concertgebouworkest (Decca 458 841-2). Aunque muy diferenciado en ambientes entre los distintos movimientos, recuperando Gielen su músculo en el 'Finale', no alcanza en conjunto alturas como las de Boulez, Chailly o Georg Solti (Decca 470 516-2). 

Abren el segundo compacto bartokiano las Cuatro piezas orquestales opus 12 / Sz. 51 (1912, rev. 1921), en una toma en estudio del 25 de marzo de 2003, nuevamente con la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg (como todo el segundo disco). Es una lectura algo más lenta que las de Boulez, de entre las que tengo a su portentoso registro del año 1992 con Chicago como la referencia para este opus 12 (Deutsche Grammophon 437 826-2). Resulta más teatral la versión de Gielen, más europea por su refinamiento y oscuro expresionismo (relacionando directamente estas Cuatro piezas con la que sería única ópera de Bartók). Por tanto, se trata de una lectura más embebida de su contexto histórico que la más distante y abstracta de Boulez; aunque la unidad y la apabullante lectura de Chicago sean de impresión, con una orquesta más bartokiana por la nómina de sus batutas (entre las contamos a Fritz Reiner y Georg Solti) que la alemana. En todo caso, muy notable, demorada y sombría lectura de estas Cuatro piezas orquestales, digna de escuchar por sus detalles de calidad. 

Bellísima, y de una intensa luz crepuscular, es la lectura del Concierto para violín y orquesta Nº1 Sz. 36 (1907-08) aquí incluida, con una grabación en estudio efectuada el 5 de diciembre de 2003 en la que escuchamos a un también muy cálido Christian Ostertag como solista. Resulta difícil encontrar un primer movimiento tan delicado y preciosista, de afinación tan pulcra y compenetrada entre violinista y orquesta: una SWR irreconocible por su lirismo frente a lo escuchado en otros repertorios a una formación tan aristada y contundente, cuando se lo proponía (en buena medida, impulsada por el músculo de Michael Gielen desde el podio, un director con fama -contrastada por algunos compositores con los que he hablado de este tema- de hombre duro y exigente, a veces hasta los límites de lo aconsejable). De todos los registros comprendidos en este cofre, éste es, por tanto, el Bartók más ligero y espiritual; menos tenso que la lectura de Pierre Boulez con Gidon Kremer (Deutsche Grammophon 477 7440), en la que no escucharemos unos ecos tan bucólicos y campestres como los aquí sugeridos en el 'Allegro giocoso', con su sensualidad y perfumado preciosismo fin de siècle, algo para lo cual nos tendríamos que ir a las lecturas de Shlomo Mintz con Riccardo Chailly (Muziekgroep Nederland MCCM 97033), o a la histórica de Yehudi Menuhin con Antal Dorati (EMI 7 63985 2). 

El contraste de la intimista versión precedente con la efectuada en estudio, en mayo del 2004, de la soberbia Música para cuerda, percusión y celesta Sz. 106 (1936) no podría ser mayor. Con este registro alcanzamos la más alta cota interpretativa bartokiana de Michael Gielen, su lectura más personal, intensa y reveladora. Su fusión de los elementos melódicos, folclóricos y modales junto con lo más abstracto, moderno y estilizado (donde deja patente, de nuevo, la impronta germánica) es ejemplar, dotando, además, de un misterioso halo a su lectura; destacadamente, un 'Adagio' impresionante, respirado con pausa y una calidad técnica soberbia: qué glissandi de la cuerda como trasfondo al tema principal de la celesta, así como los ecos de ese mismo efecto -bartokiano por antonomasia- en la membrana del timbal. Poderosa construcción, la de los crescendi en los sucesivos clímax del 'Adagio', como ya lo fueran en un 'Andante tranquillo' muy calmo y sólido; mientras que el 'Allegro' es de una vitalidad rítmica contagiosa. Con unas duraciones por movimiento de 7:43, 7:58, 7:45 y 7:20 minutos, la de Gielen es una de las versiones discográficas más cercanas al ideal de la misma duración de las cuatro partes de una Música para cuerda, percusión y celesta rubricada, aquí, plena de vitalidad en el 'Allegro molto': epítome del principio estilístico bartokiano de «preservar los elementos identitarios e integrarlos en un estilo global», que me decía recientemente Xoán M. Carreira con respecto a un espectáculo de danza en Galicia que unía la muñeira y el hip hop. 

El último compacto dedicado a Bartók presenta tres primeras ediciones en disco y se abre con la Tanc-suite Sz. 77 (Suite de danzas, 1923), aquí presente por medio del registro más antiguo de este cofre, una grabación en estudio del 25 de octubre de 1967 con la Rundfunk-Sinfonieorchester Saarbrücken. Michael Gielen no disfrutó de una carrera discográfica al uso en sus comienzos como director, cimentándose su fama principalmente a través de las transmisiones radiofónicas, muchas de ellas inéditas en soporte fonográfico y realizadas no en vivo, sino en condiciones prácticamente análogas a las ofrecidas por las grabaciones de los sellos discográficos; de ahí, la calidad de las mismas y su superior factura con respecto a lo habitual en la época, fruto de un concienzudo registro en estudio radiofónico y de la edición de cada toma, para posteriormente emitir un producto con calidad de disco. La Tanc-suite es un buen ejemplo de ello, con su meticuloso y tenso dibujo orquestal, mostrándonos a un Gielen más ágil y nervioso en cuanto a pulso que el que escucharemos en sus registros postreros con la SWR, aunque no alcance el folclorismo y la vitalidad de un Solti con Chicago (Decca 470 516-2). 

También con la Rundfunk-Sinfonieorchester Saarbrücken escuchamos el Concierto para piano y orquesta Nº2 Sz. 95 (1930-31), con Robert Leonardy como solista. Es éste un registro en estudio de enero de 1973, muy interesante y sólido, aunque no a la altura, por contundencia y excelencia orquestal, de versiones como las de Maurizio Pollini y Claudio Abbado, con Chicago (Deutsche Grammophon 457 909-2); o Leif Ove Andsnes y Pierre Boulez, con una esplendorosa Berliner Philharmoniker (Deutsche Grammophon 477 5330). Cierra este tercer compacto una soberbia lectura del ballet A csodálatos mandarin opus 19 / Sz. 73 (El mandarín maravilloso, 1918-19), en una grabación en vivo del 17 de noviembre de 2007, con el Anton-Webern-Chor Freiburg en los compases finales. Músculo, de nuevo, para un mandarín cuya entrada en escena es una auténtica explosión sonora. Enorme sentido visual, el de Gielen, al dibujar cada cuadro, además de una definición tímbrica de la SWR Sinfonieorchester soberbia, con especial mención para las maderas. Junto con las de Pierre Boulez con Nueva York (Sony SMK 45837) y Chicago (Deutsche Grammophon 447 747-2), así como con la soberbia de Riccardo Chailly con la Concertgebouworkest de Ámsterdam (Decca 458 841-2), una de las versiones más disfrutables del ballet al completo. 

«Por supuesto, considero que Stravinski es uno de los maestros verdaderamente grandes del siglo XX. La razón por la que lo he dirigido tan poco en la emisora de la Südwestfunk es porque ya ha sido más tocado por otros directores, de modo que ello me permitió concentrarme de forma principal en la escuela de Schönberg. Para calmar un poco mi conciencia de culpabilidad, tocamos primero Le Sacre, y poco después la Sinfonía en tres movimientos, que me gusta mucho». Con estas palabras de Michael Gielen nos adentramos en el cuarto disco, primero de los tres dedicados en este cofre a Ígor Stravinski, un compositor tardíamente abordado en disco por Gielen, pero de cuyas partituras nos ha dejado unas cuantas versiones referenciales. El primero de estos compactos está centrado en las grandes sinfonías del ruso, en versiones entre las que destaca sobremanera, precisamente, su lectura de la Sinfonía en tres movimientos (1945), registrada por Gielen en marzo de 2003. Es ésta una versión tremendamente musculada y firme, en la que de nuevo se pone de relieve un enfoque cinematográfico, algo a lo que en el libreto se refieren tanto Gielen como Robert Craft, que ven en el ritmo de esta sinfonía y en la narratividad de sus cuadros un correlato de la Segunda Guerra Mundial. Junto con versiones como la de Pierre Boulez con Berlín (Deutsche Grammophon 457 616-2), o la de Esa-Pekka Salonen con la Philharmonia Orchestra (Sony SK 45796), una de las grandes referencias. 

Mientras, la Sinfonía en Do (1938-40) no tiene en este registro de mayo de 2006 a su director ideal, con un tempo un tanto pesado que lastra el vuelo de inspiración netamente clásica, la ligereza y el elegante encanto de esta partitura. Estamos lejos, por tanto, de lecturas como las del propio Stravinski, destacadamente su registro con la Cleveland Orchestra (Sony 88875026162), o de la de Michael Tilson Thomas en su soberbio compacto de sinfonías stravinskianas con la London Symphony Orchestra (Sony SK 53275). En el caso de la Sinfonía de los Salmos (1930, rev. 1948), la toma dirigida por Gielen en diciembre 2005 resulta más satisfactoria, con su pujante ímpetu en la masa coral del WDR Rundfunkchor Köln, aunque tampoco diría que se trate de una lectura referencial, como las de Tilson Thomas, en el compacto antes mencionado para la Sony; Pierre Boulez, en su versión con Berlín (Deutsche Grammophon 457 616-2); o Simon Preston, en su particularísima grabación del año 1974 para la Decca (430 346-2). 

El quinto disco se abre con una partitura stravinskiana poco grabada, Le Roi des étoiles (1911-12), en un registro (que aquí conoce su primera edición en compacto) en vivo que hoy cumple años, pues se efectuó el 23 de abril de 1971, en Stuttgart, con dos formaciones de dicha ciudad: el SWR Vokalensemble y la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR. Zvezdoliki (como se conoce a esta obra en ruso) recibe una lectura con tintes -que podrían parecer antitéticos- entre lo rudo y lo impresionista, pero de gran nivel coral, codeándose con la más limpia y moderna versión de Pierre Boulez con la Cleveland Orchestra & Chorus (Deutsche Grammophon 471 197-2). 

Las tres siguientes grabaciones (ya conocidas por su edición en Hänssler Classic) se encuentran entre el mejor Stravinski de Gielen. La primera de ellas es su lectura, efectuada en junio de 2007, de Canticum Sacrum (1955), con el tenor Christian Elsner, el barítono Rudolf Rosen, nuevamente el SWR Vokalensemble Stuttgart y la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden un Freiburg. Juntos, ofrecen una versión realmente soberbia, con un deje ligeramente arcaizante, como la de Simon Preston (430 346-2), si bien la de Preston es más espiritual y la de Gielen más aguerrida, haciendo hincapié en  su arquitectura ya orientada hacia el dodecafonismo. 

La soberbia Agon (1954-57), esa enciclopedia de bolsillo de la historia de la música -desde el Renacimiento hasta el serialismo-, como la definió Simon Rattle en su día, es una partitura estrechamente vinculada a la Südwestfunk, pues su orquesta fue una de las primeras en registrar discográficamente este ballet, con la referencial lectura del año 1957 dirigida por el mítico Hans Rosbaud (Wergo WER 6771 2 / Accord 4811510). Casi medio siglo después, en febrero de 2004 Michael Gielen nos ofreció otra estupenda grabación de Agon; junto con la del propio Rosbaud, la intensamente colorista de Riccardo Chailly (Muziekgroep Nederland MCCM 97033) y la fuertemente acerada de Yevgueni Mravinski (Melodiya 25192), en el podio de sus referencias fonográficas. Tímbricamente, este Agon de Gielen es fascinante, uniendo lo que es una de las interpretaciones más aguerridas, por tensión y pulso rítmico, con una definición instrumental de primer orden que radiografía a la orquesta alemana como en pocas grabaciones, convirtiéndola en un ensemble de solistas. Sin duda, uno de los puntos fuertes de este cofre. 

Requiem Canticles (1965-66) visitó nuestra sección discográfica recientemente, por medio del excelente registro dirigido por Philippe Herreweghe al frente de la Royal Flemish Philharmonic (PHI LPH 020). Calificaba entonces de primera referencia a la de Herreweghe, ligeramente por encima de otras tres lecturas que considero necesarias para una comprensión en profundidad de esta partitura: la histórica de Robert Craft con la Columbia Symphony Orchestra (Sony 88875026162), la de Oliver Knussen con la London Sinfonietta (Deutsche Grammophon 447 068-2) y ésta misma de Michael Gielen, con la mezzosoprano Stella Doufexis, el barítono Rudolf Rosen, el SWR Vokalensemble Stuttgart y la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden un Freiburg. Aquí sí Gielen da una lección de estructura serial y filiación germánica; desde luego, más que una lectura de Herreweghe más preciosista, aunque con un coro, el Collegium Vocale Gent, insuperable. Otro registro imprescindible en esta edición. 

La presencia de Variations (1963-64) adquiere en este cofre un importante valor testimonial, pues esta partitura fue incluida en los últimos conciertos de Michael Gielen al frente de la SWR, dentro de su gira de enero de 2014 por Coblenza, Friburgo y Bregenz. Del concierto en Coblenza proviene la presentación, aquí incluida, que Gielen realizó al público de Variations, con un notable sentido del humor y un análisis de algunas de sus partes enfocadas desde la filosofía, para después proceder -tal y como recomendaba Stravinski- a interpretar la obra por duplicado; aunque en este quinto compacto sólo se presente una versión, la registrada en el estudio radiofónico de Friburgo el 27 de enero de 2014. De nuevo, Gielen apuesta por la férrea arquitectura serial, haciendo de esta versión la más sólida en cuanto a estructura, incluso más que la también sobresaliente grabación de Oliver Knussen con London Sinfonietta (Deutsche Grammophon 447 068-2). La de Gielen muestra más amplitud en el trazo y un mayor carácter en cada atril, se percibe un trabajo a mayor escala, aunque, para adentrarnos en una pieza tan abstracta y detallada, ni siquiera llegaría con estas dos versiones, sino que la de Robert Craft, con la entonces muy stravinskiana Columbia Symphony Orchestra, también aporta otra perspectiva más 'de época': el de su registro del año 1966 para la Sony (88875026162). 

Pasando al sexto y último compacto, nos encontramos en primer lugar con el registro al completo del ballet Pulcinella (1919-20, rev. 1965), efectuado en vivo el 12 de febrero de 1973 y publicado aquí por primera vez en disco. De nuevo, el Gielen analógico suena con más músculo y brío, ofreciendo una lectura orquestal de gran nivel al frente de una Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR estupenda, de gran refinamiento y sentido teatral, con algunos pasajes tímbricamente sorprendentes. En cambio, es una pena que el trío vocal no esté a la misma altura, pues la respectivas dicciones del italiano de la soprano Edda Moser y del tenor Werner Hollweg suenan muy duras y fricativas, germanizando excesivamente el texto. Mientras, el bajo norteamericano Barry McDaniel ofrece un soberbio contrapunto, con un canto bien pronunciado, extrovertido y jovial, tan humorístico y teatral como la incisiva lectura orquestal dirigida por Michael Gielen, algo que ejemplifica a la perfección un "Con queste paroline" de un refinamiento y una expresividad fascinantes, repleto de detalles. Ahora bien, en general, es la de Gielen una versión muy directa, al estilo de las de Esa-Pekka Salonen (Sony SK 45965) y Pierre Boulez (Erato 4509-98955-2). Para una interpretación más cálida, italianizada y colorista, tendríamos que irnos a la espléndida versión de Riccardo Chailly con la Concertgebouworkest (Decca 443 774-2). 

También es primera edición discográfica el registro de Apollon Musagète (1927-28, rev. 1947), procedente de una grabación en estudio del 24 de julio de 1973. De nuevo con la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR, estamos ante una gran lectura a nivel técnico, muy directa y musculosa, poniendo en escena a un Apolo robusto y viril materializado por una cuerda de tronío en su ataque. Se podrían echar en falta, eso sí, la elegancia y la sensualidad desplegadas por el propio Stravinski en su registro con la Columbia Symphony Orchestra (Sony 88875026162), la exquisita perfección y equilibrio neoclásico de Esa-Pekka Salonen con la Stockholm Chamber Orchestra (Sony SK 46667), o el vitalista ejercicio de Riccardo Chailly con la Concertgebouworkest de Ámsterdam, en un registro de una luminosidad fascinante (Decca 473 731-2), pero el de Gielen resulta muy notable y no decae en ningún momento. 

Por último, una lectura del Scherzo à la russe (1944) hasta ahora sólo disponible en un álbum recopilatorio publicado por la SWR en el año 2002. Se trata de una grabación en estudio efectuada el 17 de abril de 1998, en la que volvemos a la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. Se percibe el disfrute de Michael Gielen y sus músicos atacando esta partitura, con un ímpetu pleno de efusividad y un tono netamente festivo que contagia por su empuje; ofreciéndonos, por tanto, un gran broche en perfecta lógica con el carácter vigoroso que habíamos escuchado en tantas de las lecturas precedentes.  

Por lo que a las grabaciones se refiere, éstas son entre muy notables (las analógicas) y sobresalientes (las digitales, efectuadas en su mayoría en la Konzerthaus de Friburgo, en condiciones de estudio). La restauración de las tomas de los años sesenta y setenta fue realizada por Ute Hesse, con los habituales estándares de calidad de la SWR. La transparencia que escuchamos en tantas de estas versiones debe, indudablemente, al enfoque interpretativo del propio Gielen y al intenso trabajo de ensayos con sus orquestas, pero no cabe duda de que estos soberbios registros fonográficos y la calidad de su edición también ayuda, y mucho. 

El libreto (en alemán e inglés) es otro de los puntos fuertes de este cofre, con sus 87 páginas en las que, muy en contra de lo habitual, no se incluyen fotografías, pero sí textos muy informativos que comprenden la presentación de este volumen a cargo de Sören Meyer-Eller y Ute Hesse, cuadros cronológicos con la vida y carrera de Michael Gielen, biografías de los intérpretes, unos detalladísimos datos técnicos y especificaciones del registro de cada obra, los textos completos de las mismas y un documentado ensayo sobre cada partitura a cargo de Paul Fiebig, lo que redondea un trabajo muy cuidado y una edición a tener muy en cuenta, como las previas de esta Michael Gielen Edition (especialmente, en lo que a sus volúmenes dedicados al siglo XX se refiere). 

Estos compactos han sido enviados para su recensión por la SWR

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