España - Madrid

Una ocasión desaprovechada

Maruxa Baliñas
jueves, 30 de agosto de 2018
Jaho y Domingo en 'Thais' © Javier del Real, 2018 Jaho y Domingo en 'Thais' © Javier del Real, 2018
Madrid, jueves, 26 de julio de 2018. Teatro Real. Thais, ópera en tres actos de Jules Massenet. Libreto de Louis Gallet basado en la novela homónima de Anatole France. Estreno, Ópera de París, 16.03.1894. Ermonela Jaho (Thais), Plácido Domingo (Athanael), Michele Angelini (Nicias), Jean Teitgen (Palemón), Elena Copons (Crobyle), Lydia Vinyes-Curtis (Myrtale), Marifé Nogales (Albine), Sara Blanch (Encantadora), y Cristian Díaz (Sirviente). Coro y Orquesta del Teatro Real. Patrick Fourniller, director musical. Versión de concierto
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Me resultó fascinante el contenido ideológico de esta Thais, aunque -al contrario que en otras ocasiones- el programa de mano (con dos artículos de Joan Matabosch y Juan Lucas) no me ayudó a comprender la ópera, sino que más bien me confundió. Su modo de entender la historia centrándola en Athanael y sus problemas mientras consideran a Thais una especie de símbolo o piedra de toque pero no alguien real, coincide poco con lo que se ve y oye en la ópera. Ciertamente esta no es una historia de buenos y malos, y los personajes son demasiado extremados como para que resulte sencillo identificarse con ellos, pero presuponer la sinceridad en Athanael y la volubilidad o mentira en Thais debe considerarse un planteamiento típico de la Belle Époque, que acaso haya que revisar cuando se escribe actualmente . De hecho, en muchos momentos tuve la sensación de estar ante una ópera simbolista, como Pelleas et Melisande de Debussy, más que una versión francesa de Salomé o un verismo pucciniano. 

Centrándose ya en la representación en sí, los resultados no fueron los esperables, ni los que se merecía una ópera tan poco frecuente -para gran parte del público esta era probablemente su primera aproximación en directo- como es Thais. El programa de mano cuenta que el papel de Thais fue creado para una cantante determinada, Sybil Sanderson, que tenía el "physique du role", pero no habla del papel de Athanael. Fuera cual fuese la idea de Massenet, es improbable que hubiese elegido a Plácido Domingo para el rol. Un director escénico -incluso aunque se hiciera versión de concierto- podía haber solucionado el problema, pero no lo hubo. Así Domingo actuó su papel como le pareció y desde el comienzo planteó un Athanael demasiado mayor, cansado y casi siempre falto del orgullo e incluso soberbia que implica su rol. Era un hombre confuso, inseguro, incluso dubitativo ya desde el comienzo de la ópera. Vocalmente tampoco su rendimiento fue bueno: en este momento Domingo ya acusa la edad y el papel de Athanael le obliga a estar todo el tiempo en escena y a ser centro de la acción. Acaso en Peralada, donde esta misma ópera y esta misma versión se presentó el 29 de julio en el Festival (aunque el programa de mano del Teatro Real no lo indicara), el rendimiento de Domingo fuera mejor, pero en Madrid estaba notablemente cansado. El público sin embargo lo braveó al finalizar su actuación. 

Ermonela Jaho se lució vocal y dramáticamente. Cantó bien durante toda la ópera, pero fue en su muerte cuando 'se salió' e hizo una interpretación francamente memorable; de hecho le ocurrió algo que he visto en muy pocas ocasiones: se emocionó tanto con lo que hacía que se puso a llorar ya antes de terminar su parte, y luego ya francamente en los aplausos finales. Jaho fue claramente lo mejor de la ópera y el público lo agradeció con numerosos bravos y aplausos. 

Michele Angelini (Nicias) comenzó bien, pero pronto acusó el cansancio y en el segundo acto su rendimiento empeoró netamente. Más me gustó Jean Teitgen, demasiado joven físicamente para hacer de Palemón -y de director espiritual de Domingo por tanto- pero vocalmente cumplió, y aunque su voz no es maravillosa la aprovecha bien. 

Los papeles secundarios estuvieron muy bien servidos. Elena Copons y Lydia Vinyes-Curtis cantaron muy bien sus partes, pero además resultaron cómicas en sus intervenciones, lo que resultó de agradecer. Sara Blanch tenía un papel mínimo como La Charmeuse, pero lo aprovechó al máximo y se mostró como una cantante digna de mejores oportunidades. Cristian Díaz y Marifé Nogales cumplieron con su parte correctamente pero sin alardes.  

El Coro del Teatro Real se lució porque no sólo realizaron las partes corales, sino también algunas intervenciones solísticas menores que les encomienda Massenet. Sólo cabe felicitar una vez más a Andrés Maspero, su director, y lógicamente a los coralistas. Patrick Fournillier dirigió bien y se le notaba el conocimiento de la ópera, pero la orquesta no siempre respondió adecuadamente e incluso tuvo errores (en la parte de la 'orquesta árabe' especialmente). La Meditación sonó muy bien, y casi mejor aún cuando reaparece en la parte final de la ópera. 

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