Discos

Bandoneón portugués y guitarra argentina

Juan Carlos Tellechea
martes, 21 de agosto de 2018
TANGO FADO DUO. Daniel Binelli – bandoneón. Pedro H. da Silva – portuguese guitar. Sorel classics (SC CD 012). Recorded at the Judson Memorial Church & Harvestworks Studios, New York City, USA. Producer & Editor: Pedro H. Da Silva. Co-producer: Daniel Binelli. Recording & Mixing Engineer: Paul Geluso. Mixing: Byron J. Wu. Mastering: Alan Silverman. Photography: Elias Wessel. Design: Ruben Khachaturyan. Special thanks: Lucia Caruso, Polly Ferman. Liner notes: Pedro H. da Silva, Daniel Binelli, Kieran Conaway, Ellen Hardcastle. All tracks arranged by Daniel Binelli and Pedro H. da Silva, except track 8 (París desde aquí) arranged by Binelli, and track 9 (Leyenda; Asturias, by Isaac Albéniz) arranged by da Silva.
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Esta singular y brillante unión de Tango fado dúo (así se titula el precioso disco compacto), con Daniel Binelli en el bandoneón y Pedro Henriques da Silva en guitarra portuguesa, suena excelentemente bien; se lo escucha con gran placer, sorprende y resulta muy interesante por las técnicas de formas libres y abiertas utilizadas en la ejecución. Ambos instrumentos parecen más hermanados de lo que uno pudiera imaginar.

De hecho el fado tango figura entre las categorías más conocidas del género, junto al fado castiço, el fado corrido, el fado batê, el fado-canción y otros. El CD lo hemos recibido personalmente (para reseña) de manos del compositor y bandoneonista argentino Binelli, quien lo grabó en Nueva York con el celebrado músico y creador portugués da Silva, profesor de musicología de la New York University. La placa comienza con un destacado homenaje al compositor argentino Héctor Quattromano (1945–2015) con su celebérrima pieza Quiero ser tu sombra (de La partida) que integra desde hace años el repertorio de tantos y tantos artistas.

La grabación de casi una hora de duración aúna 10 entrañables temas de fado, de tango, de música española...a través de dos instrumentos, a cual de ellos más característico: el bandoneón, (desarrollado en Alemania a comienzos del siglo XIX, desde la concertina, e integrado en el Río de la Plata, gracias a algún marinero de ultramar, al término de la segunda mitad de dicha centuria); y la guitarra portuguesa, de 12 cuerdas, desarrollada en el XVIII a partir de la cítara, cuyos remotos orígenes y ancestros se pierden en los tiempos de hititas, asirios y babilonios, entre los siglos XII y VI aC). Algunos creen que el citole, traído por la colonia inglesa a Oporto, es un eslabón intermedio. ¡Vaya, si no habrá historias para contar, algunas del Antiguo Testamento!!!

La constelación es inusual. El tango --esa especie venturosa apadrinada por habaneras, tango flamenco y milongas-- acunado en los prostíbulos, conventillos y bajos fondos (...) tiene, aunque humilde, su lugar en el universo, según Jorge Luis Borges en su ensayo Evaristo Carriego, 1930). Desde los tiempos de la Guardia Vieja (entre las últimas tres décadas del XIX y comienzos del XX), fue tocado siempre con guitarra española. Ésta, traída por los colonizadores, quedó profundamente identificada con la naturaleza espiritual del hombre de campo (del gaucho criollo) y llegó al tango procedente de los recintos fronterizos rurales que rodeaban principalmente a las ciudades y a sus puertos, Buenos Aires y Montevideo, con proyecciones hacia otras regiones vecinas. Así fue que, aún después de la irrupción del bandoneón, formó parte de aquellas primitivas combinaciones instrumentales como sección rítmica.

Aquí oigo por primera vez al bandoneón con un instrumento luso que hace dos centurias fue sustituyendo paulatinamente a la guitarra española en el acompañamiento del fado (del latín: fatum, destino, voluntad de los dioses), con sus melancólicos y nostálgicos temas de la vida cotidiana que tanto lo distinguen, poniendo especial énfasis en la resignación, el fatalismo y la frustración entre los más humildes.

Fado y tango son dos expresiones de música popular urbana que evolucionaron paralelamente sin contacto directo entre sí y con poca diferencia en sus respectivas épocas. Envuelto todavía en un halo de misterio, poco se sabe con exactitud sobre el origen del fado (documentado en 1838); se dice que nació entre las gentes de mar por la nostalgia, la soledad y los balanceos de los barcos sobre las olas; entre los pobres, los obreros, los rufianes en los barrios de los alrededores del puerto de Lisboa; entre la bohemia de Alfama, Bairro Alto y otros.

Da Silva interpreta (sin canto) en este disco dos grandes clásicos, Lisboa antiga, de José Galhardo (1905-1967), Amadeu do Vale (??? - ????. biografía desconocida) y Raúl Ferrão (1890–1953); y Maria Lisboa (fado), de David Mourão-Ferreira (1927-1996) y Alain Oulman (1928-1990), así como Lachrymae, una pieza de casi 7 minutos de su propia autoria, que suenan con gran exquisitez.

Las letras vienen por sí solas a la mente: É varina, usa chinela,/Tem movimentos de gata/ Na canastra, a caravela,/ No coracão, a fragata/ (…) Quando o vento a leva ao baile,/ Baila no baile com o mar/ (…) E nas veias o latido/ Do motor duma traineira/ Vende sonho e maresia,/ Tempestades apregoa,/ Seu nome própio – Maria,/ Seu apelido – Lisboa (…). Y Lisboa antiga: Lisboa, velha cidade/ Cheia de encanto e beleza!/ Sempre a sorri tão formosa/ E no vestir sempre airosa/ O branco véu da saudade/ Cobre o teu rosto linda princesa! (…).

El bandoneón, por su colorido, fue ganando un sitial en el alma del tango a comienzos del XX para expresar esa ira, rabia, furia e indignación contenidas en las clases más desfavorecidas de ambas márgenes del Plata. El acervo es amplísimo. Por citar algunos ejemplos: (…) Fue tu voz, bandoneón,/ la que me confió/ el dolor/ del fracaso/ que hay en tu gemir;/ voz que es fondo/ de la vida oscura/ y sin perdón,/ del que soñó volar/ y arrastra su ilusión/ llorándola...(...) (Enrique Santos Discépolo (1901–1951) en Alma del bandoneón (1935), letra (con Luis César Amadori (1902–1977) ) y música). Bandoneón arrabalero, viejo fueye desinflado/ te encontré como a un purrete que su madre abandonó (…) Bandoneón, porque ves que estoy triste y cantar ya no puedo,/ Vos sabés que yo llevo en el alma marcao un dolor. (…) (Pascual Contursi (1888–1932) en Bandoneón arrabalero (1928), con música de Juan Bautista Deambroggio (1890-1963)). El duende de tu son, che bandoneón,/ se apiada del dolor de los demás,/ y al estrujar tu fueye dormilón/ se arrima al corazón que sufre más (Homero Manzi (1907-1951) en Che, bandoneón (1949), música de Anibal Troilo Pichuco, (1914-1975) ).

Al fado y al tango les unen además armonías, melodías y temas líricos, aunque difieran en ritmo e instrumentación. La producción de este CD forma parte de un ambicioso proyecto de la Manhattan Camerata, una orquesta de cámara multicultural y transclásica que fundó da Silva con su mujer, la compositora y pianista argentina Lucía Caruso y en el que participan asimismo Binelli y su esposa, la pianista uruguaya Polly Ferman. El término transclásica acuñado por Caruso quiere describir un estilo basado en las técnicas de la música clásica, la improvisación, y los elementos de diferentes culturas de todo el mundo en una amplia variedad de estilos y géneros.

Da Silva arregló para guitarra portuguesa Leyenda (Asturias), de Isaac Albéniz (1860–1909) para expandir el repertorio y las posibilidades técnicas de este instrumento. Sigue más de cerca, tanto en armonía como en estilo, la composición original para piano que no el arreglo para guitarra clásica por todos conocido.

El choclo, el tango más emblemático y popular de Argentina (orquestación (1903) de Angel Villoldo, sobre una melodía (1898) del violinista afroargentino Casimiro Alcorta, totalmente olvidado, y letra (1947) de Enrique Santos Discépolo), tiene también su historia y su fascinación en esta versión de Binelli-da Silva. En el arreglo, la guitarra portuguesa incursiona primero en la milonga, de la mano del bandoneón, hasta que entra en los compases del tango, siguiendo su historia primigenia (...) cuando salió del sórdido barrial buscando el cielo;/ conjuro extraño de un amor hecho cadencia/ que abrió caminos sin más ley que la esperanza,/ mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia/ llorando en la inocencia de un ritmo juguetón. (…).

No cabe duda de que Binelli ha asimilado profundamente el influjo de sus pasajes por la legendaria orquesta de Osvaldo Pugliese (1905 – 1995) y por el mítico New Tango Sextet de Astor Piazzolla (1921 – 1992), en 1968 y en 1989, respectivamente. Desde su incursión por el New Tango Sextet nos conocemos personalmente con Binelli, quien interpreta en este CD, acompañado por da Silva, la milonga lenta Oblivión (1972), de Piazzolla; desvela su admiración por la Ciudad Luz en París desde aquí (1982), y por Maurice Ravel (1875–1937), en la primera parte, así como por la danza afrouruguaya, a continuación, en los nueve minutos y medio de Preludio y Candombe (llamada tambores) (1996), de su autoría. Binelli con su fantástico bandoneón doble A (Alfred Arnold, de Carlsfeld, Eibenstock/Montes Metálicos, Sajonia), de la década de 1930, que suena maravillosamente bien. La tersura de sus tonalidades sigue siendo insuperada e inigualada por fueyes (fuelles) más modernos. Da Silva utiliza aquí por primera vez el arco electromagnético (Ebow) en su guitarra portuguesa que con sus dobles cuerdas (menos tensadas que en otros instrumentos similares) logra amplificar su resonancia.

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