Argentina

Triunfo de Anna Netrebko en el Colón de Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero
viernes, 17 de agosto de 2018
Netrebko y Eyvazov © Teatro Colón / A. Colombaroli, 2018 Netrebko y Eyvazov © Teatro Colón / A. Colombaroli, 2018
Buenos Aires, miércoles, 15 de agosto de 2018. Teatro Colón. Concierto Lírico. Obras de Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini, Umberto Giordano, Pietro Mascagni, Ruggero Leoncavallo y Georges Bizet. Solistas: Anna Netrebko, soprano, y Yusif Eyvazov, tenor. Orquesta Estable del Teatro Colón. Director Musical: Jader Bignamini.
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No es novedad que el Teatro Colón dejó de ser hace años un ente lírico de relevancia mundial, si en el pasado casi no quedó artista de carrera internacional que no hubiera pasado por su escenario, en el presente las figuras son escasas, se las escucha antes de su consagración o en su declive y raramente en ópera completa. En esta contemporaneidad del Colón los recitales son una forma de paliar este déficit en un teatro y un público que históricamente acogieron a casi todas las estrellas del canto de cada etapa del siglo XX. 

Bienvenido pues este debut de la soprano Anna Netrebko aunque, probablemente, se sume a la lista de los grandes cantantes del siglo XXI que, en principio, visitan o visitarán sólo una vez en su carrera a Buenos Aires.

Para las presentaciones en el Colón -la que reseñamos fue la segunda y última- fue acompañada por su marido el tenor Yusif Eyvazov en un programa de cuidada simetría: dúos en los inicios y finales de cada parte y ocho arias a razón de cuatro cada uno en ambos bloques del concierto. Los diversos fragmentos permitieron, naturalmente, apreciar a los artistas en distintas facetas. 

No es fácil decir algo novedoso sobre Anna Netrebko pero escucharla en un teatro de acústica perfecta como es el Colón permite apreciar su volumen notable, su total seguridad musical, sus agudos brillantes, su registro homogéneo, sus exquisitos pianísimos y su fraseo admirable. 

Netrebko fue una Lady Macbeth electrizante en su gran escena ‘Nel dì della vittoria… Vieni, t’affretta… Or tutti, sorgete’ de Macbeth de Verdi, quizás en el momento más impactante de la noche por su arrollador dramatismo tanto en la lectura de la carta como en el aria mientras que la cabaletta cantada dos veces fue todo fuerza, energía y pirotecnia vocal. Luego compuso una Leonora (La forza del destino) plena de matices en ‘Pace, pace mio dio…’ donde se dio el lujo de comenzar con un agudo potente y seguro iniciado de espaldas al público y sostenido de manera espectacular.

En la segunda parte comenzó con las efervescencias de Nedda y su ‘Stridono lassù…’ de Pagliacci que recordó sus inicios como soprano más ligera para concluir con un ‘Vissi d’arte’ de Tosca de absoluta antología por la expresividad sin mácula y por su fraseo exquisito y dónde volvió a demostrar que su voz ha crecido, se ha ensanchado y ha logrado pasar a un registro lírico-dramático de singular tersura. 

A su lado no defrauda Yusif Eyvazov un tenor de adecuada técnica, muy buen volumen, registro amplio y agudo seguro y poderoso. Se le puede achacar seguramente falta de matices, escaso refinamiento, alguna desprolijidad en la emisión y un color poco atractivo pero cumple con su cometido con algo más que dignidad. Así pasó un ‘Ah! sì, ben mio’ de adecuados acentos y una ‘Di quella pira’ de Il trovatore de arrolladora fuerza y potencia, sólo fue convincente en ‘Cuando le sere al placido’ de Luisa Miller. En la segunda resultó eficaz en ‘Colpito qui m´avete…Un di all´azzurro spazio’ de Andrea Chénier y doliente y compenetrado en ‘E lucevan le stelle’ de Tosca. 

Tanto Netrebko como Eyvazov se ubican y se mueven en el escenario casi como si estuviesen en la ópera, para eso la orquesta fue ubicada unos cuantos metros detrás de la postura usual lo que permitió a los intérpretes moverse con soltura, dar expresividad teatral -pero sin exageraciones- a cada fragmento y hasta bailar en algunos momentos. 

En los cuatro dúos que integraron el programa las voces se amalgamaron adecuadamente pero sin duda se dejó en claro la superioridad de Netrebko frente a Eyvasov.

En ‘Già nella notte densa’ de Otello, Eyvazov fue todo fuerza y potencia mientras que Netrebko fue una Desdemona cautivada y cautivante. Ambos fueron festivos en la breve y más adecuada para los bises ‘Libiam ne’ lieti calici’, el brindis de La Traviata. En la segunda parte desgranaron parte del dúo del final del primer acto de Madama Butterfly de Puccini, así en el fragmento ‘Vogliatemi bene’ Eyvazov fue irregular y hasta inseguro mientras que Netrebko fue plena de matices y armónicos.

El concierto finalizó con la escena final de Andrea Chenier (Vicino a te) quizás el momento en que mejor se conjugaron ambas voces y donde fue impactante el dramatismo que ambos le imponen a la parte. 

La Orquesta Estable fue adecuado soporte de los solistas y resultó razonable en los momentos puramente orquestales -las oberturas de Nabucco y La forza del destino de Verdi, los intermezzos de Cavalleria Rusticana de Mascagni y de Manon Lescaut de Puccini y un breve momento musical de Carmen de Bizet- que fueron intercalados en el curso de la noche para dar -como es habitual- descanso a los solistas. 

El maestro Jader Bignamini -que dirigió todo el concierto de memoria- condujo con mano segura a la orquesta y fue el puntal requerido por la estrella y su marido para sus intervenciones.

Las ovaciones del público trajeron los bises o propinas: primero un clásico en los recitales de Netrebko ‘Heia, heia in den Bergen’, escena de Silva Varescu de la opereta Die Csárdásfürstin (La princesa gitana o La princesa de las csárdás) de Emmerich Kálmán con baile de la diva incluido. Luego un infaltable de este tipo de veladas: ‘Nessun dorma’, de Turandot, de Puccini por Eyvazov, cantado a toda potencia, con alguna entrada fuera de tiempo y con espectaculares agudos. Y como final una versión a dúo de O sole mio de Eduardo di Capua.

En suma: un concierto que se inscribe en las grandes noches del historial del Teatro Colón. 

Comentarios
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JUAN MANUEL ALEJANDRO CORDINI
17/08/2018 19:07:55

Leí con mucha atención el comentario del Señor Gustavo G. Otero y, sinceramente, creo que el Colón sigue teniendo relevancia mundial.

Quizás no nos visiten tantas figuras internacionales como en el pasado, pero, quienes acaban de hacerlo, brillaron con toda intensidad. Obvio, me refiero a Netrebko y Eyvazov.

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