España - Madrid

Más Brahms y Elisabeth Leonskaya

Juan Krakenberger
viernes, 3 de mayo de 2002
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Madrid, sábado, 27 de abril de 2002. Auditorio Nacional. Elisabeth Leonskaya, piano. Cuarteto de Tokio: (Mikhail Kopelman, Kikuei Ikeda, violines, Kazuhide Isomura, viola y Clive Greensmith, violonchelo). Johannes Brahms; Cuarteto en la menor, Op 51 nº 2 y Quinteto con piano en fa menor, Op 34. Joan Tower: In memory. X Liceo de Cámara. Asistencia: 100 % del aforo.
0,0001179 Dentro del ciclo 'Integral de la música de cámara de Johannes Brahms', del X Liceo de Cámara, el cuarteto invitado para este evento inició su concierto con el Cuarteto en la menor, compuesto por Brahms a los 40 años de edad. Ya no se trata de una obra de juventud - el Quinteto con piano se creó 10 años antes - y por tanto es menester tener cuidado en no tratar las exuberantes expresiones sentimentales como tales, sino darles un cuidado medido y más bien intimista. Esa visión no fue, aparentemente, compartida por el Cuarteto de Tokio, que - por lo menos en el primer movimiento - dio rienda suelta a un sentimentalismo que a mi más me sonó a Hollywood de los años 50 que a un Brahms en su etapa media. La ejecución fue, como siempre, impecable, pero estoy convencido que esta música calaría más hondo si se tocara con mesura y comedimiento. Exabruptos, bañarse en sonoridad de acordes gloriosos, son manifestaciones exteriores, cuando aquí se debería tratar de ir al interior - y eso solamente se logra con mucha prudencia. Menos mal que, como suelen hacer, no observaron la repetición clásica de este movimiento inicial.También el segundo movimiento, una bella cantilena, podría haber sido más íntimo. Pero la calidad sonora del Cuarteto, excelente debido al extraordinario instrumental con que cuentan, resaltó las bellezas armónicas de esta hermosa pieza.El 3º movimiento, Quasi Minuetto, moderato, me da ocasión a explicar, mediante un ejemplo, de que trato en los párrafos anteriores. El movimiento se inicia con un tema tranquilo de negras, con un tresillo. Está marcado por Brahms 'P mezza voce'. Esto se consigue con poco arco ligando las negras, y tocando el tresillo en un solo arco, con un staccato suave. Pues no, el Cuarteto de Tokio toca estos tresillos en arcadas sueltas, legato, donde Brahms marca puntillos sobre las notas. Claro, así suena más voluptuoso. ¿Pero era esa la intención del autor? ¿No debía ser ésta una frase intimista, llena de duda, un poco tímida? En contra, el Allegretto vivace, (que ocupa el lugar del tradicional Trio) lo tocaron más bien Allegro vivace, haciendo alarde de un virtuosismo extraordinario. ¿Es que el éxito, hoy día, se consigue solamente sobre la base de exterioridad?En el 4º movimiento, Finale Allegro non assai, nuestros intérpretes estaban en su elemento. Aquí, si, cabe una interpretación agresiva, llena de coraje. Menos mal, que así las cosas acabaron bien.Nuevamente se complementó la primera parte del concierto con un estreno, esta vez In memory de la compositora estadounidense Joan Tower, dedicada a una amiga de ella que falleció durante su composición. Son unos 15 minutos de episodios que no siguen un hilo conductor: Pasajes lentos se alternan con rápidos, paz se alterna con agresión, unos unísonos por aquí, unos clusters por allí. Todo suena bien en un lenguaje un tanto 'construido' - o dicho en otras palabras, los recursos empleados muchas veces pesan más que la sustancia. Desde luego, la ejecución fue ejemplar.Como gran atractivo de la velada actuó Elisabeth Leonskaya, como pianista en el famoso Quinteto Op 34. Por casualidad, estuve sentado en la misma butaca en la cual escuché, 3 días antes, la misma obra tocada por Peter Rösel y el Cuarteto de Leipzig, o sea que no eran motivos acústicos que pudieran haber influido en lo que oí. Como comparaciones son odiosas, no las haré y además por una razón: Se trató de dos versiones tan diferentes en su filosofía, que resulta imposible comparar. Los alemanes tocan esto como una obra del romanticismo tardío alemán. El Cuarteto de Tokio y la Leonskaya lo tocaron como una superproducción americana. Y no quisiera que se interprete esto peyorativamente, porque la cosa tuvo enjundia, miga y enorme efectividad.La pianista se volcó con cuerpo y alma en su difícil parte, con sutilezas sonoras extraordinariamente efectivas, y algunos arrebatos muy arriesgados (con algunas notas falsas que se perdonan con gusto ante la avalancha sonora lograda). Una obra del Brahms joven permite aún estos excesos, y por ello el resultado fue ciertamente interesante, apasionante y agradó muchísimo al respetable. Fue así que ante los nutridos y prolongados aplausos, con gran parte del público de pié, los intérpretes - aparentemente sorprendidos por el éxito - se decidieron a repetir el movimiento lento del quinteto. La Leonskaya ciertamente merece su fama. Sabe tocar con un toque ligero cuando su parte se lo exige, cuida mucho la sonoridad, pero se vuelca con pasión en pasajes agresivos y esto se agradece.Como siempre con la sala totalmente ocupada, el Liceo de Cámara se apuntó un nuevo éxito. Ya salió el programa para la temporada 2002/2003, muy inteligentemente planificado. Madrid puede estar satisfecho con estos ciclos, que se hallan a la altura de lo que se ofrece en otras metrópolis de nuestro entorno.
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