Estados Unidos

Aida en el Met: Duelo de princesas

Gustavo Gabriel Otero
martes, 23 de octubre de 2018
Frisell: Aida © Marty Sohl, 2018 Frisell: Aida © Marty Sohl, 2018
Nueva York, jueves, 11 de octubre de 2018. Metropolitan Opera House. Lincoln Center for the Performing Arts. Giuseppe Verdi: Aida, ópera en cuatro actos. Libreto de Antonio Ghislanzoni, Eduard Mariette y Camille du Locle. Sonja Frisell, dirección escénica. Gianni Quaranta, diseño de escenografía. Dada Saligeri, vestuario. Alexei Ratmansky, coreografía. Gil Wechsler, iluminación. Stephen Pickover, repositor. Anna Netrebko (Aida), Anita Rachvelishvili (Amneris), Aleksandrs Antonenko (Radamés), Quinn Kelsey (Amonasro), Dmitry Belosselskiy (Ranfis), Ryan Speedo Green (El Rey). Arseny Yakovlev (Mensajero), Gabriella Reyes (Sacerdotisa). Orquesta y Coro Estables del Metropolitan Opera. Director del Coro: Donald Palumbo. Dirección Musical: Micola Luisotti.
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La concepción escénica de Aida de Sonja Frisell -estrenada en 1988- es de una perfección casi insuperable. Cada detalle es tenido en cuenta tanto en el diseño como en la realización. Los movimientos de los solistas resultan naturales y las masas se mueven con soltura y grandiosidad. La parte de gran espectáculo está asegurada pero no se pierden los momentos más íntimos. A la excelencia contribuyen los magníficos decorados de Gianni Quaranta -que usa toda la potencialidad del escenario del Met con escenografías que bajan o suben, con planos superpuestos y con aperturas o cierres cuando son necesarios- y el bellísimo vestuario de Dada Saligeri de alta calidad y buen gusto en cuanto a formas, colores y diseños. Terminan de concretar una puesta verdaderamente inolvidable la sutil coreografía de Alexei Ratmansky y la ajustada iluminación pensada por Gil Wechsler.

El mayor interés de esta representación estaba dado por la presencia de Anna Netrebko como Aida y de Anita Rachvelishvili como Amneris, la soprano predilecta de los públicos del mundo y una de las mejores mezzos de la actualidad. Y ciertamente no defraudaron. Sus intervenciones fueron cautivantes y en cada uno de sus enfrentamientos escénicos la princesa del Nilo y la princesa Etíope pusieron fuego en el escenario.

La soprano rusa Anna Netrebko fascinó como Aida con graves poderosos, agudos de acero, centro brillante plenamente dramático y refinamiento expresivo. Logró dar a cada momento el cariz justo en un rol de cambiante psicología. Ya son conocidos su registro homogéneo, sus exquisitos pianísimos y su fraseo admirable, con los que arrebató al público.

La Amneris de la georgiana Anita Rachvelishvili estuvo al mismo nivel que la gran diva Netrebko. Sutileza y ternura cuando fue necesaria pero también potencia y fuerza o ira desenfrenada. Todos los estados de ánimo pasaron por la actuación de Rachvelishvili que no se guardó sólo para el primer cuadro del cuarto acto como hacen la mayoría de las intérpretes de este rol sino que fue plena de punta a punta de la partitura. 

El tercer puntal de la noche fue Quinn Kelsey como Amonasro, un barítono genuinamente verdiano de voz cálida, bien timbrada y de enorme caudal.

El tenor Aleksandrs Antonenko (Radamés) no estuvo a la altura de las damas ni de sus antecedentes. Su caudal es enorme pero la emisión se descontrola con facilidad, su fraseo es anodino y su línea de canto errática. El timbre no es grato y parece esos cantantes del siglo pasado con voces enormes y ninguna sutileza. Comenzó forzado y exigido, mejoró algo en la escena triunfal y en el tercer acto, fue correcto en el primer cuadro del cuarto e inadecuado en el final.

El bajo Dmitry Belosselskiy fue un Ramfis de calidad y que exhibió sólida autoridad, mientras que El Rey de Ryan Speedo Green resultó compenetrado y profundo. Adecuados Arseny Yakovlev (Mensajero) y Gabriella Reyes (Sacerdotisa). 

El Coro que dirige Donald Palumbo tuvo una noche brillante, quizás lo más destacado sea el coro masculino en el segundo cuadro del primer acto por la sutileza del canto y, naturalmente, la prestación en la gran escena triunfal de todas el grupo.

Inobjetable la orquesta de la casa bajo la dirección de la experimentada batuta de Nicola Luisotti quien con gran nivel técnico y tiempos adecuados logró extraer toda la riqueza de la partitura.

Un suma: Una gran función de Aida con dos ‘princesas’ del canto: Anna Netrebko y Anita Rachvelishvili.

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