Estados Unidos

La fanciulla del West en Nueva York

Gustavo Gabriel Otero
miércoles, 31 de octubre de 2018
del Mónaco: Fanciulla © Ken Howard, 2018 del Mónaco: Fanciulla © Ken Howard, 2018
Nueva York, viernes, 12 de octubre de 2018. Metropolitan Opera House. Lincoln Center for the Performing Arts. Giacomo Puccini: La Fanciulla del West. Opera en tres actos, libreto de Güelfo Civinini y Carlo Zangarini, inspirado en “The Girl of the Golden West” de David Belasco. Giancarlo del Monaco, dirección escénica. Michael Scott, escenografía y vestuario. Gil Wechsler, Iluminación. Gregory Keller, repositor. Eva-Maria Westbroek (Minnie), Yusif Eyvazov (Dick Johnson), Željko Lučić (Jack Rance), Carlo Bosi (Nick), Matthew Rose (Ashby), Michael Tod Simpson (Sonora), Oren Gradus (Jack Wallace), Eduardo Valdes (Trin), Joengcheol Cha (Sid), Richard Bernstein (Bello), Joseph Barron (Happy), Scott Scully (Joe), Alok Kumar (Harry), Adrian Timpau (Jim Larkens), Philip Cokorinos (Billy Jackrabbit), MaryAnn McCormick (Wowkle), Kidon Choi (José Castro), Ian Koziara (Un postillón). Orquesta y Coro Estables del Metropolitan Opera. Director del Coro: Donald Palumbo. Dirección musical: Marco Armiliato
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En la presente temporada, la Ópera Metropolitana (Metropolitan Opera) de Nueva York ofrece todas las obras de Giacomo Puccini que se estrenaron mundialmente en este ente artístico: siete funciones de La fanciulla del West en octubre y otras siete de Il Trittico entre noviembre y diciembre, conmemorando el centenario de las primeras representaciones que ocurrieron el 14 de diciembre de 1918. Además de La Bohème y Tosca con lo que el compositor de Lucca está entre los más representados en el curso 2018-2019, junto a Verdi y a Wagner con su Tetralogía. 

Siempre es una experiencia grata presenciar una ópera en el ente artístico de su estreno mundial y en este caso la producción de La fanciulla del West no defrauda ni en lo vocal, ni en lo musical ni en lo escénico.

Eva-Maria Westbroek fue una Minnie de gran caudal vocal, controlado vibrato y conocimiento pleno de la partitura. Westbroek superó los escollos de un rol complicado con resonancias casi wagnerianas pero de profundo lirismo, su interpretación no solo fue potencia sino también autoridad, romanticismo y lirismo. Se destacó en todo momento como el centro de la acción dotando a su personaje de toda la ingenuidad, pasión y coraje que requiere.

No defrauda Yusif Eyvazov en su debut como ‘Dick Johnson’ que encara con buen volumen, registro amplio y agudo poderoso. Simpático en escena, es un tenor seguro y confiable que cumple con creces su cometido. Con muy buena prestación en el primer acto fue creciendo a medida que avanzó la representación. El segundo acto fue pasión, perfecto legato, cuidado fraseo y convincente expresividad. Acometió su gran momento solista del tercero casi como realizando una plegaria con gran efecto. 

Željko Lučić compone un potente sheriff Rance con solvencia musical y escénica. En buena parte del primer acto es el centro de la acción y allí Lučić fue potencia pero a la vez ternura con Minnie. Su entrada como autoridad en el segundo fue demoledora y en la partida de cartas impactante, casi vencido en el último acto combinó amargura con ira y furia. Su caracterización logra dar con todas las facetas que el personaje necesita, diferenciándolo claramente de Scarpia con el cual puede confundirse aunque Rance tiene mayores aristas psicológicas.

Un verdadero lujo de los que puede darse una gran casa de ópera fue la de contar con Carlo Bosi para el rol de Nick y con Matthew Rose para el de Ashby, dos artistas de primera línea encarando personajes de flanco.

Oren Gradus (Jack Wallace) interpretó su nostálgica canción del primer acto con calidad, Michael Todd Simpson fue un Sonora de impacto y MaryAnn McCormick (Wowkle) fue solvente en el único rol femenino fuera de la protagonista.

Potente y brillante el coro que dirige Donald Palumbo y homogéneo y correcto el resto del elenco. 

Puntal de la representación fue la versión orquestal conducida por Marco Armiliato: plena de matices, con tiempos ágiles cuando el momento lo requiere, acentuando los momentos líricos y destacando la extraordinaria orquestación y la modernidad de la partitura pero sin descuidar en ningún momento el adecuado balance entre el foso y la escena. El preludio sonó imponente y la escena de la partida de cartas con el pizzicato ostinato de la cuerda grave fue modélica, para dar sólo dos ejemplos. 

Los decorados diseñados por Michael Scott no acusan el paso del tiempo; así la taberna, la casa de Minnie con la visión de las montañas y los árboles nevados y la calle de un típico pueblo del lejano oeste lucen perfectos. En estilo los trajes firmados, también, por Scott y adecuada la iluminación de Gregory Keller.

La producción escénica, firmada en 1991 por Giancarlo del Monaco, es suntuosa, plena de detalles actorales y con la necesaria fuerza dramática y poesía. Fue repuesta adecuadamente por Gregory Keller. Se destacan los movimientos de masas en la taberna, especialmente en la escena de la pelea, la llegada de Minnie y todo el final del primer acto; el clima que se logra en el segundo y, nuevamente, los movimientos de masas en el tercero. Pero el momento final de esta producción es diferente e impactante: mientras los dos amantes se alejan, Rance queda solo en el escenario. Entonces levanta la pistola de Minnie del suelo y los apunta, pero luego se detiene y los mira, indeciso, en cuanto a lo que podría hacer a continuación, pero finalmente no dispara y por lo tanto no se interpone en el nuevo camino de Minnie. ¿Usará el arma para suicidarse? No lo sabemos … final abierto. 

En suma: una feliz noche de ópera con toda la modernidad de Puccini resaltada.

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