España - Castilla y León

Geografía humana

Inés Mogollón
miércoles, 31 de octubre de 2018
Antonio Baciero © A. Baciero Antonio Baciero © A. Baciero
Valladolid, viernes, 19 de octubre de 2018. Iglesia del Real Colegio de los Ingleses. Antonio Baciero. Recital de piano, De Burgos a Weimar. Programa: Salve Regina, Gonzalo Martínez de Bizcargui (ca.1460-1528); transcripción: Antonio Baciero. Sacris solemnis, Romance Pues no me queréis hablar, García de Baeza (1480-1560). Tiento de primer tono, Romance Para quien crié yo cabellos, Diferencias sobre el canto del caballero, Antonio de Cabezón (ca.1510-1566). Allemanda, Zarabanda, Gavota y Giga; Suite inglesa nº 3, BWV 808, J. S. Bach (1685 -1750). Cuatro preludios, op. 28, F. Chopin (1810-1849). Dos transcripciones del Réquiem de Mozart, KV 626; Confutatis, Lacrimosa. Funérailles (Armonías poéticas y religiosas), Franz Liszt (1811-1886). Ocupación: 100%.
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Con un programa titulado De Burgos a Weimar, Antonio Baciero presentó en la hermosa iglesia del Real Colegio de los Ingleses de Valladolid un recital inteligentemente trazado que permitía al oyente aproximarse a las obras seleccionadas desde múltiples puntos de vista: atendiendo a la genealogía compositiva de Antonio de Cabezón, a la evolución del estilo imitativo desde el siglo XVI al siglo XIX, o encuadrando los muy diversos modos de transcripción y adaptación de ese estilo cuando se aplica al teclado moderno.

Al mismo tiempo, el lugar del concierto, su planteamiento, y la coherencia del repertorio escogido informaban sutilmente acerca de la biografía personal y la trayectoria profesional del pianista burgalés, certificando el brillante desempeño que en el estudio y práctica de los procesos de recuperación y difusión del patrimonio musical español atesora Antonio Baciero, un intérprete e investigador reconocido internacionalmente que volcó en la selección de obras presentadas en el Real Colegio de los Ingleses el saber y la experiencia acumulados durante más de medio siglo de dedicación al teclado y su repertorio.

Por otra parte, su trabajo certificó una vez más el imbatible potencial del piano como herramienta óptima para estas exploraciones históricas, estructurales y relacionales ⏤como brillantemente puso de manifiesto Baciero⏤ revelando las más complejas texturas polifónicas gracias a su timbre uniforme y a su extenso registro.

A partir de este formato instructivo y de sólida unidad, los compositores y su música se sucedieron cuidadosamente ordenados tanto a nivel cronológico como geográfico, viajando, tal como anunciaba el lema, del Burgos de García de Baeza, Antonio de Cabezón, y del propio Baciero, al Weimar de Bach y de Liszt en un concierto en el que todos los activos implicados: escenario, música, compositores, ciudades, público, e incluso el intérprete oficiante, conectaron gracias a la sutil red de hilo rojo que tejió el sonido del piano y la selección de autores y obras que, como ya se ha dicho y conviene subrayar, puso de manifiesto la faceta investigadora de Antonio Baciero y su interés por reintegrar al público músicas depositadas en los archivos (en este caso concreto el archivo de la Catedral de Burgos, donde se conserva el Salve Regina de Martínez de Bizcargui que Baciero presentó en una transcripción propia), tarea en la que el pianista se inició, hace ya mucho tiempo con Santiago Kastner y Fernando Remacha, pioneros en la recuperación y defensa del patrimonio musical hispano, siempre con particular atención a la obra del gran Antonio de Cabezón, cuya producción ha ocupado un lugar especialmente significativo en el recorrido profesional de Baciero y cuya música no podía faltar en este concierto.

Y ya por lo que se refiere a la interpretación técnica, y como es habitual en los recitales de este pianista, el Bach de Weimar sonó riguroso y fluido, perfilada la Suite BWV 808 con una expresión contenida y una articulación diáfana y precisa que, siempre respetuosa en cuestiones de estilo, nos regaló una transparencia que propició aquel entendimiento de texturas del que hemos hablado. Sólo una objeción debemos apuntar: hubiésemos deseado una lectura completa de la Suite.

La segunda parte del concierto se abría con cuatro preludios de Chopin que Baciero, a modo de calentamiento, atacó con tempi rapidísimos para dar entrada a ese experto y generoso transcriptor que fue Franz Liszt, aquí con sus adaptaciones pianísticas del Lacrimosa y el Confutatis del Réquiem de Mozart. Para terminar el viaje y de vuelta en Weimar, Baciero interpretó la intensa y virtuosa Funérailles, incluida en la colección Armonias Poéticas y religiosas. Es esta sin duda una de las grandes piezas del período tardío de Liszt, partitura de enorme exigencia técnica que caracterizan temibles (y dolorosos) pasajes de veloces octavas. Baciero se introdujo en ella con la misma energía y agilidad que prestó a Chopin, pero con un ataque más poderoso, delimitando claramente las secciones con una técnica de ejecución diferenciada, plena de recursos y matices, resolviendo brillantemente el que es un digno desafío para todo gran técnico del piano.

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