Discos

Stanisław Moniuszko, un músico encantador

Raúl González Arévalo
viernes, 25 de enero de 2019
Stanisław Moniuszko: Straszny dwór (La casa encantada), ópera en cuatro actos con libreto de Jan Chęciński (1861-64). Bogdan Paprocki (Stefan), Edmund Kossowski (Zbigniew), Antonina Kawecka (Czesnikowa), Marian Wozniczko (Miecznik), Barbara Kostrzewska (Hanna), Felicja Kurowiak (Jadwiga), Radzislaw Peter (Damazy), Zygmunt Marianski (Maciej), Henryk Lukaszek (Skoluba), Maria Didur-Zaluska (Marta), Stanislaw Mlodozeniec (ayuda de cámara), Barbara Kosmala (mujer anciana). Poznan State Moniuszko Opera Chorus and Orchestra. Walerian Bierdiajew, director. Dos CD (ADD) de 142 minutos de duración. Grabado en Poznan (Polonia) en 1953 y 1954. NAXOS 8.111391-92. Distribuidor en España: Música Directa.
0,0001839

La difusión del repertorio lírico procedente de Europa oriental siempre ha sido muy limitada fuera de sus fronteras naturales. En su contra ha jugado siempre el idioma: ruso, checo, polaco y húngaro no son lenguas habladas normalmente por cantantes de ópera, a menos que sean nativos. Pero más importante aún ha sido la geopolítica: el carácter plurinacional del Imperio austro-húngaro permitió el desarrollo de un nacionalismo musical checo, con su correspondiente reflejo en ópera, primero con Smetana y después con Dvořák como principales representantes. Además, las representaciones en alemán, especialmente del primero, hasta bien entrado el siglo XX, facilitaron su difusión en Occidente. Por su parte, el desarrollo musical de Hungría es menos conocido, pero no se impidió tampoco el surgimiento de un nacionalismo con proyección en la lírica. Bánk bán de Ferenc Erkel es la ópera nacional húngara y ha conocido diversas grabaciones.

El caso polaco es diferente. Después de los tres repartos del país en el siglo XVIII, sancionado tras el Congreso de Viena de 1815, Polonia desapareció del mapa europeo, virtualmente, hasta 1918. Ocupada en su mayor parte por el imperio de los Romanov, el ruso fue el idioma de los dominadores en la antaño poderosa confederación polaco-lituana. Por su parte, la Rusia zarista era una autocracia que aplastó con mano de hierro los nacionalismos que emergían en su seno: finlandeses, lituanos, letones, estonios, polacos, armenios y georgianos vieron reprimidas sus ansias de libertad hasta el siglo XX, y aun entonces emergieron con grandes dificultades. En consecuencia, a diferencia de la música checa y húngara, la polaca no circuló por Occidente, salvo la de Chopin, el compositor polaco más conocido, y porque vivió exiliado la mayor parte de la edad adulta en Francia. Pero no compuso ninguna ópera.

En lírica probablemente el título polaco más conocido sea Krol Roger (Rey Roger) de Karol Szymanowski, particularmente desde las grabaciones de la década de 1990. Sin embargo, el creador de la ópera nacional polaca fue Stanisław Moniuszko. Nacido cerca de Minsk (hoy capital de Bielorrusia), pero formado musicalmente en Berlín, Moniuszko absorbió durante su formación en la capital prusiana las novedades de la ópera alemana de las obras que se estrenaban de Weber, Marschner y Lortzing, aunque también incorporó elementos de la opéra comique francesa y del repertorio italiano (especialmente de Donizetti). Como característica personal, el coro tiene siempre un papel principal en sus obras.

Straszny dwór (La casa encantada) fue su mayor éxito. Una ópera nacionalista que, a través de una casa encantada por un hechizo de amor, representa un cuadro idílico del pasado polaco, cuando el país era independiente, en el que los personajes tienen ardientes sentimientos patrióticos y están dispuestos a defender la nación frente a los enemigos a cualquier precio, una visión en la que el honor familiar también desempeña su papel. La música se nutre del folclore polaco, con abundante presencia de polonesas, polcas, mazurkas, varsovianas y dumkas, que conectan con la tradición más popular y aseguraron su éxito hasta el presente. Naturalmente, el censor zarista prohibió su representación tras solo dos funciones.

En el siglo XX el Telón de Acero impidió la libre circulación de artistas del Bloque del Este fuera del Pacto de Varsovia. La hegemonía soviética impuso la tradición y la cultura rusas por encima de las demás, y fuera la Cortina de Hierro apenas se conocían las principales óperas de compositores rusos. Así, todavía en el siglo XXI la ópera romántica polaca es virtualmente desconocida en Occidente. No conozco las grabaciones completas dirigidas por Jan Krenz (Rodolphe / Phoenix Classics, 1986) y Jacek Kaspszyk (Emi, 2000), descatalogadas hace un tiempo, pero sí el aria de Hanna con su brillante coloratura de estilo donizettiano por el recital Gioia! De Aleksandra Kurzak (Decca). Era una inmejorable carta de presentación, aunque la integral ha revelado mucho más de lo prometido, una ópera realmente encantadora, especialmente para quien aprecie una atmósfera popular al estilo de la de La novia vendida de Smetana, con una vitalidad desbordante, un evidente y variado dominio de la orquestación y magníficos momentos de lucimiento para los solistas, alternando con escenas de conjunto bien construidas.

La grabación de Naxos se realizó en Poznan en 1953 y 1954. Se trata de un registro histórico, primicia absoluta del título en su época. El sonido monoaural a buen seguro no puede competir con los otros registros más modernos, pero la restauración de los ingenieros del sello, con gran experiencia en estas operaciones, es modélica. Sí he echado en falta poder contar con un libreto con traducción a mano, ha sido imposible seguir el desarrollo de la obra al detalle, más allá de la sinopsis.

El reparto reúne lo más granado de las fuerzas polacas de la época, con un coro y una orquesta muy sólidos y voces que, en otro contexto político, habrían podido hacer una gran carrera. Pienso en particular en el protagonista, el gran tenor Bogdan Paprocki, un lírico con un volumen importante, un timbre luminoso y unos agudos refulgentes, que compone un Stefan apasionado y en algún momento me recordó al húngaro Sandor Konya en sus papeles italianos menos pesados. Entre los cantantes ha sido un gran descubrimiento. Por su parte, Barbara Kostrzewska (Hanna) es una lírica plena con una buena agilidad que causa una buena impresión en su aria.

Ahora a ver si me hago con Halka, el otro gran éxito de Moniuszko.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.