España - Andalucía

El personal pianismo de Amorós

José Amador Morales
martes, 19 de febrero de 2019
Pablo Amorós © Pablo Amorós, 2019 Pablo Amorós © Pablo Amorós, 2019
Córdoba, sábado, 2 de febrero de 2019. Teatro Góngora. Robert Schumann: Arabesque en Do Mayor, op.18; Estudios sinfónicos, op.13; Frédéric Chopin: Nocturno en Do sostenido menor, op.27 nº1; Nocturno en Re bemol Mayor, op.27 nº2; Balada nº3 en La bemol Mayor op.47; Isaac Albéniz: Rondeña; Almería; Triana. Pablo Amorós, piano
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Un día después del estupendo concierto ofrecido por el tenor Pablo García López y el Cuarteto Clásico de Córdoba, se presentaba el también cordobés Pablo Amorós en el mismo Teatro Góngora para ofrecer un contundente programa pianístico (algún medio local ha llegado a hablar con perspicacia del “musical fin de semana de los Pablos”).

La primera parte fue dedicada al completo a Robert Schumann quien compuso su sencilla Arabesque en 1838 como un compendio de contrastes musicales de alto calado expresivo y sus más complejos Estudios sinfónicos como una suerte de tema con variaciones (tomado del barón Von Fricken, flautista y padre de Ernestina, uno de los primeros amores del compositor) en las que despliega todo el potencial sonoro y cromático del instrumento. En sendas obras Amorós ofreció una interpretación en la que puso de manifiesto su personal sentido del color y un sólido volumen, sin una pulsación especialmente incisiva pero en cualquier caso convincente.

No obstante, Amorós pareció ajustarse mejor al universo de Chopin y Albéniz, compositores en torno a los cuales pivotó el programa de la segunda parte. Del polaco (Nocturnos op.27 nº 1 y 2 así como la Balada nº 3 op.47) destacó el curioso equilibrio entre la sobriedad expresiva y un idiomático sentido del rubato. Del español, del que interpretó tres piezas del segundo cuaderno de Iberia, una no menos indiscutible adecuación estilística, realzando el poderoso juego de contrastes rítmico que en ningún caso impidió apreciar, como suele ser habitual con otros pianistas, la maravillosa claridad de texturas. A destacar aquí su hermosa su versión de Almería, plagada de bellos matices; no es cuestión baladí que el pianista cordobés haya recibido lecciones de Alicia de Larrocha, probablemente la mejor defensora de la obra de Albéniz.

Ante el entusiasmo del público, que durante la velada no fue comedido en este sentido ni mucho menos, Pablo Amorós ofreció una tan musicalísima como ensimismada versión de la Canción y Danza nº 6 de Federico Mompou. 

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