España - Cataluña

‘En medio de esta negrura yo mismo me he de indicar el camino’

Jorge Binaghi
jueves, 7 de marzo de 2019
Barcelona, lunes, 4 de marzo de 2019. Palau de la Música. Recital de Matthias Goerne, barítono, y Leif Ove Andsnes, piano. Die schöne Mullerin, D 795 y Die Winterrreise, D 911. Versos de Wilhelm Müller y música de Franz Schubert
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En realidad el ciclo continuaba con un recital del último ‘ciclo’ (póstumo) Schwanengesang, pero como el buen Dios no nos ha dado su don de la ubicuidad (queja formal) sobre este último no podré escribir.

En realidad, se deberían escribir dos críticas puesto que fueron dos conciertos, el 4 y el 5 de marzo, y si se me apura, canción por canción. Pero no estamos -nadie- por esa labor, por tiempo y otras estupideces del mismo o más ínfimo nivel. Ni sé aún si hay fotos y seguro no hay videos, y eso en la época de la imagen.

También ha habido críticas mías -al menos del primero de los ciclos- sobre el mismo intérprete. Pero data -la que he podido rastrear- de hace nueve años. Y como se sabe, las voces y las personas tienen la tendencia natural a cambiar. El acompañamiento también era distinto. De modo que ahí va.

El título de esta reseña está tomado de la primera canción del Winterreise. Me parece adecuado. Goerne, sobre todo él, ha buceado mucho en estos ciclos. Con más y con menos. Tal vez yo no esté siempre de acuerdo con todo su enfoque. No importa. Es coherente y convincente. Es el suyo, y no por capricho, sino de alguien que ama y entiende a Schubert. ¿Quién soy yo para decirle si está mejor o peor en este punto o en el otro? La intensidad, física, vocal y mental, que puso en ambos recitales, y en particular en el segundo, hacen inútil y vergonzoso ponerse a hacer de Beckmesser.

Sobre todo cuando, en medio de momentos más y menos ‘compartidos’, un señor de 73 años se ve transportado a 1966 y a recordar su primer Winterreise con Hans Hotter, cuando aún no tenía 21 y se creía que todo era posible (menos mal). Porque lo cierto es que, en todo el tiempo, casi diez años, que no he escuchado a Goerne, la voz se ha desarrollado, en particular en centro y grave, con un volumen y un color magníficos en al menos cuatro o cinco momentos del segundo concierto (nunca escuché a Hotter en La bella molinera, para mi desgracia; pero sí a Fischer-Dieskau en su despedida de Bruselas, y se trataba de una versión completamente diversa y también fantástica; tal vez más pese al deterioro de los medios).

Dicho esto, cómo ha cambiado su versión de ambas obras. Si se quiere en Winterreise puede ser enérgico al punto de ser violento (y eso va como anillo al dedo a ‘Der stürmische Morgen’ o a ‘Erstarrung’, y hasta a ‘Mut’, pero tal vez menos a otras, como ‘Die Post’). En cualquier caso quien haga ese sobrecogedor final que es ‘Der Leiermann’ y, sobre todo, ‘Das Wirtshaus’, merecen esos aplausos atronadores que salían al final casi con pudor porque no se trataba de aplaudir a un gran cantante o a un gran pianista. Y en ese aspecto, Andsnes me sigue causando impresiones contradictorias. No en la técnica, sino que me puede irritar tanto como apasionar. Hay a veces un énfasis y un protagonismo que parecen reñidos con Schubert o con el lied, y en cambio  otros momentos (los citados) en que la comunión con Goerne es total. Debo decir que la comunión es intermitente, como suele ocurrir cuando hay dos solistas juntos, y no un solista y un acompañante. 

Die schöne Müllerin fue tal vez menos logrado en conjunto que este segundo concierto por lo que antecede, y en él me pareció más perceptible la falta de comunión entre ambos intépretes: Andsnes me pareció más veces fuera de contexto y Goerne tuvo algunos problemas con el texto (las lagunas son entendibles, por supuesto) y en particular con las medias voces desde el principio hasta la mitad del ciclo. En el segundo, en cambio, sólo ocasionalmente, y tal vez como elemento expresivo, se escuchó algún falsete no muy grato. Hubo, además, tiempos demasiado lentos (‘Wohin?’, ‘Der Neugierige’, o un enfoque no muy adecuado, ‘Ungeduld’, que fue algo así como visto desde arriba, mientras que ‘Mein!’ resultó casi explosivo). En cualquier caso, el final de ‘Trockne Blumen’ (fantásticos ambos) y en particular el número final, ‘Des Baches Wiegenlied’ fueron memorables, como no lo fue del todo, por el piano, el inicial e importantísimo -para ambos ciclos- ‘Wanderschaft’. 

Mucho público, para un concierto de lied de artistas importantes pero no mediáticos, lo que significa que, como ya es habitual, el segundo piso del Palau y las localidades del órgano quedaran vacías. Peor para los que se lo perdieron. Insisto en que no hay ‘pegas’ más que las muy opinables preferencias del que esto escribe. Dos grandes conciertos.

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