Alemania

Apostando por Edgardo

Esteban Hernández
lunes, 24 de junio de 2019
Pretty Yende © 2019 by Bayerische Staatsoper/Wilfried Hösl Pretty Yende © 2019 by Bayerische Staatsoper/Wilfried Hösl
Múnich, miércoles, 12 de junio de 2019. Bayerisches Staatsoper. Donizetti: Lucia di Lammermoor. Dir. escena: Barbara Wysocka. Escenografía: Barbara Hanicka. Vestuario: Julia Kornacka. Iluminación: Rainer Casper. Video: Andergrand Media + Spektacle. Lucia Ashton, Pretty Yende. Lord Enrico, Georg Petean. Sir Edgardo, Javier Camarena. Lor Arturo, Galeano Salas. Raimondo Bidebent, Alexander Vinogradov. Alisa, Natalia Jutateladze. Normanno, Dran Power. Dir. musical: Antonino Fogliani. Bayerisches Staatsorchester. Coro de la Bayerischen Staatsoper.
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Si Salvadore Cammarano retrodató la trama del romance histórico de Walter Scott a finales del siglo dieciséis, la conocida apuesta de Barbara Wysocka situará la acción en la américa de los Kennedy, refrendada, amén del atrezzo – Cadillac incluido –, por el vestuario de Julia Kornacka.

Lo que más condiciona la calidad del producto final no es sin embargo el cambio de marco histórico o la presencia de un único ambiente con pobres alusiones a las primitivas escenas, sino la nueva lectura dramática del personaje de Lucia, mucho más temperamental, distorsionando e incluso nublando nuestra capacidad de entender las decisiones reflejadas en el libreto de Cammarano, para llegar incluso en ocasiones a contradecirlo. El hecho se agrava más con un título que como es sabido innova en la historia del género al instaurar una relación indisoluble entre la música y sus personajes, inmiscuyendo incluso a la propia tímbrica, cual preanuncio de la ópera verdiana.

Casi nada queda ya de aquella primera apuesta de 2015 por este título en cuanto a reparto se refiere. Atrás quedaron Petrenko y Damrau, ya el año pasados sustituidos por Antonio Fogliani, de nuevo presente, y Venera Gimadieva.

La producción es evidente que tras su puesta en escena primigenia trata de suplir estas dos grandes ausencias a través de un atractivo Sir Edgardo de Ravenswood, personaje en el que se observan pasos hacia delante a los que se renuncia – o se posponen – en el resto de roles. Al entonces emergente Pavol Breslik del arranque de motores le seguiría el tenor peruano Juan Diego Flórez, sustituido en esta ocasión por el tenor lírico más ovacionado de los últimos años, no sin razón, el mexicano Javier Camarena.

Si bien lo que al público más le puede fascinar es la facilidad con la que Camarena surca por su registro agudo, es sin duda mucho más que eso, y no sería justo ni equitativo centrarse en un único mérito. Su voz es la de un músico que domina y disfruta con su instrumento, que tiene prietas las riendas del fraseo, las dinámicas, el fiato, y la coloratura, en toda su extensión, amalgamando sus virtudes con una coherencia performativa ciertamente envidiable, que no es fruto de la naturaleza aislada, sino de un trabajo serio y meditado con cada uno de sus personajes. Camarena nunca se conformó con exhibir su valiosa materia prima, Deo gratias, sino que lleva años presentándose como un orfebre en un mundo en el que cada vez más nos topamos con bisutería. De todos los tenores que han pasado en esta temporada, hijos predilectos incluidos, ha sido sin duda hasta la fecha el más ovacionado.

Pretty Yende, la joven soprano sudafricana por la que apostó Sony, es en esta puesta en escena una Lucia todo lo convincente que la dramaturgia le permite, excelsa eso sí en los agudos, algo más discreta en sus graves, y con un timbre que se hace presente pero no encandila. A sus netas virtudes innatas les sumaría sosiego y estudio en aras de una coloratura más nítida y sobre todo una dicción menos nublada, quizás penada por tener al lado a Camarena, de inteligibilidad irreprochable.

Georg Petean fue un inesperado regalo para estas primeras sesiones, un Lord Enrico sustituto que aportó con su convincente voz un plus respecto a lo programado.

Fogliani supo sacar partido a la funcionalidad narrativa que Donizetti otorga a la orquesta, un instrumento que por otra parte lleva respondiendo bien a este título durante casi lustro – salvo alguno momento aislado de pesantez –, gracias sin duda a las manos que en su día le impuso Petrenko.

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