España - Andalucía

Más de una sexta

José Amador Morales
jueves, 1 de julio de 2021
Carlos Domínguez-Nieto © by ACMConcerts Carlos Domínguez-Nieto © by ACMConcerts
Córdoba, viernes, 18 de junio de 2021. Gran Teatro. Orquesta de Córdoba. Carlos Domínguez-Nieto, director musical. Wolfgang Amadè Mozart: Sinfonía nº 6 en fa mayor, KV.43; Anton Bruckner: Sinfonía nº 6 en La Mayor.
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Bruckner comenzó la composición de su sexta sinfonía apenas dos años después del controvertido estreno de la tercera (la llamada Sinfonía Wagner dada su dedicatoria). A propósito de este acontecimiento, el crítico Eduard Hanslick, a la sazón antiwagneriano convencido y abanderado del sector brahmsiano, llegó a decir del estilo compositivo de Bruckner: 

ni ha expresado con claridad sus intenciones poéticas ni tampoco se nos alcanza la coherencia puramente musical de la obra. El Finale, que excede a todos sus predecesores en extravagancias, sólo pudo ser experimentado hasta sus últimas consecuencias por un pequeño grupo de arriesgados aventureros… 

Evidentemente el tiempo lo puso en su sitio y Bruckner hoy día está considerado como uno de los grandes compositores de la historia. Sin embargo, su sexta sinfonía no fue estrenada hasta después de su muerte, en el año 1899 durante un concierto dirigido por Gustav Mahler quien arregló y recortó la partitura para la ocasión (el estreno de la obra en la versión original de Bruckner fue en 1935). Aún así la Sinfonía nº 6 tiene el honor de ser una de las pocas de su autor que cuenta con una única versión oficial más o menos admitida universalmente, ya que Bruckner pareció satisfecho desde un primer momento con ella y no se lanzó a la ardua tarea de revisión y perfeccionamiento al que sometió a sus hermanas. En cualquier caso, a pesar de su coherencia interna, de la belleza de su orquestación, de los contrastes temáticos y de los hallazgos formales, esta sinfonía carece de la popularidad de la cuarta, de la monumentalidad de la quinta o de la genialidad visionaria de la séptima, octava y novena.

Hace dos temporadas tanto la Orquesta de Córdoba y su director titular Carlos Domínguez-Nieto lograron la hazaña de sacar adelante una Sinfonía nº 4 “Romántica” de Bruckner, y con nota. En aquella ocasión recordábamos asimismo como un hito la interpretación de su Sinfonía nº 2 en la última temporada como titular de Leo Brouwer al frente de la orquesta cordobesa. Seguramente ambas interpretaciones, como la que nos ocupa, han sido estrenos absolutos en la ciudad. Desde luego que, a la vista de los resultados, sería todo un sueño al alcance de la mano la presentación en Córdoba del resto de obras sinfónicas brucknerianas en las próximas temporadas (particularmente la tercera, séptima, octava y novena).

Y es que a pesar de la rácana acústica del Gran Teatro (ciertamente aliviada, al menos en densidad con la supresión de los paneles laterales del escenario), las carencias intrínsecas de la formación cordobesa, la necesaria incorporación de músicos externos, etc., el sonido Bruckner campó a sus anchas durante la velada que comentamos. Domínguez-Nieto tuvo la intuición, el conocimiento y – sobre todo – la enorme valentía de superar el reto de una interpretación que prácticamente podemos calificar de histórica. Claro que, con los innumerables riesgos que asumió el director madrileño, hubo errores (las trompas no empezaron con buen pie, como ya sucediera en su día con la cuarta, pero remontaron hasta una actuación plausible), desajustes (inevitables ante la exigencia del reto) y articulaciones no especialmente refinadas. 

Pero sin enfrentarse a estos riesgos seguramente era imposible extraer ese sonido estilísticamente intachable, ese equilibrio de masas sonoras y esa tensión expresiva obtenida tanto de las exposiciones melódicas como de los silencios sabiamente exprimidos y de las progresiones armónicas bien dosificadas. La de Domínguez-Nieto se reveló como una batuta experta, que supo transmitir cabalmente su concepto musical de la obra a sus músicos y estos corresponder con una entrega indiscutible. Así, los movimientos extremos, desde el misterioso inicio sobre el que se alzó el martilleante tema principal hasta la afirmativa coda final en la que vuelve a asomar exultante, fueron rematados con gran brillantez y equilibrio formal. Algo más desigual apareció el, por otra parte, emotivo segundo movimiento debido a un tempo tal vez demasiado estirado. No obstante, el fraseo de la cuerda en diálogo con el viento, con aportaciones individuales de gran nivel, fue aquí bellísimo.

Un diálogo este que previamente había sido presentado a modo de aperitivo con una deliciosa Sinfonía nº 6 de Wolfgang Amadé Mozart, galante y entusiasta, que justificaba el título del programa: “Más de una sexta".

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