Reino Unido

Elogio de la locura

Agustín Blanco Bazán
lunes, 29 de julio de 2019
Hanna Hipp © 2019 by Clive Barda Hanna Hipp © 2019 by Clive Barda
Oxford, jueves, 27 de junio de 2019. Garsington Opera. Fantasio. Ópera cómica en tres actos con libreto de Paul de Musset y música de Jacques Offenbach. Director de escena: Martin Duncan. Escenógrafo: Francis O’Connor. Iluminación: Howard Hudson. Fantasio: Hanna Hipp. Princesa Elsbeth: Jennifer France: Príncipe de Mantua: Huw Montague Rendall. Marinoni: Timothy Robinson. Rey de Baviera: Graeme Broadbent. Flamel: Bianca Andrew. Sparck: Benjamin Lewis. Hartmann: Joseph Padfield. Facio: Joel Williams. Orquesta y coro de la Ópera de Garsington bajo la dirección de Justin Doyle
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Fantasio no es una “opereta” sino una “ópera cómica” que Jacques Offenbach consiguió estrenar en 1872 en un París desolado después de la guerra franco-prusiana. Su protagonista es un simple ciudadano, romántico hasta el punto de estar enamorado de una luna a la cual canta con una inspirada convicción poética en los extramuros del palacio donde la princesa Elsbeth llora la muerte de St. Jean, el bufón oficial de la corte de Baviera. Fantasio logra infiltrarse como su sucesor y evita el matrimonio de conveniencia entre Elsbeth y un príncipe de Mantua. Pero claro, en este mundo de machos los príncipes toman princesas como rehenes de por vida o van a la guerra asique ¿cómo salvar el honor del príncipe de Mantua sin matarse a cañonazos? Pues con negociaciones y un tratado de paz, pero ¡nunca, nunca, con una guerra! Y, finalmente, este bufón con voz de mezzo se queda con su princesa. Es en medio de este ambiente lunático y surrealista que la chanson de fous (o canción de los locos) pasa a la delantera como un inolvidable elogio de la locura de aquella postguerra parisina y tal vez de todas las postguerras y preguerras. Offenbach, que tan abiertamente se definía como francés y a la vez alemán, debería ser mas inspirador de la Unión Europea que Beethoven con su Oda a la Alegría.

Un hito en la exhumación de Fantasio fue la iniciativa de Opera Rara, la institución británica dedicada a la arqueología operística que en 2014 presentó una excelente grabación dirigida por Mark Elder con la primera edición completa de la obra confeccionada por Jean Christophe Keck sobre la base de una partitura al piano, y fragmentos diseminados por todos lados. Porque así era el mundo de Offenbach, con creaciones precisamente vitales por tener que salir medio crudas, para que cantantes y actores las terminaran de cocinar frente al público. Ahora bien, parece que en 1872, las audiencias que esperaban sacarse el muermo de su guerra reciente con irreverencias semejantes a Orfeo en los infiernos, se vieron frustradas en sus expectativas por un compositor ya empeñado en seguir la vena poética que lo llevaría a los Cuentos de Hoffmann. Es así que Fantasio bajó del cartel de la Opéra Comique después de la décima función. Y hasta ahora han sido pocas las producciones de la versión Keck llevadas a la escena contemporánea. A la de la Ópera de Rennes en el 2000, le siguió la puesta de la Opéra-Comique en el Théâtre du Châtelet en 2017 y la de la Opéra-Comedie de Montpellier el diciembre pasado, antes que la Garsington Opera la presentara en su festival de verano de este año con traducción al inglés de Jeremy Sams.

Fue una producción bien cantada, gracias a la morbidez y claridad de proyección del protagonista interpretado por Hanna Hipp y la gloriosa coloratura de Jennifer France (Elsbeth). Los demás, bien, destacándose el Prince de Mantua de Huw Montague Rendall, y Timothy Robinson como su ayudante Marinoni. Y también cantaron con gusto y chispa esos estudiantes que, como coro griego, se transforman en el alma y el pulso de la obra: Sparck (Benjamin Lewis), Harmann (Jospeh Padfield) y Facio (Joel Williams).

Pero la producción dejó que desear por culpa de una escenografía de equivocada simpleza de cuento para niños (Francis O´Connor) y una regie simplista y algo ramplona, mas apropiada para Gilbert and Sullivan o una pantomima de circo (Martin Duncan). ¿Y por qué este festival no se animó a presentarlo todo en francés? Porque la traducción inglesa no hizo sino aumentar una atmosfera de parodia payasesca decididamente equivocada.

De cualquier manera, la orquesta de la casa bajo la dirección de Justin Doyle hizo justicia a Offenbach con una versión orquestal de brillante y variada calidad cromática y maravillosa reflexividad lírica, bien de acuerdo con la belleza espectral de las melodías de esta partitura ya en el umbral del acto veneciano y el de Antonia de los Cuentos de Hoffman. El resto como siempre, con la grandiosidad pastoral de los jardines y el lago de Garsington se encargó del resto en una gran noche de verano. Pero sospecho que Offenbach y su irreverente legión de seguidores parisinos se hubieran reído a carcajadas .l vernos tan de gala y parsimoniosos escuchando los inolvidables cuplés de la canción de la locura: Le sort des fous est agréable, le sort de fous est trop hereux. Est-il un homme raisonnable qui n´aim a changer avex eux ? En el vídeo tienen los lectores una buena versión de la misma, para ilustrar musicalmente una crítica que no alcanza, no puede alcanzar, a describir lo verbalmente indescriptible: la gloria musical de Jacques Offenbach.

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