Obituario

En la muerte de Pablo Rivière

José del Rincón
viernes, 16 de agosto de 2019
Pablo Rivière © by Leticia Ortiz de Urbina Pablo Rivière © by Leticia Ortiz de Urbina
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El 14 de agosto falleció en su ciudad natal, tras una larga enfermedad, el músico madrileño Pablo Rivière (1951-2019). Aunque era más conocido por su faceta de compositor, Rivière era un excelente intérprete de viola cuya carrera se desarrolló sobre todo en los atriles de la Orquesta Nacional de España, de la que formó parte hasta su jubilación. Pero también cultivó la música de cámara, especialmente con tres grupos: el Grupo Glosa (1974-76), un cuarteto dedicado a la interpretación de partituras gráficas formado por Alfredo Aracil, Rivière, Tomás Garrido y Francisco Guerrero, el Trío Arlequín y el Cuarteto Arcana.

Con el Trío Arlequín (formado por Salvador Espasa, Nicolás Daza y él mismo) dio a conocer el repertorio original existente para flauta, viola y guitarra y, sobre todo, realizó importantes encargos a otros compositores españoles actuales.

El Cuarteto Arcana -en el que Rivière tuvo como compañeros a los violinistas Francisco Romo y Jesús Ángel León y al violonchelista Salvador Escrig- también nació con la vocación de estrenar obras contemporáneas españolas como el Cuarteto en sol de José Luis Turina, pero sin desdeñar otros repertorios. El Arcana era uno de los pocos cuartetos españoles de fuste en aquellos años ochenta y noventa en los que todavía no se había producido la extraordinaria floración de cuartetos más o menos jóvenes de los que ahora estamos disfrutando.

De su obra compositiva, tal vez no suficientemente valorada, voy a destacar seis hitos, elegidos quizá de forma arbitraria. Cartas de amor a Colombina (1982) llamó la atención de José Manuel Berea en Ritmo y se pudo escuchar en lo que entonces se llamaba Radio 2 (emisora en la que también estuvo trabajando Rivière como asesor musical). En aquellos años, el compositor madrileño abrazó en Niños rotos (Madrid: Ed. Alpuerto, 1975) o Suerte de varas (Madrid: Ed. Alpuerto, 1982) la causa vanguardista pero sin estridencias, encontrando el refinamiento sonoro y conservando siempre una voz personal.

La propia Orquesta Nacional de España estrenó dos obras suyas: Manantial (1992, dirigida por Aldo Ceccato) y Los desastres de la guerra (2008, dirigida por Pablo González), en las que se puede apreciar la evolución y la madurez musical cada vez mayor de su autor. Por fin, Mecánica del olvido (2004) es un concierto para violín y cuerdas que fue estrenado de forma impecable por su gran amigo Jesús Ángel León, acompañado en este caso por la Orquestra de Cambra Catalana dirigida por Joan Pàmies. En esta espléndida creación es evidente que Rivière se halla ya en el terreno de una tonalidad muy ampliada.

Si bien cultivó con dedicación plena su carrera musical, no hizo lo propio con una faceta literaria para la que no estaba menos dotado. Escribía sonetos de irreprochable factura clásica que repartía entre sus amigos sin preocuparse de darles publicidad. El único texto suyo en prosa que conozco son las notas explicativas para el disco Compositores españoles, del dúo formado por el citado Jesús Ángel León y el pianista Miguel Ángel Muñoz; es casi imposible decir tantas cosas y tan bien dichas con tan pocas palabras.

Lo conocí en persona, pero frecuenté su compañía menos de lo que yo habría querido. Era inteligentísimo, muy culto, de trato exquisito y tenía un agudo sentido del humor. Desde aquí transmito mi más sentido pésame a su familia y amigos. Descanse en paz.

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