Ópera y Teatro musical

Opera Rara: cincuenta años descubriendo lo que existe

Agustín Blanco Bazán
viernes, 20 de septiembre de 2019
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Eso de “descubrir lo que existe” fue algo que dijo Carlo Rizzi hace unas semanas cuando, en ocasión de hacerse cargo como director artístico de Opera Rara, aludió a la fascinación de sentirse aguardado por obras de arte a la espera de salir de los archivos del olvido, sean éstos bibliotecas, monasterios o rincones empolvados y bajo llave en teatros viejos. De rescatar este material se viene encargando Opera Rara desde hace cincuenta años.  Poca justicia le hacemos los críticos a esta compañía fundada por Patric Schmid hace medio siglo, porque cuando graba y presenta una ópera en versión de concierto, las notas periodísticas tienden a ponerla como curiosidad. Es una curiosidad compartida con algunos operómanos, que tratan de lucirse mencionando títulos desconocidos para que sus ocasionales contertulios abran la boca y piensen: “¡éste sí que sabe más que de Rigoletto o La Bohème!” Mi contribución a este descuido han sido varias críticas largadas así no más, como si las óperas raras fueran partituras a sacar caprichosamente de un estante para poner en los atriles de cantantes y directores de orquesta sin demasiado trámite intermedio. A ver si con esta nota me redimo. 

Après le deluge 

El 6 de noviembre de 2005 llegué al Royal Theatre de Drury Lane para una de esas versiones anuales de concierto de Opera Rara, en este caso, El diluvio universal de Donizetti. Era la primera vez en muchos años que se cantaba ópera en esta vetusta sala, hoy dedicada a comedias musicales pero histórica por un pasado lírico que incluye desde Maria Malibrán hasta Fedor Chaliapin. El diluvio nos cayó antes de apagadas las luces con una noticia circulada a sottovoce mientras afinaba la orquesta: Schmid había muerto después de la proverbial charla introductoria. Los obituarios comentaron que sufría de Parkinson, y algo raro había percibido en mi única conversación con él poco tiempo antes: tenía un rictus algo aprensivo, en contraste con una forma de vestir risueñamente llamativa. 

En sus propias palabras, Schmid comenzó su servicio a la ópera como “el peor agente artístico del mundo, por el simple hecho que no conocía a nadie.” Lo que sí siguió hasta el final de su vida fue una sesuda investigación para ver que había detrás de esa fascinación tan típica que producen los títulos rimbombantes en algunos adictos a la ópera. Él mismo citaba como ejemplo Zoraida di Granata y en su lista de proyectos para Opera Rara ya figuraba el nombre de El ángel de Nissida (Donizetti) presentada por la compañía el año pasado. Schmid insistía en que detrás de cada título hay, normalmente, más de una partitura, muchas veces, en manuscritos incompletos que hay que cotejar uno con otro para llegar a una versión crítica aceptable. 

Es a este trabajo de arqueología que Opera Rara dedica sus esfuerzos para presentar anualmente un nuevo título en versión de concierto, dos días después de culminada una trabajosa sesión de grabaciones. Todo ello sobre las espaldas de un personal de seis y un pool de expertos capitaneados por el musicólogo Roger Parker. La grabación de L’Ange de Nissida (Donizetti), salió a la venta la primavera pasada. Este septiembre le toca a Le Willis de Puccini y, … no, editor, no es un error tipográfico. Lo que Opera Rara presenta no es Le Villi sino la primera versión de ésta, compuesta por Puccini para un concurso donde parece que no sacó siquiera una mención. En su primer proyecto para Opera Rara, Carlo Rizzi soplará vida a la momia de Il furioso all’isola de Santo Domingo de Donizetti, y es con el mismo compositor que se despidió este año Marc Elder, al presentar Il Paria. Fue durante los ensayos de ésta última que me tomé el tiempo para charlar Elder y con Henry Little, el director artístico de la compañía. 

Il Paria 

Little me advirtió que no se trata “de desempolvar títulos desconocidos sólo por curiosidad sino de establecer si el material tiene la calidad suficiente para justificar la exhumación. Y esto no solo de acuerdo con un criterio académico sino teniendo en cuenta la relevancia representativa para una audiencia contemporánea.” Con gran satisfacción me comenta Little que fue Opera Rara la que grabó una edición crítica de Fantasio, la ópera cómica de Offenbach finalmente presentada en el Reino Unido durante el Festival de Garsington de este año. Es en estos casos que Opera Rara siente que ha completado el círculo que  anima su existencia al hacer que sus criaturas resucitadas en concierto y grabación también vuelvan a vivir sobre las tablas de un teatro.  

En el caso de Il Paria Little asocia esta ópera sobre un descastado en la India con la temática actual de los marginados por una sociedad dogmática y reaccionaria y también destaca un elemento de particular importancia en Donizetti, a saber, como cambia su orquestación y sus ritmos frente a argumentos exóticos por razón de lugar, desde la India hasta Escocia: Mark Elder coincide: “hay grandes diferencias entre las diversas óperas de Donizetti, dependiendo si trata temas exóticos y también del público para el cual va a ser representado. Il Paria es una obra temprana en su carrera. Fue compuesta para Nápoles, una ciudad aún cautivada por un Rossini que también influye en la composición temprana  de Donizetti. Pero Donizetti quiere agregar algo diferente e Il Paria es un fascinante trabajo experimental: por ejemplo, la llegada de Zarete, el paria que busca al hijo perdido enamorado de la hija de un sacerdote brahmán, está escrita fue escrita nada menos que para Luigi Lablache que terminaría siendo el primer protagonista de Don Pasquale. La entrada de Zarete es novedosísima para su época, por ser una pequeña aria sin recitativo apoyada en un inédito acompañamiento de cuerdas sul ponticello.” 

Pero hay muchos recitativos de importancia esencial en Il Paria, y en ellos invirtió Elder el ochenta por ciento de los dos días de ensayo a los que asistí: “Los recitativos son números musical en sí mismos. Hay que trabajar mucho con ellos cuando el equipo de cantantes es de nacionalidades diversas, para que la expresividad de la palabra llegue clara e inmediatamente. Es preciso tener una unidad de estilo, y, sopra tutto l’attaco, esto es, por encima de todo la intensidad en el ataque, algo que con los cantantes ingleses hay que trabajar mucho, porque idioma inglés no se presta para ello como el italiano. Muchos cantantes no italianos no tienen la intensidad de ataque y la tensión necesaria para mantener el squillo y coronar el mordente.”  Elder reconoce con entusiasmo la ayuda en la elección de cantantes que durante su gestión como director artístico de Opera Rara le prestó el consultor de repartos de la compañía, Jesús Iglesias Noriega. 

Otro problema recurrente en el caso de las versiones ofrecidas por Opera Rara es que las orquestas británicas utilizadas, aún cuando aventajan a muchos conjuntos italianos o franceses en nivel de calidad y precisión, tienen mas experiencia en el repertorio sinfónico que, en el de bel canto. Tal es el caso de la Britten Symphonia a cargo de Il Paria. Elder: “Es importante hacerles entender que en esta obra, como en general en el bel canto, la ejecución musical debe seguir a la palabra cantada y todo dentro de un estilo bien definido, ciertamente influenciado por otros compositores pero también reconocible como de Donizetti.” Durante uno de los ensayos, la orquesta se abalanzó en un crescendo intensa y vertiginosamente ejecutado, que Elder logró domar después de muchas repeticiones y una advertencia esclarecedora: “Por favor, incrementen la intensidad y las dinámicas sin apurarse. El apuro no hace a la intensidad. ¡Piensen que este es un Donizetti intentando lo que podemos llamar el último crescendo rossiniano!” 

De Mark Elder a Carlo Ricci 

¿Qué balance traza Elder de su gestión como director artístico de Opera Rara?: “No sólo fue fascinante el exhumar un nuevo repertorio, sino también investigar sobre el sonido particular de cada compositor en materia de ópera. En cada uno de ellos hay que descubrir un mundo sonoro diferente. Esto pude hacerlo al ejercitarme con varias obras de Rossini y Donizetti. Siento no haber hecho mas Bellini, aparte de un Capuletti e i Montecchi que dirigí en el Covent Garden años atrás. Mientras en Donizetti se advierten influencias de otros compositores, como por ejemplo Mayr, Bellini se mantiene en un estilo puro, digamos, mas “siciliano” que “italiano.” 

El reemplazo de Elder por Carlo Rizzi como director artístico de Opera Rara ha sido anunciado junto a un definido mapa de ruta para los próximos años. La primera contribución de una orquesta española a los quehaceres de Opera Rara será el CD con arias del repertorio de Rosina Storchio (la primera Butterfly) que la Orquesta de la Comunitat Valenciana grabará este noviembre con Ermonela Jaho. Elder seguirá contribuyendo con la grabación del primer Simon Boccanegra en 2022.  Con la dirección de Rizzi seguirán, luego de Il furioso, I zingari (Leoncavallo), Guido et Givra (Halévy) y La Princesse de Trébizonde (Offenbach). Ello de acuerdo al plan de intensificar resurrecciones del verismo, grand opera y opereta francesa. A la fecha la compañía ha grabado 72 versiones de ópera completa, incluyendo 27 de Donizetti y 10 de Rossini, con 43 nuevas ediciones. Otras grabaciones incluyen recitales y compilaciones temáticas cantadas por mas de cincuenta artistas diferentes. Todo ello a la venta online, desde Sofonisba de Paer a I Normani a Parigi de Mercadante. Y con buenos cantantes, alguno de ellos, como Renée Fleming, revoleados a la fama luego de hacer con Opera Rara su primera grabación (¡Rosmonda d’Inghilterra!). Opera rara engloba a sus cantantes mas asiduos como parte de una “familia” que hoy incluye a Jaho, Michael  Spyres, Joyce El Khoury, y, mi preferida, Albina Shagimuratova, la persona mas calma y concentrada que recuerdo haber visto en una sala de grabaciones y en concierto: sólida y mas bien introvertida hasta el momento de interactuar con alguno de sus colegas. Cuando lo hace, levanta la mano, mira y hace temblar. 

Conclusión: público raro 

Creo que el público operístico, normalmente menos sofisticado que el de cine o teatro, no llega a comprender del todo la importancia de Opera Rara. Pocas veces he escuchado, entre los asistentes a una de las versiones concertantes de la compañía, algún comentario que vaya mas lejos de “¡tiene linda música!” o “¡pues a mí esta me parece tan buena como Lucia, sino mejor!” Y cuando uno les pregunta por qué, se quedan callados o musitan algo incomprensible con la mirada perdida. ¡Qué diferencia con los contertulios que comparan la última peli de Almodóvar o de Tarantino con las creaciones anteriores de ambos! Es precisamente a través de comparaciones similares que Donizetti, Rossini o Mercadante terminan descubriéndonos los avatares de una evolución creativa condicionada por épocas y públicos diferentes. Y es en el descubrimiento de esta evolución creativa que Opera Rara aporta, creo, su contribución mas enriquecedora. L´Ange de Nissida o Belisario son fárragos melodramáticos sin demasiado sentido pero, después de escucharlas, Anna Bolena o Lucia di Lamermoor iluminan la percepción del aficionado con chispazos de frescura antes sepultados bajo una opaca rutina de audición. Es una rutina similar a la de las casas de ópera, que en lugar de presentar las creaciones que pone a su disposición Opera Rara insisten en adocenarse con un repertorio fastidiosamente repetitivo. ¡Que alivio sería para los directores de escena la posibilidad de hacer algo nuevo, en lugar de tener que seguir dándole vueltas a La traviata!

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